Capítulo 27
Gabriela
Cuando llegamos, la enfermería está llena.
Han colocado colchones en el suelo, improvisando camas.
Lobos heridos, brujas agotadas, un vampiro desorientado que insiste en que la luz del fluorescente le va a matar.
Nico está vivo: un brazo roto, algunas costillas fracturadas, parece haber envejecido diez años en una sola noche, pero está vivo.
Santos también: el hombro hecho polvo, el brazo inmovilizado y un cabreo monumental por haberse perdido casi todo al quedar inconsciente.
Eso, en un lobo joven, es la mejor señal posible.
Acuestan a Whisper en la cama en la que antes estaba Ava.
Es casi una ironía: Ava cristalizada en un rincón, inmóvil pero consciente, y Whisper en su cama, inconsciente, derrotada por un vínculo que ya no existe.
La muerte de Vestergaard cortó la plaga de raíz, pero los que habían cruzado el punto sin retorno no han regresado.
Nadie sabe cómo traerlos de vuelta. Ava es una de ellos.
Yo también.
River se queda junto a su hermana. Coge su mano entre las suyas y le habla en voz baja.
Catorce personas muertas para que Vestergaard dejase de existir. Nombres que alguien tendrá que decir en voz alta en algún momento, y cada uno de esos nombres será una losa que los supervivientes cargaremos para siempre.
Dereck Stone se detiene a mi lado. El cristal de su brazo y su pecho se han frenado, estabilizado por lo que mi abuela hizo antes de caminar hacia la muerte.
Su cristal no era como el de los demás, había sido tejido para esconderse, no para matar, y cuando la red cayó, lo que estaba dentro se quedó dentro, congelado.
Observa a Whisper en la cama, se da cuenta de que su loba ha desaparecido y cuando se gira hacia mí, sus ojos están húmedos.
—Dije que era una Alfa débil —murmura—. Que el amor que sentía por ti pondría en peligro a la manada.
No respondo. No tengo energía para discutir.
—Estaba equivocado, cazadora —confiesa—.
Whisper Bergstrom ha hecho por esta manada más que ningún Alfa en nuestra historia.
Lo que ha hecho esta noche… —hace una pausa para mirar de nuevo el cuerpo roto de una mujer que entregó todo—.
Eso es lo más valiente que he visto en mi vida.
Estoy con vosotras —añade—. Con las dos, sean cuales sean las consecuencias; ahora, toda la manada está unida.
Y retiro el desafío. Formalmente, ante testigos.
—Busca a River con la mirada al otro lado de la sala—.
Ya no queda nada que desafiar que no defendiese yo mismo.
***
Dos días más tarde, en el apartamento de Lawson, las venas plateadas están descontroladas.
Trazo una con la mano derecha. La piel sigue siendo piel, todavía es cálida y viva, pero es diferente.
—Necesitas comer algo —dice mientras me entrega un plato de sopa que no me apetece.
—No tengo hambre —gruño.
—Llevas dos días sin comer.
—Llevo dos días sin muchas cosas, Lawson. Comer no está en la lista de prioridades ahora mismo.
Deja el plato en la mesilla de noche de todas formas.
Es incapaz de no intentar ayudar incluso cuando la ayuda es inútil.
Probablemente debería decirle que es el mejor amigo que he tenido en mi vida, al fin y al cabo, cada hora que pasa es una hora menos que me queda para decir cosas. Pero no se lo digo.
El vínculo lleva dos días muerto y todavía lo busco en mi interior. Es como cuando de niña buscas con la lengua un diente que ya no está.
Lawson regresa tres horas más tarde y el plato sigue intacto, aunque ahora la sopa está fría.
—Whisper continúa inconsciente, pero está estable. River cree que la regeneración de lobo está funcionando, aunque mucho más despacio de lo normal. Su loba sigue sin dar señales.
—¿Qué significa eso?
—Que la loba sigue ahí, pero silenciada. Bueno, quizá, nadie lo sabe. Dereck dice que se conocen casos que perdieron el contacto con su lobo tras un trauma. Unos pocos lo recuperaron. Otros muchos no.
Escondo el rostro entre las manos. Solo la idea de que Whisper no vuelva a recuperar a su loba consigue hacerme temblar.
—Hay algo más. River quiere hablar contigo.
—No —corto.
—Dice que es importante. Es sobre el vínculo.
—El vínculo está roto —digo—. No hay nada de qué hablar.
—Al parecer, hay una forma de restaurarlo.
Las palabras tardan en entrar en mi cabeza.
Entra a los diez minutos, lo que me indica que estaba esperando cerca de aquí.
