El viaje del colibrí Capítulo 29
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Capítulo 29

Fuego contra hielo

Riga abrió su portal a un Belén totalmente redecorado por la destrucción causada por Damien y el druida Galavan; las instrucciones de Azam eran claras, averiguar qué pasó con Damien, el aguijón del escorpión. Sin embargo, un desesperado Veroxia había acudido para buscar a su hermano menor.

—Ya te dije que lo busqué, pero no está en ninguna parte, quizá él...

—¡Maldición, Riga! Cierra la boca, no digas ni una palabra más. Está aquí, lo sé. Mi hermano no moriría en este lugar de mierda. ¿Acaso crees que un granjero o un leñador podrían acabar con él?

Riga se agarró el cabello y empezó a enrollarlo de los nervios. Veroxia siempre le había parecido el miembro más desquiciado del grupo, por decirlo de una forma.

Tras un par de horas buscando, Veroxia finalmente llegó al borde sur de Belén donde halló los restos, medio devorados por los espectros, de su hermano Vastum.

Lo único que quedaba de la primera pata del escorpión era un torso mutilado con la espalda llena de cicatrices que conocía y una cabeza no muy lejos, evitada por los espectros como si de comida podrida se tratase.

Con un dolor inmensurable, Veroxia agarró la cabeza de su hermano y la cubrió con su capa. De repente, lágrimas comenzaron a brotar de sus verdes ojos.

—¿Quién? ¿Quién me quitó a mi hermano?

De repente, un niño pálido de cabello ceniciento con una cicatriz en el rostro, de unos doce años, se acercó lentamente con un cartel de se busca, el cual previamente había arrancado de las manos muertas de un guarda de Mazavid.

—Fue él.

Ahora, meses después, Veroxia no había logrado su venganza.

El asesino de su hermano estaba muerto, pero no por su mano, y no importaba cuántas puñaladas le propinara al cadáver, su sed no había sido saciada.

Frustrado, el desquiciado miembro de la banda del escorpión lanzó su machete hacia un árbol cerca de las estatuas de hielo de los guardias.

Veroxia arrastró el cadáver hasta una piedra grande del bosque en llamas y le extendió las extremidades. Era el sujeto del cartel de se busca. El ladrón de la llave que Azam buscaba. Podría volver con el maestro y entregarle el objeto, pero primero se quitaría un mal sabor de la boca.

—No te ves particularmente fuerte —dijo Veroxia—. ¿Qué clase de truco sucio usaste para superar a mi hermano, sabandija?

Una vez el cuerpo estaba en posición, Veroxia se alistó para iniciar el sacrificio a su diosa, Verozia, la razón de su nombre. La madre sin forma. Ahora, ligeramente más tranquilo, el escorpión dio vuelta y caminó hacia las estatuas de hielo para recuperar el machete que había tirado.

En el camino de regreso, Veroxia escuchó un jadeo, como si alguien tomara una bocanada de aire.

¡Por las barbas de Dalhir!, pensó Hambre mirando la escena con sus propios ojos.

—Un muerto que vive —susurró emocionado, casi soltando a Ondrej, el caracol, al quedarse perplejo.

Red miró su pecho, su atuendo estaba destrozado por incontables puñaladas, pero se sentía mejor que nunca.

Miró sus manos y notó que incluso las marcas de la magia de sangre habían desaparecido.

Los dolores en la espalda y la rodilla eran historia.

Confundido por despertar sobre una piedra, se levantó y sacudió el polvo que llevaba encima y echó un vistazo a su entorno.

Estaba en la plataforma de piedra, el cuerpo del Vile vine era prueba de ello, pero no había rastro de Elara.

Hacía frío, y teniendo en cuenta que generó un incendio antes de morir, esto no tenía sentido.

Lo más extraño, sin embargo, era que quien lo arrastró hasta la piedra no parecía estar interesado en la llave, pues la había dejado junto al monstruo.

Hambre estaba a punto de acercarse al caballero, pero el regreso del desconocido usuario de magia de hielo hizo que lo pensara dos veces.

—¿Qué demonios? —dijo Veroxia.

Red volteó y se alejó lentamente hacia atrás, intentando acercarse al cadáver del Vile vine sobre el cual reposaba su improvisada espada. Veroxia a su vez avanzaba lentamente.

—Red Blades...

—...

Veroxia soltó una carcajada.

—¿Quién eres?

La risa continuaba. Veroxia avanzaba con su cuchillo ceremonial, que de cuchillo tenía muy poco pues por su tamaño y forma decirle machete sería más adecuado.

—¿Qué quieres?

Repentinamente, la risa se detuvo.

—Vine por tu cabeza —dijo Veroxia seriamente. Luego de su declaración cortó un trozo de la tela de su brazo izquierdo revelando un tatuaje de un escorpión.

Red torció su mirada. Avanzó rápidamente a la espada con la que combatió contra la planta y tomó una posición defensiva.

—Imagina mi decepción cuando descubrí que habías perdido la vida minutos antes de mi llegada por la mano de una criatura salvaje y mi alivio al saber que volviste de la muerte solo para morir enfrentándome —Veroxia siguió avanzando ahora más lento—.

Mataste a mi hermano y profanaste su cadáver.

—El miembro del escorpión estiró su arma—.

Veroxia Estelar. Tenaza izquierda del escorpión...

Solo quiero que sepas el nombre del hombre que va a derrotarte.

