20
Una nueva historia
Llegó el tan esperado día, ese día donde la vería después de tantos años, después de tanto dolor, de tanta tristeza, ese día que espere y rogué porque nunca llegará de nuevo.
Mi razón, mi corazón y mi alma decían que no querían ir, pero mi cuerpo parecía que se controlaba solo y sin ninguna alma que le manejara, como si estuviera programado para estar con ella, como si siguiera su olor, su calor, su sabor y todo de ella.
Como si supiera que su lugar estaba al lado de ella, que sus brazos lo protegerian, su voz lo calmaría y sus besos penetrarían hasta la más profunda fibra de su interior.
Me dispuse a arreglarme lo más normal posible, y oler bien.
Me subí a mi auto y conduje, escuchando esa música que tanto me recordaba a ella, esa música que bailaba en el departamento y cantaba en la ducha, esa música con la que se concentraba para estudiar.
Siento que he bajado mis instintos por escuchar esta música, y que ahora me tornaré más vulnerable ante ella por todos los recuerdos que tenía guardados en mi corazón.
Cuando por fin llegué, ella ya estaba allí sentada en aquel bar en el cual acordamos vernos, sentada en el mismo lugar que nuestra primera salida juntos.
De lejos, la admire por al menos tres minutos, ella sin duda lucía radiante, con una enorme sonrisa, su mirada brillante, sus mejillas rojas y piel tersa y su enorme cabello.
Traía su cabello suelto y despeinado, una playera tipo polo negra.
Me acerque a Leah despacio y me pare frente a ella.
-¿Por qué tardaste tanto?- preguntó Leah.
-Primero que nada, hola ¿cómo estás?- replique
-Hola ¿cómo estás?- respondió Leah.
-Ven, y saluda me bien. -replique, alandola del brazo, para abrazarla y darle un pequeño beso en su mejilla rosada y suave.
-Y, ¿luego?- replicó Leah.
-Pues, tomemos una cerveza y algo para picar- conteste.
-No, ahora tengo ganas de ir a otro lado, ven sígueme- replicó.
Caminamos dos calles, y se acercó a un hermoso auto deportivo rojo, me dijo, ve anda súbete, y ella abrió la puerta del piloto, para manejar e ir a un hermoso lugar.
El auto era lujoso y hermoso, con una potencia infernal, y ella manejaba como si acabara de salir de un GAME.
En ese momento supe, que ya estaba perdido, perdido ante ella, ante su mirada, ante su locura, ante su cuerpo y ese olor que siempre se había quedado penetrado en mi cuerpo y mi memoria.
Ella vestía un pequeño short de mezclilla azul claro de esos que estan todos rotos y deshilachados, una camiseta tipo polo negra y unos tenis negros.
Traía el cabello suelto, despeinado, con flequillo, largo y ondulado.
Su cuerpo, había madurado, estaba mucho mejor que antes, sus piernas me invitaban a acariciarlas, sus labios rojos y carnosos, querían que los mordiera, su cuello me pedía que lo besara, y su mirada, esa mirada tan profunda y despierta me hizo perder toda armadura que llevaba.
-¿a dónde vamos?- cuestione.
-Oh, relájate Jerry y solo déjate llevar- contesto.
-Bueno pues, cuéntame de ti, en lo que yo conduzco. Platícame qué has hecho todos estos años, a qué te dedicas, quiero saber todo o al menos todo lo que tu quieras platicarme- replicó.
-Verás, me he dedicado a trabajar, a viajar y a construir un hogar- contesta.
-Y, ¿eso es todo?- refunfuño.
-Si, eso es todo. Qué más quieres que diga- agregue.
-Por ejemplo que me acosas, mandando miles de emails, que me has buscado algunas veces en mi casa y trabajo, que has consultado a mi hermano y amigos por mi. Cosas tan simples y tan mundanas como esas, mi querido Jerry- Comenta Leah, con el sarcasmo que le antecede.
-No, déjame decirte que yo no he hecho esas cosas que dices, bueno al menos hace muchos años para acá no lo he hecho. Quizá fueron mis amigos, que se quedaron muy molestos contigo por haberme roto el corazón y haber pisoteado como un tapete viejo y sin valor- respondí.
-Esta bien Jerry, no hablemos más del pasado, ese pasado tan doloroso y feo que nos acontece ya no importa más, mejor platícame todo de ti anda, quiero saberlo todo- respondió.
-Que todo, Leah, qué más te puedo decir. Yo soy muy aburrido, mi vida es muy aburrida, todo lo que me acontece es mundano y cotidiano, tan normal y aburrido que tengo una enorme paz mental -replique.
-Perfecto, mi querido Jerry -Respondió.
Mierda, ese carro se atravesó, casi choco, pero que le pasa aquel tipo tan idiota- refunfuño Leah.
-Tranquilízate y maneja mejor, solo respira profundo, no tenemos prisa -replique.
- ¿Quieres manejar tu, mi hermoso bebe? -pregunto.
-Si claro, apuesto a que lo haría mejor que tu y no estaría por chocar cada cinco minutos, o al menos no me pelearía con todo sujeto que va al lado mio o más despacio o más rápido, en fin apuesto lo haría mejor -respondí.
Típico de Leah, aceleró el coche, y condujo hasta estacionarse en un paradero, se bajó del vehículo y se dirigió al lado del copiloto donde iba yo, y me hizo bajar y conducir yo.
