El vínculo de cristal Capítulo 18
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Capítulo 18

Gabriela

Poco a poco, estoy aprendiendo a leer la cristalización como lo haría con un termómetro, aunque los datos que veo últimamente no me gustan nada.

Al abrir los ojos, veo a Whisper sentada a mi lado, espalda contra la pared, mirándome con los ojos muy abiertos.

No tengo ni idea de cuánto tiempo lleva ahí, pero por su forma de estirarse y la rigidez de sus hombros, yo diría que bastante.

Santos duerme junto a la puerta, inútil como vigilante, pero ahí está de todos modos.

—Dereck está infectado —suspira, clavándome la mirada.

—¿Qué? Joder, ¿desde cuándo lo sabes?

—Desde anoche. Lo olí en el pasillo de la enfermería, pero es una cristalización muy diferente a las otras, es mucho más sutil. Creo que Vestergaard lo ha estado usando como…

—Como micrófono —termino por ella.

—Sí, imagino que sabe casi todo sobre lo que está ocurriendo por aquí —confirma Whisper—. Pero no sabe lo del vínculo, al menos eso creo, aunque sin duda lo sospecha.

—Sí sabe lo del vínculo —corrijo.

—¿Qué has dicho?

—Me encontró en un sueño, no sé exactamente cómo puede hacer ese tipo de cosas, el caso es que puede. Sabe que tenemos un vínculo y me ofreció cortarlo. Dijo que era lo mejor para ti. Luego dijo que…

—No lo hiciste, ¿verdad? Lo sigo sintiendo dentro de mí, igual de fuerte que antes —me interrumpe.

—No, no lo hice. Por un lado, no me fío de ella en absoluto y por otro… bueno, no es algo que yo deba hacer por mi cuenta, sin contar contigo —reconozco.

—¿También lo sientes?

Es una pregunta de mierda porque la respuesta es sí y las dos lo sabemos. Y lo peor de todo es que admitirlo en voz alta a las seis de la mañana en una sala de entrenamiento no es precisamente lo más romántico del mundo.

—¿Qué vas a hacer con Dereck? —pregunto en cambio.

Whisper chasquea la lengua y entorna los ojos. Sabe que he esquivado la pregunta, pero lo deja pasar. Quizá otra mujer se hubiese ofendido. Ella elige bien sus batallas.

—No lo sé —confiesa, haciendo un gesto de dolor—. Si le expulso de la manada, confirmo todo lo que ha dicho sobre mí y si le cuento que está infectado, Vestergaard lo sabrá al instante.

—Y si no haces nada, Vestergaard sigue escuchando.

—Exacto —admite.

—Vamos a la sala de guerra —propongo, poniéndome de pie de un salto—. Necesitamos a Lawson y a tu hermana River. Trazaremos un plan que funcione utilizando a Dereck en contra de Vestergaard, en plan darle información falsa o algo así.

***

Lo que los lobos llaman “la sala de guerra” no es más que una habitación sin ventanas en el sótano. Hay mapas de Manhattan colgados en las paredes, pantallas que muestran puntos de cristalización, y una mesa de metal tan robusta que parece diseñada para resistir explosiones.

Lawson llega media hora más tarde con su portátil y pinta de no haber dormido mucho.

Encontró los archivos del Concilio que le pedí.

Las evaluaciones que me hicieron desde los doce años existen, Vestergaard no me estaba mintiendo en eso, aunque hubiese preferido que lo hiciese, porque me revuelve el estómago.

River está al teléfono con alguien del aquelarre del Lower East Side mientras nosotros estudiamos planos de varios edificios de la zona cercana a las instalaciones del Concilio.

—Aquí —digo, señalando un área en el subsuelo con el dedo índice—. Esta sección no aparece en los planos públicos, ¿ves? Pero observa el sistema de ventilación. Hay conductos que van hacia abajo tres niveles más de lo necesario.

—Joder —murmura Lawson, acercándose a nosotras—. ¿Cómo no me di cuenta de eso?

—El acceso principal tiene el nivel de seguridad estándar del Concilio, pero hay un acceso de servicio por la calle 47 que solo tiene vigilancia electrónica. Si pudieses reventar ese sistema…

—Puedo —me asegura.

River cuelga el teléfono justo en ese instante.

—Las brujas están dentro. Dos aquelarres. También Marsden, aunque parezca extraño, ¿te lo puedes creer? Dice que está dispuesto a dejarnos a alguno de sus guerreros si le garantizamos el control sobre el distrito financiero, pero que quiere hablar antes contigo.

—¿Alguno de sus guerreros? —protesta Whisper frunciendo el ceño y golpeando la mesa—. Marsden tiene cincuenta guerreros en su línea de sangre.

