El viaje del colibrí Capítulo 36 #2
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Capítulo 36 #2

Las brujas estaban enojadas. Los hombres corrían de frente; la adrenalina en sus corazones los hacía actuar imprudentemente.

A pesar de llevarse algunas de ellas, fueron tomados por sorpresa cuando de sus manos relámpagos encadenados empezaron a ser lanzados.

Red podía sentirlo, los rayos. Magia de sangre.

En medio de la incursión, Ondrej, el mico, conservaba la distancia disparando con una ballesta. Los números del grupo empezaron a caer rápidamente. Las brujas iban ganando. Red seguía encarando a la bruja con su espada oscura, pero esta lo ignoró y regresó al centro de la aldea, al altar.

—Vuelve a tu lugar.

Las brujas también empezaron a devolverse al centro mientras seguían disparando rayos a los invasores.

Red corrió hacia la anciana y decidido la apuñaló por la espalda.

En el frente, Thrain movía su hacha de un lado a otro, acabando por su cuenta con seis de ellas. Los guardias restantes siguieron avanzando.

—¡Tonto! —dijo Marie jadeando—. ¡Entiende de una vez por todas! No puedes detenerlo.

Red se levantó y corrió hacia el altar a agarrar el corazón, pero sintió que algo le había agarrado la pierna.

—Espera...

La mano en su pierna era una mano arrugada, esquelética, llena de anillos.

Se dio vuelta para observar a Marie. El cuerpo de la anciana se había vuelto irreconocible, una criatura esquelética, alta, pálida, jorobada y con un agujero oscuro donde la apuñaló, aún usando el vestido rojo de la anciana.

Los guardias miraban horrorizados a la criatura, la cual no perdió tiempo y conjuró un gran trinche rojo con el cual golpeó el suelo. Al ver a la criatura Ondrej se dio cuenta que venir había sido un error. Mientras todos tomaban posiciones defensivas, el semimono salió corriendo a ocultarse.

Tras lo anterior, en todo Campo Verde e incluso en Mystat, un fuerte terremoto pudo sentirse. Las mujeres embarazadas de la aldea empezaron a convulsionar. Se agarraban el vientre, gritaban del dolor y maldecían.

Segundos después, la criatura que había sido Marie conjuró manos de sangre que arrastraron sus cuerpos hacia el centro de la aldea donde reventaron sus vientres y la sangre en su interior se derramó en la piedra.

—¡Él viene! Serán testigos del verdadero horror.

Red miró al espanto y encendió una espada oscura en su mano derecha y golpeó al estirado monstruo, quien se defendió con su trinche.

Las mujeres seguían avanzando como poseídas hacia el círculo donde sus vientres estallaban. Los guardias se acercaron hacia el círculo a ver a Red combatir con aquel ser que se escapaba de su entendimiento.

—¡Tres! —gritó el espanto.

Marie ondeó sus brazos largos y acabó con múltiples guardias.

Red seguía atacándola, pero como si se tratara de un baile esta solo retrocedía.

La criatura golpeó a Red dirigiéndose a su rostro, pero este la desvió con la espada de llamas oscuras.

El antiguo protector real podía sentirlo: el poco peso del arma conjurada o la ausencia de este al dar golpes lo hacía luchar torpemente.

Las mujeres seguían llegando y reventándose, formando una piscina de sangre.

—¡Dos!

—¿Está contando? —preguntaron múltiples guardias.

Los guardias seguían intentando atacar a la criatura. Algunos golpeándola con éxito. La criatura soltaba ocasionalmente gritos de dolor, pero seguía atacando. Red aprovechó esto y agarró dos espadas y tomó una posición ofensiva.

Los esfuerzos eran fútiles, del grupo atacante solo una décima parte seguía de pie.

Thrain se colocó al frente y empezó a intercambiar golpes con el monstruo.

El enano era un maestro del arte de la guerra.

Ciento veintiséis años entrenando no podían ser subestimados.

El enano saltó apoyándose sobre el cuerpo esquelético de la criatura y logró propinarle golpes en la quijada y en la clavícula izquierda a Marie.

Era rápido. Apenas esta podía bloquear con éxito.

Harta, la bruja conjuró un segundo trinche.

Lanzó un golpe con el brazo derecho. Thrain lo esquivó agachándose, su pequeña altura le daba ventaja.

Lanzó un golpe con el brazo izquierdo, pero Thrain dio un paso rápido hacia la izquierda.

Finalmente, el enano le iba a propinar otro golpe cuando fue sorprendido por un golpe por la espalda.

La criatura había conjurado un brazo de sangre.

Ya nadie del grupo estaba de pie o en condiciones para encararla.

—¡Un...!

—¡Dos! —dijo Red, haciendo que Marie se volteara.

Red miró fijamente a Marie a las cuencas de los ojos de su cabeza esquelética, donde unos ojos rojos le devolvían la mirada y encendió su espada derecha en fuego y la izquierda en oscuridad.

Marie conjuró un par de brazos de sangre adicionales para golpear a Red por la espalda, pero este los esquivó rodando y corrió hacia la bruja.

Luego Marie dio un golpe hacia delante con el trinche derecho y un golpe giratorio con el izquierdo.

Red dio una voltereta con el primer golpe y bloqueó el segundo.

Mientras los brazos largos de Marie le daban ventaja de alcance, también hacían que dejara ventanas para que Red pudiera contraatacar.

