El vuelo de la fortuna Capítulo 31
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Capítulo 31

Unas horas antes

Embryo

Esa misma mañana, Hans Acevedo ha sufrido una nueva crisis. Su vida languidece. Los riñones del chico están comenzando a fallar y la presidenta de la fundación ha reunido de urgencia al equipo médico. Las caras son graves en el laboratorio fantasma.

—¿Qué tenemos?

—Los tenemos a todos , señora. —El portavoz pasa lista a la sucesión de ciudades malditas—: Toulouse, Muxía, Fukushima, Alcanar, Bhopal, Casón, Tianjin, Seveso y Durban.

Volkers traslada la enhorabuena a su equipo.

Ernesto Acevedo se muestra más crítico con los Afortunados provenientes de un puñado de ciudades que no sabría ubicar. Sus pupilas grises parecen tener vida.

—Yo cuento nueve localidades, doctor Nanshan . ¿Cómo puede ser? ¿No necesitábamos a siete sujetos?

—Sí, son nueve ciudades, pero es probable que haya más de un pasajero por ciudad. O personas que, debido a la movilidad geográfica, hayan nacido en uno de los puntos de interés y ahora vivan en otra población. Eso no podíamos saberlo a priori .

Acevedo achina los ojos.

—Verá, presidente — continúa el director médico—, el número siete es un concepto simbólico.

Era la muestra mínima de donantes compatibles para poder encontrar a la Vaca.

Al realizar el procesamiento de plasma del pasaje al completo, incluido el personal de a bordo , hemos averiguado que hay más individuos compatibles. Ha sido una sorpresa.

Lo que comenzó siendo un mero trámite, dotar de credibilidad a la extracción masiva, una condición universal para que las cuatrocientas personas pudieran acceder al zepelín, ha resultado sumamente útil para la localización del donante.

—N o contábamos con eso. Nos ha llevado más tiempo procesar todas las muestras, pero ha valido la pena.

—¿En qué sentido?

Acevedo parece confuso.

—La fundación cursó más de veinte invitaciones a personas compatibles con Hans.

De cara al exterior, nos beneficiaba que muchos de los Afortunados con el billete fueran de países en vías de desarrollo como China, la India o Sudáfrica, entre otros.

Ya sabes , Ernesto, todas esas estupideces sobre paridad, integración de personas racializadas , etc.

Ernesto Acevedo suspira.

—Lo sé.

—Cursamos dos decenas porque contábamos con que no todos los Afortunados accederían a embarcar, que no cumplirían algún requisito. O habría mercadeo con las invitaciones, pasajes falsos, Afortunados que no querrían someterse a la analítica…

Y así fue. Cinco personas abandonaron el Embryo entre grandes alharacas por incumplir las exigencias médicas. Vol­kers parece leerle la mente. Son muchos años de matrimonio.

—De los pasajeros, solo un Afortunado compatible fue expulsado. La gallega coincidente con el Heredero dio positivo en el test de antígenos.

—Una gran pérdida —dice el hombre de las gafas—. Por suerte, hay muchas más coincidencias.

—Hablaba de sorpresas, Nanshan…

—Sí. De esas nueve ciudades con doce individuos compa tibles a bordo, hay un nombre propio y dos personas em parentadas genéticamente.

Acevedo desecha el segundo argumento. Es fácil que viajen hermanos o familias acaudaladas que quieran vivir juntos la experiencia completa. Se vio en el Titanic, también en el Hindenburg. Pregunta por la primera premisa:

—Pues sorpréndame.

—Ponce Savaté ha resultado ser compatible.

La mirada de Monika Volkers se congela de pavor.

—No me joda, doctor Nanshan. Ese petulante no puede ser la Vaca.

La pareja sabe que si Savaté fuera sacrificado en pleno vuelo eso dificultaría mucho las cosas.

No es lo mismo hacer desa­parecer a un paria de un país ignoto que al escritor del momento.

A la llegada al aeródromo de Nueva Jersey habrá un ejército de cámaras internacionales cubriendo el aterrizaje.

Demasiados interrogantes. ¿ Cómo extraer el cuerpo?

¿Cómo justificar ante su familia y la prensa internacional que una estrella se había volatilizado durante el trayecto?

—Eso haría peligrar la operación en su conjunto —dice Monika con un hilo de voz.

—Siempre podría sufrir un accidente. Caerse por la borda, no sé. Los accidentes ocurren…

—No sería muy creíble, un cuerpo sin ni una gota de sangre llamaría la atención —sentencia otra doctora.

Miradas de pánico.

—No se inquieten. —Nanshan apacigua los ánimos—. Ponce Savaté no es la Vaca.

El matrimonio se desfonda.

—Pero sí hay algo que me preocupa del escritor.

—…

El médico se toca las gafas.

—Verán , su comportamiento ha sido reportado como errático. Al parecer, está haciendo demasiadas preguntas sobre el azar. Las casualidades… Creemos que está a punto de dar con el nexo de unión de los Afortunados, y eso no ha podido hacerlo solo .

—¿Un topo?

—Sí. Alguien le está suministrando información desde dentro.

—Tiene sentido —dice Monika—. Me han llegado rumores de su estúpido cuaderno.

Ni la mente más creativa podría soñar con lo que sucede a bordo. Sin embargo , Savaté es un tipo listo.

Ernesto zanja la conversación.

— Hablaré con seguridad para que se anden con ojo. Tenemos que dar con la rata. —La mirada de Acevedo se ensombrece—. Y respecto a las notas del escritor…

Nada enerva tanto al poder como la divergencia.

Monika se adelanta al edicto . Tiene que proteger a Ponce. Es una estupidez, lo sabe, pero continúa prendada del guionista.

—No te preocupes, querido, de ese bloc me encargo yo.

Sabe a quién recurrir. A una mujer mágica de memoria prodigiosa.