Capítulo 8
Whisper
Cuando llego junto a mi clan, el olor de la cazadora todavía está pegado a mi piel.
Es un error de novata. Debería haber parado en el apartamento que mantengo frente a Central Park para ducharme y cambiarme de ropa.
Pero no lo hice.
Y lo peor de todo es que no lo hice porque una parte de mí, la parte de mi loba, no quiere borrar su olor. Quiere, literalmente, revolcarse en él.
—Alfa, un momento.
Mi hermana me detiene antes de que consiga llegar a mi despacho y la expresión de su rostro en cuanto se acerca me dice que ha olido a Gabi.
—River, tengo que explicarte algo…
—No aquí —me interrumpe, sujetando mi codo con fuerza—. Dereck ha convocado una reunión urgente del Consejo.
Mierda.
—¿Con qué excusa esta vez? —gruño, entornando los ojos.
—Por Ava. Tuvo un episodio hace una hora. Gritaba cosas sobre una luz plateada y alguien capaz de atravesar los espejos. Dereck dice que la plaga está afectando a la estabilidad del clan y que necesitamos medidas drásticas.
—¿Qué tipo de medidas?
River no responde, pero su expresión se vuelve muy seria.
Viniendo de Dereck, será una solución a la antigua usanza. Aislamiento, cuarentena. Sacrificar a los infectados antes de que la plaga se extienda, sin ni siquiera saber si es contagioso o cómo se contagia. Sin compasión.
—¿Cómo está Ava? —pregunto, bajando la voz.
—Mal. Al menos no ha avanzado, o eso parece. Está estable. Por ahora. —River me mira de reojo—. Whisper, no sé muy bien lo que ha ocurrido mientras has estado fuera, pero no importa. Ahora necesitas entrar en esa reunión y recordarles a todos quién manda aquí.
Respiro hondo e intento concentrarme. Tiene razón. Ahora, lo urgente es no mostrar debilidad, no decir nada que Dereck pueda utilizar en mi contra. Pero mientras empujo las puertas del salón del Consejo, mientras siento los ojos de una docena de lobos clavarse en mí, no puedo evitar pensar en Gabi.
En el calor de su piel bajo mis dedos. En la forma en que sus venas brillaron cuando la toqué.
—Alfa. Qué amable de tu parte unirte a nosotros, aunque llegas un poco tarde —saluda el ejecutor al verme entrar.
—No sabía que necesitaba permiso para llegar tarde a una reunión que no convoqué —replico.
Se forma un silencio denso. Los miembros del Consejo intercambian miradas y puedo percibir las alianzas entre algunos de ellos, el miedo, la ambición.
La manada se está fracturando. Y Dereck lo aprovecha.
—Tenemos asuntos urgentes que discutir —continúa—. Ava Reese tuvo un episodio. Gritaba algo sobre una cazadora que camina a través de los espejos. Sobre una luz que hace retroceder a la oscuridad —de pronto, se detiene y hace una pausa demasiado teatral—. Sobre la compañera de la Alfa.
El aire abandona mis pulmones al escuchar la última frase.
—Ava está enferma —le recuerdo de inmediato—. Posiblemente, la cristalización está afectando a su mente. Ni siquiera sabemos cómo actúa esa plaga. No podemos tomar sus delirios como…
—¿Delirios? —interrumpe Dereck, ladeando la cabeza—. Entonces quizá querrías explicarnos por qué hueles a humana, Alfa. ¿Por qué llevas el aroma de una mujer que no es una loba pegado a tu piel?
Se forma un silencio absoluto.
Siento cada mirada clavada en mí. Me ha tendido una trampa, y he caminado directamente hacia ella.
—Con quién paso mi tiempo es asunto mío —respondo sin más.
—En un momento de crisis como este, cualquier cosa que hagas también es asunto de la manada. Has estado investigando sola, sin refuerzos. Y ahora regresas oliendo a extraña mientras algunos de nuestros hermanos se convierten en cristal. ¿Qué debemos pensar?
