El vínculo de cristal Capítulo 28
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Capítulo 28

Whisper

Saboreo la sangre en mi boca y convulsiono. Mi loba debería estar curando esto, pero no hay ni rastro de ella.

Solo silencio donde ella vivía.

Y el vacío es mucho peor que el dolor, porque ya no hay ni vínculo, ni loba… ni ganas de seguir viviendo.

—Tranquila —murmura Dereck a mi lado, apoyando una mano en mi hombro mientras vomito de nuevo—. Estás viva y, dadas las circunstancias, eso ya es mucho.

—¿Cuánto tiempo llevo aquí? —pregunto.

—Casi tres semanas.

Intento ponerme en pie, pero los músculos se niegan a obedecer.

—No seas idiota —gruñe, acomodándome contra las almohadas como si no pesase nada.

—Es demasiado tarde para ese consejo.

Mi hermana River se acerca a mí con pequeños pasos.

—Tu loba se ha silenciado del todo —anuncia—. La regeneración funciona, pero muy despacio, es como si tu cuerpo trabajase al diez por ciento.

—¿Gabi está bien?

Debería haberlo preguntado antes incluso de abrir los ojos.

River y Dereck se miran y eso no me gusta nada.

—Está en casa de Lawson. Pero, Whisper, está al noventa y cinco por ciento de cristalización —añade, haciendo una larga pausa—. De momento está lúcida, aunque nadie sabe cuánto tiempo seguirá viva si la cristalización continúa avanzando. En su caso, no se detuvo. Y está enfadada.

—Enfadada —mascullo entre dientes.

Rompí nuestro vínculo sin pedirle permiso y lo haría una y otra vez, aunque ella tiene derecho a odiarme por eso. Supongo que las dos cosas son perfectamente compatibles.

—Los Trials —suspiro.

—¿Te acuerdas?

Apenas.

—La invocación sigue en pie —confirma Dereck—. Fui testigo. Y las Gemelas han aparecido y la han aceptado, el problema es que la luna llena es esta misma noche.

Esta noche y apenas puedo sentarme sin ayuda.

—¿Gabi ha aceptado?

River asiente.

—También ha dicho que si vuelves a decidir por las dos sin consultarla, te mata personalmente —bromea mi hermana.

***

El Barrio Nocturno a medianoche parece muy diferente. Nadie ha querido perderse una ceremonia que no se ha realizado en siglos. O quizá es que todos quieren ver el final de lo poco que queda de la poderosa Alfa.

Cada facción en su sitio: los lobos al norte, los vampiros al este, con Marsden al frente. Las brujas al sur, con sus antorchas de fuego que nunca se apaga. Y, presidiendo la ceremonia, dos figuras que cambian de forma si las miras de frente. Brezo y Escarcha. Las Gemelas Fae.

River me ha ayudado a vestirme y me ha traído hasta aquí, y ahora espera detrás de mí con las manos listas por si me caigo de agotamiento.

Gabi ha pasado casi todo este tiempo dentro del Reverso. Al parecer, eso es lo único que puede detener la cristalización, al menos por ahora, pero sé que me ve a través de cada reflejo.

Las Gemelas avanzan hacia el centro, hablando al unísono.

—El Primer Trial comienza. La peticionaria debe confesar cada fracaso, cada herida, cada elección que rompió lo que no debía romperse —anuncian.

—Herí a Gabriela Castillo de trece formas —confieso, aunque no consigo alzar la voz.

Es extraño, cuando estaba convaleciente en la enfermería, la mente no descansaba mientras el cuerpo lo hacía.

—La primera: vi lo que representaba antes de mirar lo que hacía.

Dejé que siglos de prejuicio pesasen más que la mujer que tenía delante.

La segunda: puse la política de manada por delante de su seguridad.

Sabía que la facción de Dereck era un peligro para ella y aun así la llevé al recinto de los lobos.

La tercera: la reclamé como propiedad delante del Concilio.

“Si pierde el control, yo decido” fueron mis palabras.

Me lo reprochó esa noche en el muelle y tenía razón.

Las confesiones se escapan de mi garganta como la sangre de una herida mal curada, y duelen mucho más. Voy confesando una a una mientras observo el rostro de los allí presentes. Algunos me juzgan con la mirada, otros lo comprenden.

—La decimotercera: rompí el vínculo de compañeras por mi cuenta —reconozco y escucho suspirar a media plaza—. No me arrepiento de haberle salvado la vida. Me arrepiento de que la única forma que encontré para hacerlo fuese herirnos a las dos sin poder preguntarle antes a ella.

Se produce un silencio horrible. Ni siquiera Marsden sonríe.

—Cada herida es mía —admito, buscando los charcos desde los que sé que Gabi me está mirando—. Algunas nacieron del miedo, otras del orgullo y una de la necesidad. Pero fui yo quien las causó, y no voy a esconderme detrás de mis motivos.

Las Gemelas avanzan.

—El Primer Trial está completo. ¿Alguien impugna sus palabras?

Nadie dice absolutamente nada. Apenas se escucha respirar.

—El Segundo Trial comienza. El Trial del Sacrificio. La peticionaria debe entregar algo de valor igual a lo que fue tomado y la magia juzgará si es suficiente.

—Whisper, no —escucho decir a mi hermana.

Con los ojos humedecidos, me quito el brazalete de plata y turquesa y me giro hacia la manada. Todos se quedan atónitos, desde los ejecutores hasta los lobos más jóvenes, es algo que jamás en la historia se había hecho.

—Renuncio a mi posición como Alfa de nuestro clan.

Incluso Marsden alza las cejas.

River coloca las manos en mis hombros.

—Tú has construido esta manada. Has sangrado por ella, la has salvado de la peor crisis de la historia derrotando a Vestergaard junto a Gabi. Nadie merece ser Alfa más que tú. No puedes hacerlo.

—Serás una Alfa excelente —le aseguro, colocándole el brazalete.

—No lo quiero, nunca lo quise —protesta.

—Por eso serás perfecta. River Bergstrom, por derecho de sangre y elección, te nombro Alfa del clan de Manhattan. Cuida de nuestra familia y sé mejor de lo que yo fui.

El mayor de los ancianos baja la cabeza el primero. Después otro, y otro más, hasta que todos los lobos de la plaza inclinan la cabeza ante River. Nadie impugna la elección. El silencio de una manada también es una respuesta.

—No lo quería —susurra River, cerrando los dedos sobre el brazalete—. Pero lo acepto.

Y luego añado muy bajito para que solo ella lo oiga.

—Y cuídame a mí. Voy a necesitarte cuando esto acabe, si es que sobrevivo.

La luz se apaga. Donde estaba la Alfa de Manhattan queda una mujer sin loba, sin manada, sin título, sin nada. Clavo la mirada en un charco en el suelo.

—Gabi, ser Alfa no vale nada si no estoy contigo. Ya no tengo nada que ofrecerte salvo mi amor, pero quiero dártelo cada día hasta que deje de respirar. No hay vínculo destinado, hay tan solo una elección personal.

—El Segundo Trial está completo —dicen las Gemelas, aunque ahora sus voces suenan distintas—. El sacrificio ha sido aceptado.

Escarcha me clava la mirada un segundo más de la cuenta, como si quisiese indicarme que lo peor está por llegar.

—Queda un Trial —advierte—. Pero antes, la peticionaria debe sobrevivir a la noche.

Cierro los ojos y mi hermana me sostiene. Lo último que percibo es el fantasma de un vínculo que ya no existe, como si algo, al otro lado de los espejos, intentase responder.