No podía ser más mandona, más sarcástica y a la vez mas tierna, con su vocecita tan dulce y enojona ordenándome bajar del auto y manejar, diciéndome esas palabras tan amables y a la vez tan sarcásticas, que mi mirada se derritió ante ella.
Su olor penetró mi alma, cuando se acercó a mí, por esas milésimas de segundos.
-Mira Jerry, solo sigue el mapa, y no preguntes nada más. Pero acelera, manejas como un anciano.
Al querer acelerar y cambiar de velocidad el auto se apagó, pues era estándar y yo estaba acostumbrado a manejar puro automóvil automático, Leah no paraba de reír y burlarse de mí.
-Enserio, no sabes manejar, no lo puedo creer, me da vergüenza -replicó Leah.
-Claro que se manejar, solo que tu automóvil no sirve- respondí.
El resto del camino ella no paraba de reír y quejarse de como estaba conduciendo.
Escuchar su risa, su sarcasmo y cantar, de verdad que me transportaron al pasado, aquel pasado donde éramos tan felices, donde jamás dejamos de reír, de bromear, de bailar, cantar y jugar.
Donde el tiempo no transcurría en vano, donde la vida y las pequeñeces valían la pena.
Pero al llegar al lugar, a donde nos dirigimos, no pude controlar el ponerme tan nervioso ya que recordé nuestros planes de boda, pues llegamos a una especie de viñedo sin lugar a duda estaba tan hermoso.
Al bajar del automóvil, y caminar por un enorme camino lleno de gravilla, ella tropezó, y yo como todo un caballero la sujeté en mis brazos.
Nuestros labios estaban a centímetros uno del otro, nuestros pechos estaban tan juntos que logramos escuchar nuestros corazones latir tan fuerte y rápido que parecía explotan, sus manos tenían rodeado mi cuello, esas manos tan suaves y tersas, su olor,
su calor y todo de ella me hizo perderme y no volver a tener esa cordura, esa madurez que con tantos años de terapia logré.
Y así estuvimos al menos cinco minutos mirándonos fijamente a los ojos, perdiéndonos en nuestras almas y reconociéndonos.
-Mierda, casi me caigo al suelo, gracias por sostenerme Jerry, pero ya me puedes soltar por favor- refunfuñe Leah.
-Si claro, disculpa -replique.
-Te gusta este lugar, aquí suelo venir en mis ratos libres, o cuando tengo que leer o relajarme un rato. Este lugar es como una especie de santuario para mí. Todo en uno, ya veras -comenta Leah.
-Pues qué tiene de especial, no puedo negar que es hermoso pero dónde está la magia- respondí.
-Oh cielos Jerry, espera y verás- replicó.
Y en eso tenía razón, como siempre Leah y sus lugares mágicos.
Era un hermoso y enorme viñedo, que tenía un salón de videojuegos, un spa y un hermoso restaurante.
Pero lo más especial de este lugar aparte de los mejores vinos que había probado en mi vida era aquella hermosa montaña donde se encontraba un enorme árbol y en él un columpio.
Después de recorrer todo el lugar en completo silencio, le propuse pasar al restaurante del viñedo a tomar un vino y comer pizza.
-Y cuéntame a qué te dedicas ahora- pregunté.
-Pues vivo en Rochester, Minnesota, soy una médico, y trabajo en un Mayo Clinic, me he especializado en el área de urgencias, siempre vivo al límite, cansada y con mucho trabajo, pero amo lo que hago, eso me da mucha paz y tranquilidad.
Vivo sola, y me he alejado de mi familia, amistades o todo lo que me recordaba esos viejos tiempos tan dolorosos.
No me gusta desenterrar el pasado Jerry, pero solo hoy estoy dispuesta a hablar de lo que tu quieras, pero eso si te digo, solo hoy.
Y quiero que sepas que jamás volveremos a vernos, ni hablar.
Puedes preguntarme lo que quieras- replicó.
-Me gustaría saber ¿cómo te encuentras?- pregunté.
-Que como me encuentro, que pregunta es esa querido Jerry- refunfuño.
-Esa es la primera pregunta que nos debimos de haber hecho, ya que no nos habíamos visto durante muchos años- replique.
-Veras, no lose, es difícil contestar eso, en general me encuentro tranquila y cansada, pero hoy día me encuentro con mucha energía pero algo ansiosa. Y tu mi querido Jerry ¿cómo te encuentras?- respondió.
-Yo me encuentro muy desconcertado, y debo confesar que también estoy un poco nervioso- conteste.
-Nervioso, ¿nervioso porque?, sí tampoco es que sea el lobo feroz y tu caperucita roja- ironizó.
-Tal vez no seas el lobo feroz, pero si eres Leah, y decir eso ya es mucho para mí- respondí.
- Pero, vamos Jerry, ahora me tienes enfrente de ti, puedes preguntarme lo que sea- dijo Leah con una voz tan sutil y temblorosa.
-Veras, tengo muchas preguntas, y si que las tengo. Pero empecemos por lo más importante, eres humana o eres un robot, y si eres humana, ¿qué es lo que corre por tus venas? acaso es atole, y eso que se llama corazón en los humanos el tuyo es de hielo, o no tienes- pregunté.
-Veras Jerry, lo mismo me preguntan mis colegas todos los días, por ello me he puesto a pensar en serio en la respuesta, y he llegado a la conclusión de que si soy humana, y lo que recorre por mis venas es sangre como cualquier otro humano y en tanto a mi corazón,
creo que llegue tarde a la repartición de corazones y en su lugar me pusieron un pedazo de hielo, o simplemente una roca- replicó Leah con el sarcasmo que le antecede.