Capítulo 17
Whisper
Incluso antes de llegar a la enfermería, empiezo a oler los últimos aleteos de la vida de Ava. Su cuerpo se está rechazando a sí mismo.
La rodean los sanadores de la manada. La más veterana de todos ellos, Nadia, ha colocado las manos sobre su torso, tratando de ejecutar una técnica de estabilización antigua que es ya más fruto de la desesperación que de la ciencia.
No funciona, creo que ni ella misma esperaba que lo hiciese, pero estamos ya en un punto donde hay que intentar lo que sea, por muy estúpido que parezca, porque el cristal avanza más rápido de lo que nadie puede contener.
Brianna no se separa de la cama. Ya no está sentada, sino desplomada en otra camilla porque las venas negras de su brazo han trepado hasta el hombro y cada hora que pasa se siente más débil.
Dos lobas cristalizándose en la misma habitación y el vínculo de compañeras actúa entre ellas como un conductor.
—¿Cuánto tiempo crees que le queda? —murmuro, acercándome a Nadia.
—Horas. Quizá incluso menos. La cristalización está llegando a los órganos internos. Cuando cruce el corazón…
Deja la frase sin terminar, aunque su mirada me dice todo lo que necesito saber.
—Brianna —llamo, sentándome junto a ella.
No me responde. Su mirada está fija en su novia y me recuerda demasiado a los ojos de mi madre de rodillas en el barro, sosteniendo la cabeza de mi padre en su regazo mientras la vida se le escapaba. Es el momento en que sabes que si la otra persona se va, ella se va detrás.
—Brianna, mírame, por favor. Solo un momento —suplico.
Lo hace, pero su mirada está perdida.
—No te vayas con ella. Me oyes, Brianna. No te vayas con ella porque Ava no querría eso.
—Ava me necesita —responde con un hilo de voz.
—Lo que necesita es que sigas viva para recordarla.
River se queda con ella. Yo salgo al pasillo porque preciso respirar aire que no huela a muerte y a miembros de la manada cristalizándose.
No esperaba encontrarme a Dereck al salir.
A esta hora suele estar en su cuarto o en el gimnasio o en cualquier otro lugar donde los ejecutores van a masticar su rabia en privado.
En cambio, aquí está, apoyado contra la pared frente a la puerta de la enfermería, con los brazos cruzados sobre el pecho.
Y de pronto lo huelo.
No ha perdido su olor de siempre. Esa rabia y amargura que le acompañan sin un motivo aparente. Sin embargo, hoy hay algo además de eso. Hay frío.
El mismo que olí en Vestergaard durante la reunión del Concilio, el que hizo que mi loba retrocediese por instinto.
Cuando le miro a los ojos, me doy cuenta. Un brillo que no es el ámbar de un lobo, es algo que refleja la luz en ángulos equivocados, como el cristal.
Dereck ha sido infectado.
Mi loba ruge, aunque no de rabia esta vez, más bien de horror.
Porque si Dereck está infectado, si Vestergaard ha conseguido colar un hilo de cristal dentro de mi ejecutor más veterano, entonces es muy posible que esté escuchando todo lo que ocurre dentro de mi manada, incluso manipulando su comportamiento.
—¿Alfa? ¿Qué ocurre? —pregunta, frunciendo el ceño.
No lo sabe todavía. Puedo olerlo: no sabe que está infectado, aunque ahora todo empieza a tener más sentido. La agresividad durante estas últimas semanas, sus continuos cambios de humor, su nueva habilidad para saber dónde hacer más daño con sus comentarios.
Ha pasado en nada de tiempo de ser un ejecutor fuerte y medio bobo a casi un genio de la estrategia. Pero todo este tiempo era Vestergaard, susurrándole al oído, empujándole, guiándole como quien guía una marioneta.
—Nada, no pasa nada —miento—. ¿Qué haces aquí?
—He venido a ver a Ava. Me han dicho que no le queda mucho.
Le dejo pasar, porque no puedo revelar lo que sé, y porque me imagino que cualquier cosa que haga que se salga de lo normal, Vestergaard será la primera en saberlo.
Espero a que cierre la puerta y me apoyo contra la pared.
Esto no tiene nada que ver con las otras cristalizaciones; estoy segura de que está diseñada para vigilar. Vestergaard no quiere cristalizar a Dereck, lo que pretende es usarlo como micrófono para espiarnos.
Y ha escuchado cada reunión de la manada desde que está infectado, cada una de nuestras conversaciones sobre la plaga, sobre nuestras defensas y nuestros puntos débiles.
Aunque lo peor es que ahora también sabe que Gabi está aquí y que ha estado hablando con Ava.
¿Sabe también lo del vínculo? Repaso mentalmente. El patio, la enfermería, la biblioteca. River lo sabe, Brianna lo sospecha porque Ava lo ha visto en sus visiones, pero Dereck no debería de saberlo.
Excepto por el olor. Si Vestergaard puede interpretar lo que Dereck huele, entonces puede sospecharlo.
Y si Ava es otro nodo en su red…
Joder, prefiero no pensar en ello. Además, las visiones de Ava revelan debilidades en los planes de Vestergaard, todo eso de la cazadora de luz y la oscuridad retrocediendo. No sería tan estúpida como para mostrarnos sus puntos débiles. ¿O es lo que la doctora quiere que creamos?
Mi loba gime confusa.
Ya ni siquiera sé en quién confiar o lo que es real.
Lo único que sé es que Gabi está sola en el campo de entrenamiento, con Santos como único vigilante. Si Vestergaard también lo sabe…
Mierda.
Camino hacia el campo de entrenamiento con paso rápido, sin correr, porque si lo hago levantaré aún más sospechas.
Al abrir la puerta, me encuentro a Gabi dormida en una de las colchonetas, hecha un ovillo, con la chaqueta de cuero como almohada doblada bajo su cabeza. Santos está junto a la puerta, tal como le ordené, pero dormido como un tronco. No tiene ni idea del peligro al que nos enfrentamos.
Prefiero no despertarla. Simplemente, me siento junto a ella, con los espejos devolviendo nuestra imagen y puedo oler el miedo en sus sueños. Se agita, masculla entre dientes algo que no consigo entender y las venas de su brazo izquierdo brillan con más fuerza.