El viaje del colibrí Capítulo 29 #2
70%

Capítulo 29 #2

Red dejó de agarrar la espada con dos manos y empezó a lanzar llamas de su mano izquierda. Veroxia no sabía de dónde sacaba tantas fuerzas este caballero vagabundo. Pero no iba a dejar que lo derrotara.

Las llamas de Red consumieron el suelo que inicialmente había sido quemado y luego congelado finalmente convirtiéndolo en cenizas.

Lanzó una estocada de frente, pero Veroxia creó un escudo de hielo y le lanzó otro proyectil a Red, llevándose su hombrera izquierda.

El escudo se convirtió en un pilar de hielo que atrapó la espada de Red.

Inmediatamente después, mientras su oponente se tambaleaba, el hombre de hielo se colocó a su espalda listo para apuñalarlo y matarlo. Esta vez para siempre.

El colibrí quemó el glaciar rápidamente y volteó a tiempo para bloquear el golpe.

La fuerza del impacto envió las armas que empuñaban en direcciones opuestas.

Pensando rápido, Red agarró el machete de Veroxia, quien a su vez agarró la espada de Red, y tras un par de ataques de ambos con las armas intercambiadas, los movimientos de ambos se volvieron más lentos.

De repente algo de sangre empezó a salir de la nariz de Veroxia.

—¡Vas a enterarte de qué pasa cuando me hacen enojar, basura!

—¿Hacerte enojar? ¡Te cortaré la cabeza como a tu hermano! —Red le dio un cabezazo y Veroxia retrocedió. Justo después empezó a sacar grandes pilares de hielo que crecieron rápidamente con ambos hombres a bordo.

Elevados ahora por encima de los árboles, Red pudo apreciar el bosque entre Mystat y Campo Verde teñido de blanco.

Veroxia presionaba con la intención de tirarlo a su muerte, pero Red se defendía con el machete.

Los cristales gélidos generados por el del escorpión eran grandes y eran demasiados.

La ráfaga de cristales era imposible de bloquear adecuadamente con el peso del machete.

Con una sonrisa en el rostro Veroxia vio cómo los proyectiles se acercaban a su enemigo, pero esta desapareció cuando vio a Red conjurar una fugaz capa de fuego que consumió su hielo y posteriormente desapareció.

Harto de la duración del enfrentamiento, Veroxia corrió hacia Red y le dio unas patadas voladoras haciéndolo caer del pilar.

Aliviado, el rival de Red se acostó sobre el hielo de su glaciar.

Inesperadamente el glaciar comenzó a derrumbarse.

Veroxia, preocupado, se acercó al borde y vio cómo el hombre de fuego se había agarrado del hielo con el machete y estaba derritiendo el hielo con el arma encendida en fuego.

El pilar se hizo inestable; finalmente se derrumbó. Veroxia creó un bloque de hielo enorme que se derritió en agua al caer, salvándolo de la derrota. Observando esto, Red lanzó un torbellino de fuego que hirvió el agua, forzando a su oponente a salir gritando del dolor.

—¡Grahh! ¡Maldito bastardo! —dijo un muy rojo Veroxia antes de lanzar él mismo un torbellino de escarcha.

El suelo empezó a congelarse nuevamente y los árboles restantes empezaron a caer. De repente, algo inesperado ocurrió.

Ambos torbellinos se disiparon, dejando una escena particular. Medio bosque de fuego y medio bosque de hielo.

Red aprovechó la distracción y agarró su espada, sosteniendo así ambas armas blancas.

Veroxia conjuró una lanza de hielo y la iluminó en una segunda capa de la magia de hielo más hermosa, la cual no debería ser jamás poseída por alguien como la tenaza del escorpión, y luego, para sorpresa de Red, conjuró otra lanza en su mano libre, una de fuego.

—¡Ven acá, colibrí!

Los ataques duales de lanza eran imparables. Red no se molestó en bloquearlos, solo los esquivó.

El fuego de Veroxia ardía intensamente, pero sin control. El calor que se sentía en el bosque hacía que múltiples aves que aún escapaban de este cayeran desmayadas al suelo hacia su muerte.

La longitud de su arma le daba ventaja y a pesar de que su control del fuego no era el mismo que el de su hermano, el manejo de ambos elementos también lo colocaban en la delantera.

Red lanzaba desesperados ataques de fuego, pero por cada proyectil de Veroxia creaba una barrera de hielo y contraatacaba con un proyectil de fuego.

Cansado de la dirección de la pelea, Red lanzó el machete hacia su rival, quien realizaba una embestida, y cortó la punta de la lanza de hielo.

