Capítulo 2
Un año antes de la tragedia
Madrid
Era martes el día que dieron con la cura.
Tal vez miércoles. Anotó la fecha en el encabezado del informe para no olvidarla .
Le encantaba aquella estilográfica con el plumín combado.
Goteaba en exceso, pero se resistía a reemplazarla.
Monika Volkers no se tenía por alguien sentimental, solo le gustaba cuidar de las cosas.
Llamaron a la puerta. Las esperanzas de Hans chapotearon en el charquito de tinta. La presidenta de la fundación levantó la mirada. Su marido se incorporó al comité. Ernesto le besó el pelo.
El médico hacía tiempo que había acabado su disertación. Toda la sala esperaba la respuesta de la mujer de la pluma.
—¿Qué opina?
—Una solución un tanto expeditiva, ¿no le parece?
Volkers releyó sus notas.
Tras casi una década de investigación, su equipo había dado con un patrón viable.
Un puñado de personas mostraban compatibilidad con el perfil biológi co de su hijo.
No había sido sencillo acceder a los historiales de aquellos prodigios, pero ciertos países se mostraban más permeables a la cesión de datos sensibles.
Habían dado con siete. Nanshan los llamaba los Afortunados.
—Lo explicaré de otro modo: los expedientes revelan que todos ellos están sanos, aunque ninguno de ellos haya logrado tener hijos propios.
—¿Son conscientes de su condición? —dijo Ernesto Acevedo.
—No podemos estar seguros , señor. Lo que sí sabemos es que entre ellos figura la Vaca.
—¿Vaca?
—Verán. A priori , creemos que cualquiera de ellos podría ser compatible con Hans. Pero solo hay un sujeto que elimina de la ecuación cualquier probabilidad de rechazo por parte de su hijo. —Se subió las gafas—. El inconveniente es que no sabemos de quién se trata.
—Pero eso no es todo, ¿verdad? —dijo Monika.
Los padres se miraron.
El hombre se tocó la montura.
—La síntesis de la cura es lenta y laboriosa .
Nanshan les habló de una enzima. Acevedo no comprendió gran cosa.
—Necesitamos reunir a los siete Afortunados en un mismo lugar, trabajar con su plasma en un entorno controlado para estudiar la reacción que buscamos en tiempo real. El proceso puede llevarnos un mínimo de cuatro días.
Volkers leyó que la extracción supondría el sacrificio de la Vaca en el siguiente estadio.
—Pero eso es imposible. —Acevedo chasqueó la lengua. El hallazgo del director médico de la fundación era un auténtico disparate—. ¿Cómo vamos a retener a siete personas todo ese tiempo contra su voluntad?
En cambio, Monika Volkers sonrió. Fuera anochecía.
Subrayó la fecha con trazo goteante .
Sí, era martes el día que supo cómo salvarle la vida al Heredero.