Capítulo 16
Gabriela
El sueño no es del todo un sueño. Es una conexión, y Vestergaard me está esperando al otro lado.
Sé que me he quedado dormida. Soy consciente de que mi cuerpo real está tirado en una de las colchonetas del campo de entrenamiento de la manada, molido por mi primera noche experimentando con los espejos.
Sé también que tengo la chaqueta de cuero doblada bajo mi cabeza a modo de almohada.
Al fin y al cabo, Santos, el lobo joven que Whisper me asignó como vigilante, debería estar sentado junto a la puerta, así que debería ser seguro cerrar los ojos y echar una cabezada.
Debería, aunque no lo es.
Porque he viajado a otra parte y ahora estoy en una habitación blanca e infinita, sin paredes ni techo, sin suelo. Solo un vacío blanco. Y en el centro, la doctora Vestergaard.
Aquí no lleva la bata de laboratorio con la que siempre la he visto.
Aquí se muestra como lo que realmente es: una especie de cristal transparente con forma humana.
Sus ojos son los únicos puntos de color, gris pálido, casi incoloros, fijos en mí como si llevase una eternidad esperando este instante.
—Bienvenida de vuelta, Gabriela —dice con calma, casi con amabilidad, bajando la voz hasta convertirla en un susurro.
—¿Qué quieres, Vestergaard? —gruño, tratando de hacerme la dura, aunque ni siquiera sé lo que puedo o no puedo hacer en esta dimensión, o sueño, o pesadilla, o lo que sea.
—Me gustaría mostrarte algo. —Hace un gesto con la mano y el vacío blanco se llena de imágenes.
No es exactamente como una pantalla; es el propio espacio el que se dobla para enseñarme lo que hay dentro—.
Estás a un sesenta y ocho por ciento de transformación.
El vínculo con la loba ha acelerado el proceso.
La verdad es que no esperaba que encontrases una compañera destinada.
Eso sí que fue una sorpresa, incluso para mí.
Sesenta y ocho. Ayer estaba en sesenta y dos, de algún modo mi cuerpo me lo dice con una certeza casi absoluta. Mi aventura cruzando los espejos me ha costado seis puntos.
De pronto, las imágenes cambian y ahora estamos en un laboratorio antiguo, con equipos médicos de otra época anterior a la nuestra.
Científicos con batas manchadas de algo que brilla como el mercurio.
Y hay también una mujer joven tumbada en una mesa de acero con el pelo oscuro y terror en la mirada.
Mi madre.
Es mucho más joven de lo que la recuerdo, quizá veintitantos años, con venas plateadas apenas visibles bajo la piel y los ojos muy abiertos. La mantienen atada con correas.
—Por desgracia, consiguió escapar antes de que la transformación se completase —explica Vestergaard como si estuviese decepcionada—.
Se escondió, tardé años en encontrarla y luego te tuvo a ti.
Es la primera vez que un caminante de espejos tiene descendencia y eso te hace muy especial, Gabriela.
Por primera vez podré estudiar a la segunda generación.
—¡Mientes! No me creo ni una sola palabra de lo que estás diciendo —chillo.
—¿Dices que miento? ¿Por qué crees que el Concilio te reclutó a los dieciséis?
¿Sabías que te vigilaban desde los doce años?
¿Por qué crees que Priebe te protegió desde el principio?
¿Por qué te entrenó asignándote las misiones más peligrosas y te mantuvo cerca de los focos de actividad sobrenatural?
Y, aun así, nunca supieron ver tu potencial real, te subestimaron. Solo yo soy capaz de verlo.
Las imágenes cambian otra vez. Ahora me muestra informes del Concilio con mi nombre en todos ellos.
Hay un poco de todo: evaluaciones psicológicas, proyecciones de potencial.
Todo bien documentado desde que tenía doce años, cuando yo ni siquiera sabía lo que era esta organización.
Pensaba que estaba teniendo sesiones con un psicólogo infantil y me llevan vigilando de cerca desde que mi madre murió.
Desde que la asesinaron.
—El Concilio siempre te quiso como un arma —dice Vestergaard—. Yo te quiero como una igual. ¿Ves la diferencia?
—La diferencia es que tú mataste a mi madre, zorra —murmuro.