Luego de estos ataques iniciales, Red empezó a lanzar ataques a distancia disparando llamas a la criatura. Marie bloqueó varios ataques, pero tras la primera oleada de llamaradas pudo notar cómo los harapos de su vestido rojo empezaron a arder.

Enojada, la criatura empezó a aumentar el ritmo. En ese momento, lanzó una rápida sucesión de siete golpes con cada brazo, incluyendo los dos adicionales.

La piscina de sangre cada vez era más grande. Red esquivó la primera tanda y atacó, bloqueó la segunda y tercera tanda y atacó. Cuando la cuarta tanda vino en camino, golpeó el brazo de sangre, el cual se reventó. La criatura seguía ardiendo. De vez en cuando soltaba un grito aterrador.

Thrain veía cómo este hombre parecía estar bailando con el monstruo. Esos movimientos gráciles, podía jurar haberlos visto antes.

Luego de reventar el tercer brazo, Red lanzó una lluvia de fuego a la criatura que empezaba a moverse más lento. Cuando esta se había detenido, este se acercó y le propinó otro golpe en el pecho, causando que cayera al suelo y empezara a retorcerse por todas partes hasta caer al pozo de sangre.

Red caminó al altar a agarrar nuevamente el corazón, pero otra vez fue agarrado por un brote de rosas negras.

Era Lylia, había vuelto.

Marie sacó la cabeza del pozo brevemente y dijo:

—Umbra caedis.

Red y los pocos guardias con vida vieron cómo el fuego de la espada derecha de Red, las llamas de las casas y todas las otras fuentes de luz empezaron a apagarse hasta que la oscuridad absoluta reinó en Campo Verde otra vez.

—Carneeeee.

—Theresa…

—Muereeeeee

Incontables sombras espectrales como aquellas que había visto Red anteriormente perseguían a los guardias y, más importantemente, a Lylia, que salió corriendo con el corazón en las manos hacia la cripta.

—¿Qué esperas? ¡Ve por ella! —gritó Thrain mientras su hacha de plata encantada lo defendía de los espectros.

Red agarró fuertemente la espada y cortó el brote de rosas que lo atrapaban, luego, corrió de prisa hasta la cripta donde la puerta cerrada lo detuvo por unos segundos hasta que su espada encendida en llamas negras cortó el hierro de esta.

La cripta estaba desorganizada. Red buscó a Lylia por todas partes, pero era como si hubiera desaparecido. Estaba allí, solo con los cuadros del elfo y las tumbas antiguas.

—Se escondeee...

—Abajo…

—Carneeeee.

Red abrió múltiples tumbas hasta que eventualmente abrió una que tenía unas escaleras que descendían a un abismo más oscuro que Campo Verde ahora mismo, si eso era posible.

Descendió por las escaleras por varios minutos.

Bajar aquellas escaleras solo podía ser descrito como claustrofóbico, pero al llegar al final de estas una gran cripta daba paso a un ambiente demasiado amplio.

Red leyó la inscripción al entrar: «Cripta de la familia De Ambrosía».

Al iniciar su camino por la amplia cripta, Red no pudo evitar leer algunas de las lápidas que aún podían entenderse en la cripta.

Magno Adrasto De Ambrosía I, El invencible, primero y único en su nombre, que los siglos recuerden no solo su fuerza sino también su ambición.

Cassian Nikandro De Ambrosía III, El guardián de los inviernos, quien sostuvo el reino bajo el hielo y la escarcha de los días más duros.

Valeria Marcelina De Ambrosía, protectora de los suyos, cuyo amparo fue refugio en días de guerra y escasez.

Leontius Varian De Ambrosía II, cuyo hierro y voluntad desafiaron la historia. Cayó finalmente ante Mazav Avid, no por falta de coraje sino por el peso del destino.

El colibrí se dio cuenta de que estaba en un lugar muy antiguo e importante. Aún en la prisa que lo abordaba, no pudo evitar notar cómo tres de las tumbas estaban demasiado cuidadas, como si alguien las cuidara. Incluso tenían retratos.

Boramir Theo De Ambrosía II, El guardián de la paz, que su memoria perdure, no por victorias en batalla sino por la paz que sostuvo con mano firme.

Callista Eleonora De Kala, flor de otro reino cuyo corazón unió dos tierras.

Lylia Theresa De Ambrosía, la dama que en el tiempo se perdió, un eco suave en la bruma fiel. Esta última tumba estaba entreabierta, vacía.

Confundido por el nombre, Red leyó el nombre varias veces. Luego dirigió su mirada hacia la pintura cercana. La mujer joven era idéntica a Lylia. Lo único distinto eran los brillantes ojos verdes en el retrato, muy distantes del color gris que Red conocía.

Red continuó avanzando hasta que encontró a Lylia tirada en el suelo. Se acercó con precaución a la mujer y con la espada como si fuera un palo la tocó para comprobar que no estuviera muerta. La mujer no se movió. Estaba completamente inerte.

El sonido de unos huesos crujiendo en la distancia interrumpió el momento.

Caminó directamente hacia el origen del ruido luego de verificar que Lylia no tenía el corazón del Vile vine y pudo percibir a duras penas una fuente de luz, un resplandor azul familiar.

Continuó caminando por un largo pasillo oscuro hasta que notó manchas de sangre recientes en el suelo.

—¡Lylia! ¡Sal de una vez! —dijo mientras avanzaba.