12 #3
—Me escribió el mes pasado. Bueno, más bien debería decir próximo compromiso. Es un alivio que las negociaciones con el príncipe Balior hayan salido bien. Será una pareja excelente para ti.
Mi inquietud aumenta aún más.
—¿Eso es lo único que has oído? —pregunto—. ¿Nada más?
Él me mira por encima del hombro, con curiosidad.
—¿Qué más debería haber oído?
Niego con la cabeza y desecho esa pregunta. Si Amir no sabe que estoy prometida con el Viento del Sur, no seré yo quien lo mencione. No ve con buenos ojos a Notos. De hecho, puede que lo desprecie más que yo. Jamás lo ha perdonado por haberme hecho tanto daño.
Mi hermano toma asiento en uno de los sillones orejeros junto a la ventana. Yo me siento frente a él. En tono quedo, pregunta:
—¿Cómo se encuentra padre?
Soy una princesa terrible y una hija aún peor. ¿Qué conozco yo realmente de mi padre, de mi propia sangre, aparte de su capacidad férrea para gobernar? Su salud mengua, pero no voy a visitarlo.
—Se ha mantenido estable desde que te marchaste, aunque últimamente no sale de la cama.
Amir aprieta los dientes. Tuleen y él han regresado pronto de su viaje debido a la salud cada vez más precaria del rey.
Padre debe enseñarle aún unas cuantas cosas a Amir antes de fallecer.
Hace tiempo que sabemos que su muerte es inminente, pero aún no estoy preparada para enfrentarme al hecho de que nos dejará pronto. Al igual que yo misma.
—Te pregunto porque mencionó en sus cartas que sigue habiendo perturbaciones cada vez mayores por todo el reino.
Yo vacilo.
—En los últimos tres meses ha habido un aumento significativo de avistamientos de umbrandantes. Padre tiene motivos para estar preocupado.
Según mencionaron algunos de los asistentes a los que oí hablar por los pasillos, han desaparecido dos personas del anillo superior.
Resulta bastante inusual. Los ricos viven en la parte más alejada de las puertas de la ciudad, pero, al parecer, un hombre y su hijo habían ido de excursión a una ciudad cercana y no regresaron.
—Padre afirma que tu matrimonio con el príncipe Balior podría acabar con los umbrandantes.
Asiento.
—Eso es lo que padre espera. —Y la excusa que le ha dado a Amir—. Aun así, creo que podríamos enfrentarnos a este problema nosotros solos, sin necesitad de ayuda de foráneos.
—¿A qué te refieres? La fuerza del príncipe Balior sería toda una bendición a la hora de erradicar a esas bestias. Si consiguieran entrar en la ciudad o en el palacio…
—Una de ellas ya ha entrado.
Él se sobresalta. Sus ojos se desorbitan, y aprieta las manos sobre los reposabrazos del sillón.
—¿Qué? ¿Cuándo ha sido y dónde?
Yo me encojo y me masajeo las sienes para aplacar el doloroso latido que siento en ellas.
—Fue en la biblioteca, hace algo más de una semana. Yo estaba llevando a cabo algunas investigaciones a deshora y uno de esos monstruos apareció y me persiguió por las estanterías.
Amir se queda boquiabierto. Si no se encontrase tan incómodo con este tema de conversación, yo me atrevería a decir que su expresión resulta divertida.
—Pero no resultaste herida, ¿verdad? —Me recorre de arriba abajo a toda prisa—. ¿Cómo escapaste? —Cada hueso curvado de su rostro se tensa rígidamente de pura incredulidad—. No pretendo ofenderte, pero no puede decirse que seas la persona más, digamos, atlética del mundo.
—Tú tampoco eres la persona con más, digamos, tacto del mundo, hermano. —Le dedico la más dulce de las sonrisas—. Tuve suerte. Estaba oscuro, y esas criaturas no pueden cambiar de dirección con suficiente rapidez.
Y también estaba Notos, por supuesto. De no ser por él, estaría muerta.
—¿Padre está al tanto de esto? —pregunta Amir.
La noche en la que sufrí aquel ataque, tenía intención de informar a padre de la presencia del umbrandante.
Pero en aquel momento era una mujer entre la espada y la pared, a punto de morir.
Me daba miedo que el príncipe Balior quisiese vengarse si descubría el motivo de mi repentino cambio de opinión.
Así pues, no dije nada. Aunque dio igual.
El rey Halim se enteró de lo ocurrido gracias a los guardias apostados en la biblioteca.
En cualquier caso, Notos regresó a la biblioteca más tarde aquella misma noche en busca de más umbrandantes, tras encargarse del cadáver del primero.
No encontró nada, aunque el archivista jefe casi perdió la cordura al ver la destrucción que se había desatado en la biblioteca.
—Por supuesto que está al tanto, Amir.
Mi hermano asiente.
—Bien. Aunque probablemente voy a pedir que se vuelvan a peinar los terrenos del palacio. No podemos permitir que esas bestias amenacen a tu prometido, ¿verdad?
«Ahora», pienso, ahora es el momento de mencionarle mis sospechas.
—Para ser sincera —empiezo a decir lentamente—, tengo ciertas reservas sobre el príncipe.
Amir se tironea de la barba y entrecierra los ojos interrogativamente.
—El príncipe Balior es un buen hombre. Honorable, de éxito, respetado. Aunque hayas oído chismorreos por la corte, te sugeriría que no les prestases atención. Ese tipo de rumores son capaces de pudrirte el cerebro.
Mi hermano tiene buenas intenciones, y yo lo quiero mucho.
Pero Fahim era la única persona con quien yo me sentía lo bastante a salvo como para compartir mis vulnerabilidades.
Fahim sabía bien que el palacio me ahogaba, estaba al tanto de mis ansias de aventura.
Y aun así, no pude reconocer su angustia hasta que fue demasiado tarde.
Sea como sea, hago lo que siempre he hecho. Esbozo una sonrisa; mis ojos se arrugan de alegría y humor. Entierro toda la presión que siento.
—Tienes razón —concedo—. No es propio de mí hacer caso a los chismes.