—Es lo que ofrece. No estamos en posición de negociar y ya sabes que son buenos.

Además, esto es un golpe de Estado en toda regla al Concilio y todo lo que representa.

Si sale mal, Marsden dirá que esos actuaban por libre y que él no tiene nada que ver.

Nos echará la culpa por iniciar una revuelta corrompiendo a alguno de los suyos —explica la hermana de Whisper.

No digo nada, porque el problema es que no tenemos ni idea de a qué nos enfrentamos. Nadie conoce el verdadero poder de la doctora Vestergaard.

Pero hay una idea que me lleva rondando desde que hablé con ella en mis sueños. Vestergaard me quiere a mí, no a la manada ni a los vampiros o a las brujas. Solo a mí. Si me entrego de manera voluntaria, ganaría acceso al interior, quizá podría tenderle una trampa y…

—Alfa —interrumpe un lobo joven que ha perdido por completo el color de su rostro—. Es Ava.

***

—Cazadora de luz —dice cuando llegamos, aunque pronunciar cada palabra le cuesta—. Has venido a despedirte.

—He venido a verte.

—No, has venido a despedirte. Es el plan que no le has contado a nadie; el sacrificio que crees que debes hacer, pero estás equivocada.

—¿Gabi? ¿De qué está hablando? —pregunta Whisper a mi espalda.

—No es nada, seguramente está delirando, ya sabes, la cristalización…

—No estoy delirando —protesta Ava utilizando las últimas fuerzas que le quedan—. Lo vi, Alfa, lo vi con claridad en mi última visión. La cazadora caminando hacia la oscuridad. Ella sola, por elección propia.

Mierda.

—Gabi. Mírame —ordena Whisper.

—Vestergaard me quiere a mí —le explico—.

Ella piensa que soy su proyecto. Si me entrego, deja de atacar a los demás y tenéis más tiempo para organizaros.

Si entro en su red de manera voluntaria, quizá tenga acceso al interior y pueda tender una trampa.

Puedo rechazar la mente colmena desde dentro, como decía el diario de tu madre, me parece la opción más clara.

—¡No!

—¿Quieres escucharme?

—He dicho que no, Gabi. No voy a permitir que hagas eso —protesta, dando un paso hacia mí. Sus ojos se han vuelto de color dorado y hay tanta energía en su interior que Santos retrocede y se pega a la pared—. No vas a sacrificarte, ni por la manada ni por nadie.

—No es tu decisión.

—¡Eres mi compañera! —gruñe.

La palabra cae en la enfermería como una bomba.

River se queda inmóvil. Brianna cierra los ojos. Ava no reacciona porque ya lo había visto en sus visiones, pero Santos nos mira con los ojos muy abiertos, como si acabase de ver un espectro.

Lo ha dicho delante de todos. No ha sido ni estrategia ni política. Tampoco el momento adecuado. Lo ha dicho porque le ha salido del alma en medio de una discusión.

—Vestergaard mató a mi madre —le recuerdo, tratando de mantener la calma—. Me ha perseguido toda mi vida. Ha infectado a tu gente. ¿Cuántos más tienen que morir antes de que mi vida deje de valer más que las suyas? Si esto no sale bien, al menos ganaréis tiempo.

Nadie dice nada.

Es lo que tienen los sacrificios, siempre parecen algo noble cuando lo miras desde fuera. Solo la persona que se queda es quien de verdad ve el dolor que estoy a punto de causar. Las dos tenemos razón en lo que pensamos, pero son dos razones muy diferentes y que además, no pueden existir a la vez.

—Si vas a ir a la oscuridad, voy contigo. ¿Me oyes? —dice, colocando las manos en mi cintura y empujándome suavemente contra la pared antes de besarme.

Y me besa como si fuese a ser nuestro último beso en esa vida.

Roza con sus dientes mi labio inferior mientras cierra el puño en el cuello de mi chaqueta con la misma fuerza con la que empuñaría un arma.

Y en este instante no existen ni Vestergaard ni la cristalización, ni siquiera Ava muriéndose a un metro de nosotras.

Tampoco la manada o el Concilio o cualquier otra cosa que no sea su boca en la mía y la certeza total de que ese vínculo de compañeras en el que yo no creía es totalmente real.

—Si vamos a por Vestergaard, lo hacemos juntas —susurra tras besarme bajo el lóbulo de mi oreja.

Ava habla una última vez. El cristal se cierra ya en la garganta, así que no es más que un hilo de voz.

—Los Trials existen para quienes lo han perdido todo, cazadora de luz. Son tres pruebas, tres verdades, tres sacrificios. Reza por no necesitarlos nunca, pero si los necesitas, no te rindas.