Capítulo 36 #3
Un fuerte ruido del crujir de huesos volvió a alcanzar sus oídos. Movimiento. Tras un minuto eterno atravesando el pasillo, el final de este nuevamente lo llevaba a un entorno amplio. Estaba cerca del resplandor azul. Red continuó hasta escuchar un lamento gutural.
Allí, entre múltiples columnas, su rostro se volvió pálido al ver a una criatura casi o más espantosa que Marie sentada en un trono negro.
Era un ser colosal. Su cuerpo parecía una amalgama de huesos y tendones resecos, unidos en una figura esquelética que se elevaba con un aire horripilante, pero también con una macabra majestad.
Su torso era alto, estrecho y mostraba costillas abiertas como barrotes de una jaula vacía, y de su espalda múltiples prolongaciones óseas semejantes a alas quebradas o ramas de un árbol marchito surgían.
Su rostro era apenas una calavera alargada, que, a diferencia de Marie, pocos rasgos humanos tenía más allá de la hondonada de los ojos.
La criatura llevaba un vestido blanco que se fundía en una montaña de cráneos y esqueletos apelmazados, como si se hubiera fundido con todas las víctimas que devoró alguna vez.
El monstruo estaba bañado por sangre que parecía caer desde arriba.
Curiosamente, soltaba de vez en cuando uno que otro quejido mientras pintaba un cuadro de un castillo alzándose cerca de un viñedo.
En su mano izquierda sostenía la llave que tantos problemas había traído a Red y en una mesa cercana reposaba el corazón del Vile vine.
Cuando Red se acercó a la criatura, esta desvió la mirada del cuadro.
—Eres valiente... Nadie había llegado hasta acá... No desde hace mucho —dijo el extraño ser con una voz profunda, suave, seductora e hipnótica.
—¿Lylia?
La criatura lo ignoró. Dio un giro elegante de su tronco, luego estiró los brazos y múltiples flores negras aparecieron en el suelo acompañadas de animales silvestres que fallecieron al poco tiempo.
Red miraba confundido a aquella criatura espantosa, no entendía nada de lo que hacía o cómo lo hacía.
—Dame la llave ahora.
—La vida es hermosa, nos encanta hasta volverse una obsesión.
Algunos son fieles a sus principios, pero están vacíos.
Un hombre inició una familia, pero no volvió del bosque.
Un hechicero deseó erradicar la hambruna, pero murió de hambre.
Otros persiguen el amor y se les escapa siempre.
¿Qué te mueve a ti?... ¿Qué es lo que buscas? Ni siquiera tú lo sabes.
Cada instante que pasaba frente a la criatura llenaba a Red de una agonía insidiosa. Mientras seguía mirando con repugnancia, pudo notar cómo a ese ser le crecía un vientre hinchado y el vestido blanco empezaba a mancharse de rojo en el vientre.
—Conquistador de adversidades... ¿Qué harías si te dieras cuenta de que solo eres una pieza en el tablero de un dios?
—...
Red no respondió. El hedor abisal que rodeaba a la criatura lo había congelado.
—¿Qué harías si en el último movimiento una de tus piezas se opone a cumplir tus órdenes?
—Pensaría... en...
—¿Qué pasaría si la pieza tuviera un mejor plan que el tuyo? —interrumpió el ser, luego se levantó, agarró el corazón y dio unos pasos atrás hacia una gran fuente de sangre—. Tu llave, ¿acaso sabes siquiera lo que abre?...
Red siguió avanzando para ver cómo la criatura alzaba la fuente y bebía de ella como si esta fuera un tazón de sopa.
—Apoteosis —dijo la criatura—. Mi hijo abrirá la puerta, no un caballero aparecido que no resultó ser lo que dios prometió.
—Dame la maldita llave —dijo Red con determinación apuntando la espada hacia el monstruo.
—Mi hermoso hijo, nacido de la sangre —dijo el monstruo tocándose el vientre—. Solo hacía falta más sangre de los sacrificios y un último ingrediente... La sangre de alguien marcado por él.
—¿Qué te hace pensar que no la tomé mientras dormías? No tengo más uso para ti. Puede ser bueno.
El ser extraño se rio.
—¿Qué te hace pensar que no la tomé mientras dormías? No tengo más uso para ti. Solo estaba probando si eras digno de servirle a dios... O más bien a mi hijo.
La criatura dejó de tomar sangre y empezó a conjurar raíces. Eventualmente, unos árboles inmensos tocaron el techo de la cripta y pedazos de piedras cayeron de arriba. Red esquivó los fragmentos solo para ver que el monstruo de alguna forma había creado animales nuevamente. Diez lobos y un oso.
Red atacó a los lobos, acabando con tres de ellos, pero eran demasiados, lo habían rodeado. Afortunadamente, igual que antes, los animales fallecieron tras un tiempo solo para que el monstruo conjurara unos nuevos.
¡Una invocadora!, pensó.
La cripta se llenó de vida, mariposas, luciérnagas, conejos, ciervos, lobos, osos, tigres, lagartos. Todos duraban más con cada invocación. Red se cansó de lidiar con los animales e involuntariamente generó una nube de miasma negro que acababa con los animales que se acercaban.