El problema es que ni lo niega ni se excusa y eso me cabrea mucho más. Me mira con sus ojos de cristal y lo que veo en ellos no es culpa. Es… diría que es tristeza, aunque parezca raro. Tristeza auténtica y eso me desconcierta por completo.
—Marina y yo fuimos buenas amigas —suelta de pronto.
Su tono de voz se vuelve más suave y eso me asusta más que enfrentarme a un vampiro—.
Durante dos años fue la única persona que me entendió.
La única que sabía lo que es tener cristal en la sangre y luchar cada día para seguir siendo tú misma.
Más tarde, cuando me negó su ayuda, cuando eligió esconderse en lugar de luchar junto a mí…
—Decidiste matarla —termino por ella.
—Le ofrecí lo mismo que te estoy ofreciendo a ti. Y ella prefirió morir disolviéndose en el Reverso antes que explorar su verdadero potencial.
A continuación, la doctora Vestergaard extiende la mano hacia mí. Dedos perfectos de cristal transparente. En la palma hay una esfera pequeña de luz blanca que pulsa con el ritmo de mi propia cristalización.
—Puedo pararla cuando tú quieras —me asegura—.
Ahora mismo. Sin dolor y sin ningún coste, sin efectos secundarios.
Tu cristalización se detiene al sesenta y ocho por ciento y conservas los poderes que ya tienes.
Eres más rápida en este mundo y conservas el acceso al Reverso.
Todo lo que has empezado a aprender sigue siendo tuyo, es más, te enseñaré cómo no tener límites al otro lado.
—¿A cambio de qué?
—Del vínculo con la loba —suelta sin más.
Me dan ganas de vomitar.
—El vínculo de compañeras es incompatible con lo que eres, Gabriela.
No estaba previsto que ocurriese y lo va a estropear todo.
No es una cuestión de voluntad ni de sentimientos.
Es mecánica pura y dura. El cristal y el vínculo ocupan el mismo espacio en tu sistema nervioso.
Cuando la cristalización llegue al cien por cien, el vínculo se romperá de todos modos, pero no como un pequeño hilo que se corta, cuando llegue ese momento, lo hará como una bomba y el daño será también para ella.
Y será inmenso. Tú perderás el control de tus poderes y morirás. Whisper perderá a su loba.
—¡No! —grito—. Estás mintiendo.
—He visto antes lo que ocurre cuando un caminante de espejos completa la transformación mientras se aferra a un vínculo, Gabriela. Ha ocurrido antes. No quieren soltar un amor, o un hijo, o un recuerdo bonito, y el cristal termina devorándolos.
Vestergaard inclina la cabeza y, por un breve instante, observo algo debajo del cristal, los ecos de los cinco caminantes de espejos que devoró, los vínculos que rompió, las vidas que consumió.
—Como te digo, el daño no se quedará en ti. La loba se dejará morir, porque vivir sin su mitad es peor que la muerte. ¿Es eso lo que quieres para Whisper? ¿De verdad?
No respondo. No puedo hacerlo, porque debajo de la rabia que siento y la desconfianza que me inspira esta mujer, incluso sabiendo que Vestergaard es una mentirosa y una manipuladora, quizá ahora está diciendo la verdad.
El diario de Saskia mencionaba que un vínculo de compañeras podía rechazar a la mente colmena.
Pero no decía nada sobre qué ocurre cuando la cristalización llega al cien por cien.
Puede que ni siquiera Vestergaard lo sepa y solamente me está intentando confundir.
Ava, en sus sueños, vio la plaga atacando vínculos.
Conexiones rotas, dijo. Si el cristal y el vínculo son incompatibles, entonces…
Si son incompatibles, cada hora que paso con Whisper es una hora más de daño acumulado para las dos. Cada vez que el vínculo vibra entre nosotras, cada roce, cada casi beso en un campo de entrenamiento a las cuatro de la mañana, estoy construyendo una bomba más grande.
Vestergaard me observa con una calma que me eriza los pelos de la nuca. Sabe exactamente lo que estoy pensando. No es estúpida. Es con mucha diferencia la mujer más peligrosa que he conocido.
—Si corto el vínculo —digo con miedo, y me odio por preguntarlo—, ¿qué ocurre con Whisper?
—Sentirá dolor, pero será tan solo algo temporal.
Su loba se silenciará durante unas semanas, quizá meses.