—Tienes una pinta horrible —me dice.
—Gracias. Es de familia.
No sonríe. Hace una pausa, como si estuviese eligiendo las palabras adecuadas para seguir hablando.
—Lo que hizo Whisper no se ha hecho nunca.
Romper un vínculo de compañeras a voluntad.
A ver, todos conocemos el ritual, nos lo enseñan desde niños, pero todo el mundo suponía que era solamente un cuento y ella lo hizo sin las Gemelas, por su cuenta, que es justo como el cuento dice que no se debe hacer.
Los ancianos de la costa Este llevan dos días reunidos discutiendo si debería ser posible.
—Pues ya ves que lo es.
—Sí, lo es. Whisper ha perdido el contacto con su loba y tú has perdido el ancla que frenaba el cristal. Os estáis muriendo por extremos opuestos de la misma herida.
—Lo sé. Whisper era quien mantenía mi humanidad en su sitio —admito—. Le has dicho a Lawson que hay una forma de recuperar el vínculo o algo así, ¿no?
—Los Trials de Reclamación —responde sin dudar.
El nombre me suena. Recuerdo que Ava lo mencionó antes de perder la voz. Tres pruebas, tres verdades, tres sacrificios.
—Son muy antiguos, nadie los ha hecho durante siglos —explica River—.
Es un ritual público y, por lo que relatan las viejas historias, muy doloroso.
No hay constancia de que alguien los haya superado jamás.
Puede ser una leyenda o algo que parece una leyenda y es real, como el ritual que siguió Whisper para romper vuestro vínculo.
—¿Qué haría falta?
—Lo primero, que aparezcan las Gemelas Fae, que nadie las ha visto en más de un siglo.
Luego, testigos de todas las razas sobrenaturales, bajo la luna llena.
Y antes de que me preguntes, Whisper ya los ha convocado.
Le he dicho que me parece una locura porque está tan débil que apenas puede moverse, pero ya sabes cómo es.
En un momento que estaba algo mejor, llamó a Marsden y los convocó. Luego volvió a quedar inconsciente.
—Se lo quitaré de la cabeza —gruño.
—Es tarde. Una vez que se invocan, no hay vuelta atrás. Incluso si se presenta a ellos tumbada en una cama.
—Eso es una gilipollez —protesto.
—Según los antiguos escritos, los Trials tienen tres pruebas —sigue River—.
La primera es la Confesión. Whisper debe confesar en público cada vez que te falló.
La segunda es el Sacrificio. Debe entregar algo de valor igual a lo que te quitó.
La tercera prueba es la Verdad. Ahí entras también tú.
Las dos confesáis lo que nunca os habéis dicho.
Y, a continuación, elegís: restaurar el vínculo o dejarlo roto. Pero restaurarlo tiene un precio.
—¿Qué precio? —me apresuro a preguntar.
—Nadie lo sabe hasta que llega el momento. A ver, ten en cuenta que hablamos de algo totalmente hipotético que nadie ha hecho en siglos. Los ancianos dicen que siempre es un precio justo. Claro que también dicen que nadie quiere pagarlo.
—¿Y si no los hacemos? Esos Trials o como se llamen.
—Morís las dos. Tú por el cristal. Whisper porque un lobo sin su animal rara vez sobrevive, se deja morir. Ella no durará más de unos pocos meses. Tú…
—Yo no creo que llegue a la próxima luna llena —suspiro.
—Teóricamente ya deberías estar muerta, así que no digo nada —ironiza River, encogiéndose de hombros.
—Ya, por lo que a mí respecta, la teoría puede irse a la mierda —bromeo—. Está bien, dile a Whisper cuando se despierte que acepto. Y que la próxima vez que tome una decisión sobre nosotras sin consultarme, la mato yo. Con vínculo o sin él.
River sonríe por primera vez.
—Se lo diré. Pero, Gabi, mi hermana ha hecho muchas cosas mal en su vida, aunque romper el vínculo no es una de ellas. Si no lo llega a hacer, Vestergaard gana y estamos todos muertos. No tú ni ella, todos. Y eso le ha costado todo lo que tenía. Solo quiero que lo sepas antes de los Trials.
Lawson entra a continuación y se sienta frente a mí sin decir nada.
—Lawson.
—¿Mm?
—Si muero en los Trials o no llego a ellos, hay una caja debajo de mi cama en Brooklyn Heights. Testamento, seguro y las llaves del almacén del muelle. Todo a tu nombre.
—No vas a morir en los Trials —me asegura.
—Ya, probablemente moriré antes, pero te lo digo por si acaso.