Veroxia lanzó la lanza de fuego a los pies de Red. Retrocedió un segundo y conjuró una gran hoz de hielo.

Con la hoz en mano, el hombre vengativo continuó su ofensiva.

La pelea llevó a ambos hombres a una zona con muchos árboles que entorpecían el combate cuerpo a cuerpo.

Red esquivó los golpes logrando atascar la guadaña en el tronco ardiente de uno de los árboles, pero este se congeló al instante y luego explotó en llamas quemando ligeramente la bota izquierda de Red.

Red bloqueó un golpe tan fuerte como veloz de Veroxia, pero se sorprendió al ver cómo su espada se cristalizó y luego se rompió.

Evadiendo hacia atrás, en peligro, Red decidió saltar con ayuda de las llamas encima de su enemigo, dándole múltiples pisotones antes de que se reincorporara, y luego lanzó una fuerte llamarada con ambas manos que asombrosamente disipó la lanza de fuego de Veroxia.

Desarmados de nuevo y otra vez al borde de una parte no congelada del río, sobre un risco elevado, ambos hombres cansados decidieron resolver esto como en los tiempos antiguos, con sus propias manos.

Veroxia congeló sus puños y lanzó dos golpes alcanzando exitosamente a Red.

Tambaleándose, Red resistió y contraatacó con un golpe a la cabeza de su rival, quien conjuró un escudo, causándole dolor al encontrarse con el muro de hielo.

Veroxia continuó su opresión forzando a Red hasta encontrarse de espaldas al río que empezaba a desbordarse.

El colibrí recibía golpe tras golpe, resistiendo por poco el caerse al agua.

Encendiendo una mano en llamas y otra en escarcha, Veroxia intentó agarrarle la cara a Red para hacerlo pagar por marcarlo, pero Red lo evadió y la tenaza se tropezó. Aprovechando esto y viendo que cada vez el caudal se desbordaba más, se alejó del borde torpemente.

Desde el suelo, Veroxia conjuró otra vez una hoz y lo agarró, haciéndolo caer junto a él y congelando su pie izquierdo. Apresurado por temor a lo que podía pasar si no lo hacía, Red encendió su pierna en llamas y acabó con el hielo.

Veroxia se colocó de pie y creó una afilada punta helada en cada una de sus manos, pero Red lo empujó con ambas piernas en llamas.

Ambos se colocaron de pie cansados y notaron cómo la sangre salía de la nariz y de los ojos del otro.

—¡Muérete ya! —gritó Veroxia.

Red caminó hacia él y con una espada conjurada de fuego intentó cortarle la cabeza, pero este nuevamente conjuró escudos de hielo.

Siempre sale con lo mismo, pensó Red.

Mientras agitaba su roja y llameante espada, Red recordó algo importante.

Lo necesitarás para cuando despiertes.

Red recordó su paso por la muerte y sus visiones al abrir la puerta del castillo de Thuron. Muerte y destrucción. En ese momento, como si fuera un reflejo, extendió su brazo izquierdo.

—Carneeeeee.

Decenas de espectros salieron de su mano devorando el hielo y separando ligeramente el antebrazo izquierdo tatuado de Veroxia.

Red escupió sangre, su rostro estaba cubierto del fluido vital. Sintió que sus piernas perdían fuerza, y finalmente lo hicieron.

Veroxia, adolorido, encendió la sangre que salía a chorros de su casi cercenada extremidad y los espectros se disiparon.

—¿Crees que eso es todo? ¿Crees que tu fuego y tu otra mierda me asustan?

Tu llama no arde más que la mía y por supuesto no arde más que la de mi hermano.

Abre bien esos ojos, el viaje acaba aquí —dijo Veroxia conjurando una última lanza de hielo para perforar el corazón de su rival que yacía en el suelo indefenso.

De repente, los espectros que habían sido disipados regresaron una vez más y lo agarraron, extendiendo sus manos espectrales desde el suelo, arrastrando a Veroxia con éxito.

Un Red casi acabado aprovechó la oportunidad; se levantó y conjuró una espada de llamas tan luminosas que despertaron algo en Veroxia. Un miedo primigenio. El miedo al fuego.

Con un último golpe, Red terminó de cortar el antebrazo de Veroxia y, con una patada final, lo empujó al río, finalizando su pelea.

Inmediatamente después, Red observó el resto de la plataforma de piedra donde estaba el cuerpo del Vile vine quebrarse, enviando el cadáver del monstruo también al agua y, por ende, la llave y el corazón del monstruo.

Agotado, Red se tiró al suelo. Ya habría tiempo para pensar en eso más adelante.