Pero sobrevivirá. Los lobos son muy resilientes, es su naturaleza —agrega, dando un paso hacia mí—.
Pero debo advertirte de una cosa importante, si continúas con la cristalización y dejas que el vínculo se rompa por la fuerza, el daño será permanente.
Su loba morirá. Whisper dejará de ser Alfa, será tan solo una humana rota viviendo entre lobos que ya no la reconocen como una de los suyos.
Se dejará morir porque el sufrimiento será insoportable para ella.
Lo sopeso unos segundos. El riesgo es enorme, pero no estoy segura de si dice la verdad. Porque si me está mintiendo y acabo con el vínculo de compañeras…
Por otro lado, si lo que dice es cierto, no me lo perdonaré jamás.
—Puedes salvar a Whisper si tú quieres, Gabriela —insiste, sacándome de mis pensamientos y devolviéndome a la realidad—. Debería ser fácil, ¿no es su vida más importante que tus sentimientos? Después de todo, tú tan solo estás empezando a sentir lo que hay entre vosotras, ¿no es cierto?
Y ahí está la parte que me aterra, porque durante quizá un par de segundos, estoy convencida de decirle que sí, que estoy dispuesta a romper nuestro vínculo para salvar a Whisper.
En cualquier caso, Vestergaard tiene razón en algo. El Concilio me ha usado. Priebe me ha usado. Todo el mundo me ha usado como un activo, como un arma, como una pieza de un tablero de ajedrez que yo no elegí ser.
Al menos Vestergaard me está dando la opción de elegir.
Pero luego pienso en Whisper quitándome el polvo de cristal del pelo cuando regresé a través de la otra dimensión. En sus dedos rozando mi sien con una delicadeza infinita. En el instante en el que casi nos besamos. En lo que empiezo a sentir por ella.
Si acepto la oferta, sobrevivirá, pero me mirará y sabrá lo que hice. Sabrá que elegí por ella, que rompí algo tan sagrado y antiguo como un vínculo de compañeras. Y ni siquiera sé si dice la verdad.
—¡No! —respondo, alzando la voz.
Vestergaard no se sorprende. Casi diría que parece satisfecha.
—No voy a tomar esa decisión por ella. No voy a cortar nuestro vínculo de compañeras a sus espaldas solo porque tú me estés ofreciendo una opción bonita envuelta en una buena lógica que ni siquiera sé si es verdad.
—Eres como ella —bufa—. Marina también dijo que no. Exactamente así, casi con las mismas palabras. Con tu misma terquedad absurda —agrega, chasqueando la lengua con un gesto de desdén.
Antes de que pueda responder, mi cuerpo tira de mí, reclamándome desde el otro lado del sueño. Vestergaard se vuelve borrosa y el vacío blanco se fragmenta.
—Te volveré a preguntar, Gabriela. Regresaré cuando el dolor sea peor. Y, créeme, será mucho peor —es lo último que escucho, ya como un eco lejano.
Me despierto en la colchoneta del campo de entrenamiento de los lobos con el brazo izquierdo ardiendo.
Las venas son más anchas que antes, y más brillantes.
Flexiono la mano y los dedos responden muy rápido, quizá incluso más rápido que antes del sueño.
Pero ahora hay algo diferente. Una corriente fría recorriendo el cristal y una segunda frecuencia que no es mía que pulsa debajo de la primera.
Es Vestergaard tratando de sintonizarse con mi cuerpo.
El brazo funciona mejor que nunca, pero quizá ya no es solamente mío, y eso es peor que perderlo.
Santos está junto a la puerta, completamente dormido. Buen vigilante.
Me incorporo sin hacer ruido y me apoyo contra la pared.
Necesito datos. No promesas ni profecías. Datos puros y duros.
Saco el móvil de prepago y escribo un mensaje a Lawson. Es la única persona en el Concilio en quien puedo confiar. O eso espero, al menos.
Yo: Necesito que busques algo en los archivos del Concilio. Todo lo que tengan sobre el Proyecto Espejo. Evaluaciones sobre mí desde los 12 años. Sé que existen. Vestergaard me las enseñó.
Veo los tres puntos.
Lawson: Siete, ¿sabes qué hora es? Joder, son las cinco de la mañana.
Yo: es muy importante.
Me tumbo de nuevo para intentar dormir, aunque no creo que consiga hacerlo.