—Debéis confiar en vuestra Alfa.
—La confianza se gana. Y últimamente, no has hecho mucho para ganarla —responde, cruzando los brazos sobre su fuerte pecho.
Mi loba se revuelve, exige sangre. Pero hacerlo aquí solo le daría la razón.
—Quiero ver a Ava. Ahora —exijo, dando por terminada la reunión.
Dereck abre la boca, pero River se adelanta antes de que pueda hablar.
—Yo la llevaré. La reunión puede esperar.
Dereck simplemente asiente. Señal de que todavía no tiene los suficientes apoyos en el Consejo.
—Whisper, ¿qué coño está pasando? —pregunta mi hermana de camino a la enfermería—. Hueles a cazadora. A atracción. A… —sus ojos se abren de pronto—. Oh, joder… por favor, no me digas que es tu compañera.
—Sí —respondo con un suspiro.
—¿Una cazadora?
—Sí.
—¿Una cazadora del Concilio es tu compañera destinada? —insiste, llevándose ambas manos a la cabeza.
—River, si vas a repetir la misma pregunta una y otra vez con pequeñas variaciones, no llegaremos nunca a la enfermería —protesto.
—No tengo palabras. Pensé que eso era imposible.
—Ya, bienvenida al club —ironizo.
—La manada nunca lo aceptará.
—Lo sé.
—Esto es un desastre.
—River. Soy consciente de todos los problemas que esto puede generar, pero el vínculo es real. Mi loba se está volviendo loca. De manera literal. Es ella, apenas pude resistirme cuando estuve a su lado. No tengo ninguna duda.
Cuando llego a la enfermería, Ava está peor de lo que esperaba.
Las venas de cristal negro han trepado por su cuello, cruzan su mandíbula, se acercan a sus ojos. Brianna está junto a su cama, está algo mejor, aunque no mucho. Sostiene una mano que ya no parece humana.
—Alfa —saluda, aunque su voz es ahora una especie de susurro rasposo—. Has venido.
—Por supuesto —afirmo, arrodillándome junto a su cama—. ¿Cómo te sientes? Vamos a encontrar una cura. Te lo prometo.
—Lo sé. Porque ella te va a ayudar.
—¿Ella?
—La cazadora. La vi, Alfa. En sueños, cuando la plaga intentaba reclamar mi mente, la vi.
Brianna me observa con cautela.
—Ha estado hablando de esto durante horas. Los sanadores dicen que es la fiebre, pero…
—No es la fiebre —protesta Ava—. La vi caminando a través de los espejos. Atravesando el cristal. Y donde pisaba, Alfa… la oscuridad retrocedía. La plaga no podía tocarla.
—¿Qué más viste?
—Luz. Brillaba como la luna llena. Como si estuviese hecha de luz. Y la plaga le tenía miedo, Alfa. El cristal que hay en mí le tiene terror a tu cazadora y sabe que has estado con ella.
Tu cazadora.
—Ava, yo…
—Es tu compañera —afirma, porque no es una pregunta—. En uno de los sueños estabais juntas. Luchando. Siempre luchando, pero también… completas. Como dos mitades de algo que siempre debió estar unido.
Brianna deja escapar un sonido ahogado. River maldice algo entre dientes.
—¿Dereck sabe algo de esto?
—Le conté la visión. No la parte de la compañera. Alfa, tienes que encontrarla. Tienes que traerla aquí. Ella es la clave —insiste, aunque cada vez le cuesta más hablar.
—¿La clave de qué?
—De todo. La plaga no es solo una enfermedad. Es una puerta. Alguien está intentando abrir algo, y tu cazadora es la única que…
Trata de seguir hablando, pero su mirada se queda vacía y se desploma.
Los sanadores entran corriendo. Nos sacan de la sala mientras intentan que Ava no nos abandone para siempre.
—¿Qué hacemos ahora? —pregunta mi hermana.
—Voy a traer a mi cazadora.