Capítulo 12
Cinco días antes de la tragedia
Frankfurt
El trasiego de los empleados en el vestíbulo del hotel es frenético .
Sin embargo, a los ojos de Begur resulta una coreografía marcial, perfecta.
El personal del hotel de superlujo imprime a sus movimientos un brío peculiar.
Caminan, solícitos, para acatar una misión crucial: pedir un taxi, recoger del tinte una pieza imprescindible y llevar un té, todavía humean te, a alguna suite .
Tratan de satisfacer el deseo de quienes pueden permitirse alojarse allí.
Unos huéspedes que no acostumbran a esperar, sino que ven sus anhelos materializarse en el instante de ser verbalizados .
Los sueños de cinco estrellas son de obligado cumplimiento.
Cuando la baronesa atraviesa el vestíbulo para registrarse ve a una mujer joven de pelo encrespado que acompaña a un grupo —deduce— de periodistas a una sala privada.
Sabe que son informadores porque visten con ropa de hipermercado.
«Los redactores —piensa Begur— visten fatal en todas par tes».
La aristócrata rebasa ampliamente la sesentena y aparenta la misma edad que tiene.
Su curiosidad está en plena forma. Sus bronquios le dan guerra.
Algo en aquel grupo le resulta estimulante, así que deja el equipaje en consigna y toma la llave de su habitación de la última planta, en la que entrará cuando satisfaga su inquietud.
Tiene todo el día para instalarse. Decide seguir los pasos de la mujer que embelesa a los redactores como el flautista de Hamelín.
La maga es Patricia Aguilar. En su ruta hipnótica no repara en que, muy cerca de allí, Ponce Savaté casi llega a las manos con Octavio Méndez.
Las especulaciones del crítico literario sobre la sequía del guionista le hicieron mucho daño.
Demasiadas horas de contenidos vacíos en televisión.
Ajena a la bronca, ingresa en el espacio habilitado como sala de conferencias donde aguardan unos treinta redactores. Begur toma con discreción uno de los últimos asientos. Nadie la mira. «Los viejos somos invisibles», comprueba con satisfacción.
La joven de pelo quebradizo comienza su explicación.
Hay traducción simultánea para los corresponsales de medio mundo.
Los asiáticos requieren intérprete. El enviado español de una televisión nacional también.
El hombre se coloca el pinganillo, por el que suena la voz que también escucha Begur.
La baronesa invisible se ha hecho con un aparato.
Patricia Aguilar se presenta y explica que el pasaje y los siete Afortunados están citados al día siguiente.
El Embryo partirá desde el aeropuerto de Frankfurt-Rebstock, un pequeño aeródromo localizado en Frankfurt, empleado eminentemente para vuelos privados.
El destino será el aeródromo naval de Lakehurst, en Manchester Township, Nueva Jersey, donde el dirigible tomará tierra cuatro días más tarde, el 6 de mayo.
Un periodista danés levanta la mano.
—Adelante — dice Pat Aguilar.
—La de Lakehurst, en Estados Unidos, es una base naval preparada para el aterrizaje. ¿Está listo el aeródromo de Frankfurt para el despegue de un zepelín tan voluminoso?
—Gracias por la pregunta. Sí, en efecto.
Ya lo estaba en 1937 cuando partió el Hindenburg, y lo está ahora.
El aeropuerto de Frankfurt-Rebstock es pequeño, pero dispone de hangares, almacenes…
También hay un área pensada para vuelos especiales, como es el caso del Embryo —explica Patricia —.
Dada la envergadura del dirigible, es cierto que nos hemos visto obligados a tomar una serie de medidas de seguridad adicionales.
Por lo demás, nos hemos ceñido a la regulación de aviación vigente como verificación de identidades, controles de acceso de las pertenencias, protocolo de embarque, etc.
—¿Podremos ver las instalaciones?
—Por supuesto, ese es el objeto de esta conferencia de prensa: contarles con toda transparencia lo que sucede a bordo, cómo ha funcionado el sorteo de los pasajes, la procedencia de los Afortunados, así como la visita guiada al hangar con los vehículos que han visto en la entrada.
Dependiendo del tráfico, el trayecto desde el Florentin al aeropuerto no debería de llevarnos más de veinte minutos .
Murmullo en la sala de prensa.
Aguilar continúa:
—Yo misma los acompañaré a la sala donde el pasaje esperará mañana. Podrán ver el método de embarque del pasaje e incluso subir a bordo, visitar los espacios y realizar las fotos y los speeches a cámara que necesiten para sus informativos de televisión.
Otra mano alzada.
—¿Podremos grabar el despegue mañana?
—Así es. Tenemos acreditados a profesionales de más de cincuenta cabeceras y hemos habilitado una tarima para prensa para que no pierdan detalle. Estaremos encantados de contar de nuevo con todos ustedes en un día tan especial para la fundación.
La redactora alemana prosigue, molesta:
— Lo que no comprendo, señora Aguilar, es por qué no se nos permite viajar empotrados en el zepelín y hablar con el señor Acevedo o la señora Volkers.
La mujer disipa las dudas de los periodistas.
—Entiendo su inquietud, aunque no la comparta.
Tratamos de preservar la paz mental de nuestros invitados.
Como saben, este vuelo es una experiencia única para conmemorar el décimo aniversario de nuestra entidad.
Hay personas relevantes de la sociedad civil, empresarios, deportistas, aristócratas, herederos que son muy celosos de su intimidad.
Compréndanlo, el importe de los pasajes lleva implícito cierto nivel de anonimato, de privacidad —explica Patricia.
—Lo que pasa en el Embryo se queda en el Embryo —dice una voz sombría.
Risas nerviosas.
—Venga, no sean malos, hoy podrán ver con sus propios ojos el espacio y mañana presenciar el ascenso.
Hemos contratado un equipo audiovisual para tomar imágenes desde el interior que distribuiremos a los medios que lo soliciten.
La señal pool la cederá ZDF , la televisión pública alemana, en virtud del acuerdo que hemos firmado con ellos.
Eso sí, será en diferido, puesto que la propiedad ha decidido recrear la experiencia de vuelo original y, por tanto, no habrá conexión a internet.
»Dentro del programa de hoy, asistirán a un simulacro de la operación logística con las grúas del equipaje. El dirigible cuenta con dos entradas: una para el pasaje a través de una escalera retráctil y otra para embarcar con una grúa el equipaje que va directa a la bodega del aerostato.
Patricia omite que la prueba operativa de la aeronave tuvo lugar meses atrás en un recóndito aeropuerto del sur de Europa. La maniobra de distracción informativa parece contentar a los presentes. Incluida Begur, que decide retirarse a su habitación. La edad de los invisibles no perdona.