—El último de ustedes que se presentó ante mí de esa forma perdió la cabeza.

¿Ese perdedor era tu hermano? —dijo Red avanzando y estirando la espada de vuelta—.

¿Te quité a tu hermano, eh? ¿Acaso sabes lo que los tuyos hicieron en esa aldea?

¡Ja! ¿A cuántos hermanos han separado?...

¿A cuántas reinas han asesinado? No eres el único que sufre.

Está claro que no te importa. Tu hermano se rindió ante mí y me suplicó que le perdonase, pero yo le corté la cabeza y lo volvería a hacer si lo tuviera frente a mí.

—¡Hijo de puta! —Veroxia se lanzó de frente al mismo tiempo que Red.

Las armas chocaron.

Inmediatamente un abanico de golpes de lado a lado hizo volar muchas chispas. Golpes veloces, imposibles de bloquear por cualquier otro soldado. Red no retrocedió, Veroxia tampoco. Solo había una palabra para describir el encuentro. Odio.

Veroxia lanzó una serie de machetazos encadenados al brazo derecho de Red, luego al izquierdo, luego a su cabeza y por último una estocada a su pecho, pero todos los ataques fueron bloqueados.

La destreza de su oponente era innegable.

Red empezó a atacar haciendo retroceder a su rival.

Veroxia se enojó y empezó a dejar más ira en cada golpe.

Sus golpes eran tan fuertes que la espada vibraba ferozmente.

Red se tambaleó luego de bloquear una serie de seis golpes sucesivos, pero en el momento de la verdad dio una voltereta evasiva a la derecha.

Veroxia corrió hacia él para patearlo en la cara, pero con una finta con su espada Red lo hizo perder el equilibrio y bañó su hoja en una gota de sangre.

Era un pequeño corte en la mejilla izquierda.

Pero la cantidad no era lo que importaba sino el daño al orgullo de su oponente.

No obstante, una pequeña gota también brotó de su mejilla derecha.

Veroxia se calmó un poco y entre jadeos dijo:

—Está claro que nuestro problema no puede decidirse por nuestro manejo con la espada —sus manos se encendieron en un resplandor de escarcha blanquecina—, pero sí por nuestra magia de sangre.

El usuario de hielo tocó el suelo y una onda congelante avanzó hasta los pies de Red, quien, antes de ser alcanzado, dio un golpe con el pie en llamas deteniendo su avance.

—Estoy... de acuerdo —dijo Red lanzándole un proyectil de fuego desde la punta de su dedo índice.

El usuario de hielo empezó a conjurar pilares glaciares afilados en el suelo. Red empezó a esquivarlos recordando el brotar de las espinas de su anterior batalla y encendió su espada en llamas.

Veroxia esquivó los proyectiles y lanzó de sus manos una lluvia de estalactitas que Red empezó a desviar con destreza.

El hombre de hielo lanzaba ataques sin parar mientras retrocedía.

Con el paso del tiempo Red empezaba a bajar el ritmo agotado por el bloqueo de proyectiles de frente y debajo.

Avanzando lentamente Red notó que los proyectiles también venían de arriba.

Una lluvia de estalactitas se acercaba. Improvisando, Red empezó a elevarse ligeramente sobre el suelo con superficies fugaces de llamas en sus pies y corrió de frente hacia Veroxia, que lo miró impresionado.

Los dos hombres habían retrocedido tanto que estaban al borde del río que pasaba debajo de la plataforma de piedra, que había sido congelada. Red estaba por llegar. Veroxia le lanzó un proyectil de hielo que le desprendió la espada de las manos y la hombrera derecha. Desarmado, Red siguió avanzando.

Veroxia lanzó otro proyectil y en ese mismo momento Red lanzó otro, chocando ambos y cancelándose mutuamente. Veroxia avanzó con su machete, pero Red también se lo desprendió de las manos con un proyectil.

Red se lanzó sobre Veroxia y empezó a darle múltiples puñetazos encendidos en la cara.

Finalmente le agarró el ojo izquierdo y quemó la mitad de su rostro.

Sacudiéndose del dolor, Veroxia conjuró una lanza de hielo con la cual hirió a Red cerca del costado izquierdo, forzándolo a separarse.

Red se levantó y lanzó un derechazo a Veroxia, pero este lo esquivó y corrió hacia el machete.

Separados por mucho del Vile vine y la llave, Red alcanzó su espada y lanzó un pisotón directo a una porción del suelo de piedra congelado previamente por Veroxia, quebrándolo y haciendo que él y su rival cayeran al empedrado río.

Arrastrándose hasta una de las piedras, no perdió el tiempo en revisar su herida cerca del reborde costal izquierdo, por fortuna, no era profunda.

Veroxia, empapado e iracundo, congeló de inmediato el agua. Caminó hacia Red y lo empujó hacia el congelado bosque. Con el colibrí en el suelo, la tenaza del escorpión se acercó con medio rostro deformado y dijo:

—Un colibrí contra un escorpión no podía terminar de otra forma.

Red elevó ambas piernas y lo empujó, levantándose rápidamente y tomando una postura ofensiva.

La espada ardió como nunca y Red atacó a Veroxia, pero ahora fue el turno de este de hacer una voltereta evasiva.

Los ataques de Red eran veloces. Sus movimientos hacían parecer que la llama tenía voluntad propia. Veroxia caminó hacia atrás evadiendo sus golpes, pero para Hambre parecía más que estuviera bailando.