La criatura atacaba utilizando la magia más hermosa que el antiguo caballero había visto. Él atacaba con la magia más oscura que había usado.
Los enormes árboles continuaban brotando y llegando hasta el techo de la cripta. Algunos de estos eran similares a los árboles áureos de Kala, sus hojas doradas generaban luz iluminando aquel lugar olvidado por los dioses hacía tantos años.
Cuando Red estaba a punto de llegar al espanto, este soltó la llave y el corazón un momento y generó brazos de sangre cubiertos de oscuridad con los que agarró al caballero por los pies y luego lo arrojó unos metros atrás.
El monstruo se inclinó para agarrar los objetos cuando un ser colosal lo empujó.
Dos colmillos, una trompa. Había escuchado de ellos, pero nunca los vio en persona. Un mamut de las nieves.
El mamut golpeó a la criatura múltiples veces y la pisoteó. Luego se convirtió en un ser delgado con alas que corrió a llevarse el corazón y la llave.
—¡Hambre! —gritó Red al ver al diablillo.
Hambre corrió hacia él y se colocó de pie torpemente.
—¡Los tengo! ¡Debemos irnos!
—Todavía no.
—¡Graghh! —balbuceó iracundo el monstruo levantándose y corriendo hacia ellos.
Los árboles finalmente crecieron y tocaron el techo completamente.
Arriba en la superficie, mientras se defendían de los espectros, los sobrevivientes pudieron notar que donde estaba la piscina de sangre, una gran grieta se quebró para dar paso a unos árboles antinaturales.
Ondrej se escondía en la casa de ladrillos rojos, esperando que la pesadilla pasara, cuando escuchó cómo los árboles brotaban del subsuelo; se dirigió a una de las ventanas cercanas y pudo ver a Thrain y otros soldados caer junto a la criatura de antes.
El semimono estaba aterrado, pero continuó buscando tesoros en aquel lugar sin éxito.
Hambre se convirtió en un Scark y empezó a despedazar a los animales que se acercaban. Red tiró una de sus espadas para poder sostener la llave azul en la otra. La criatura conjuró una guadaña de oscuridad y corrió a atacar al colibrí.
Tras un breve pero intenso intercambio de golpes, ambos miraron hacia arriba y vieron caer a algunas personas a su muerte. Thrain, hábilmente, agarró las raíces de algunos árboles cercanos y empezó a descender. Marie cayó unos metros cerca de Red, quebrada por la mitad.
Mientras las chispas del choque de sus armas se encendían una y otra vez, Red notó que la regente, aun sin piernas, se seguía moviendo hacia él. Todo se veía mal. Pero cuando la luz de la luna penetró en el fondo de la cripta, se veía peor.
—Carneeeeee.
—Lylia, bastardaaaaa.
—Te arrastraremos con nosotros…
—Theresa.
La turba de espectros enojados se acercó a ellos.
No vienen por mí, pensó.
La criatura esquelética ahuyentó a los espectros con su guadaña, pero estos se llevaron su brazo derecho. Sorpresivamente, dos espectros se quedaron junto a ella.
Viendo que la derrota era próxima, el torso de Marie se puso «de pie» gracias a sus manos anilladas y, conjurando un nuevo trinche, dio un golpe en el suelo. Todos los presentes tanto arriba como abajo escucharon un fuerte zumbido en los oídos por unos instantes eternos.
Esa noche, inexplicablemente la media luna se volvió luna llena.
Mientras los sobrevivientes, incluyendo a Red, yacían tirados en el suelo, Marie se arrastró hacia la criatura que había sido Lylia.
—Maestra, ¡es hora!
Lylia no respondió. Solo miraba hipnotizada a la luna llena mientras la mancha roja en el vientre de su vestido blanco se hacía más y más grande.
Red se colocó de pie y miró a los dos seres horripilantes, listo para volver a atacar.
Pero su sorpresa fue infinita cuando la más grande de las dos, Lylia, junto a dos espectros a su espalda, volteó a Marie con un brazo de sangre conjurado y con un corte de su guadaña le cortó los dedos de ambas manos.
—Je, je, te diste cuenta... —dijo antes de deshacerse en polvo.
El colibrí se acercó a la criatura con cautela sosteniendo su espada firme. Pero el ser no se movía. Solo miraba vacíamente. Inesperadamente, alzó su mano huesuda y espantosa y agarró la mano de Red, guiando su espada hacia su propio vientre, causando un pequeño río de sangre.
Red notó al instante cómo las cuencas de sus ojos tomaron un bello color verde antes de apagarse, y poco después, los espectros la arrastraron.
Red ayudó a los pocos sobrevivientes junto a Thrain los cuales subieron a la superficie, pero antes de subir también, buscó a Lylia junto a Hambre para asegurarse de que estuviera muerta, no la encontró. Nadie volvió a ver jamás a esa criatura.
Cuando ambos estaban a punto de irse, un llanto pudo oírse.