El viaje del colibrí Capítulo 25
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Capítulo 25

Perseguida

—Ya sé, solo debo intentar aquel conjuro —dijo Elara con las manos llenas de la sangre de Red.

La hechicera intentó recordar las clases que la maestra Minerva les daba en Mazavid hace varios años, pero la magia sanadora nunca había sido el fuerte de las doncellas colibríes. Demasiada oscuridad las rodeaba.

—Pulso, aún hay pulso —dijo Elara, engañándose solo a sí misma.

Hambre la vio y sintió lástima por ella.

—Niña, no creo que…

—Cállate, diablillo, cállate. Lo voy a salvar.

Elara no entendía razonamiento y no podía contener las lágrimas.

Mientras tanto, Ondrej miraba a la mujer intentando curar a un cadáver con…

No era lástima, era vergüenza ajena, pero también era algo más, sabía que era su oportunidad para robarse tanto la llave como el corazón del Vile vine.

Aprovechó la distracción de Elara para cortar el corazón de la bestia.

Pudo haber corrido con su premio, tirarse al río, esperar a que el incendio se apagara y luego ganar más oro del que pensó, pero la inteligencia no era el fuerte del semi mono.

Intentó agarrar la bolsa con la llave rápidamente, pero una enojada Elara lo miró y le disparó desde su dedo un proyectil de fuego a sus pies. Era una especie de tiro de advertencia.

—No sé quién eres ni qué tienes que ver con Red, pero no te irás de aquí hasta que yo diga.

Sus palabras iban en serio.

—¿Red? —preguntó Ondrej, pensando en que el sujeto le había dicho un nombre falso—.

Mira, mujer, si quieres quedarte aquí llorando por tu amigo mientras hay un incendio forestal, ese es problema tuyo.

Te ves ridícula intentando reanimar a un muerto.

¿Por qué lloras? Todo ese drama solo te hace ver patética.

Los ojos amarillos de Elara siempre habían sido intimidantes, sobre todo para aquel que conocía su significado. Ondrej no era uno de ellos.

—Conozco a este hombre desde hace más de diez años y de alguna forma llorar me hace ver patética… Si no quieres que te convierta en mono frito más te vale dejar todo en el suelo y salir corriendo —dijo Elara enojada mientras seguía lanzando una torpe magia curativa.

Ondrej hizo caso omiso y se dispuso a correr hacia el río con el corazón de bestia, pero de repente se sintió extraño, como si estuviera lleno de aceite, se sentía muy pequeño, muy… lento.

Hambre vio cómo la mujer a la cual confió la magia de cambiaformas había transformado al semimono en un caracol.

—Nada mal. Convertir en caracol a alguien que quiere huir. Es poesía.

Elara lo vio con su mirada penetrante y volvió a mirar a Red, quien a cada instante que pasaba estaba más pálido.

—Niña… Elara. Está… muerto.

—Puedo curarlo, estoy segura de que sí.

—Si no te importa pienso llevarme el corazón, mi amigo murió por esto hace doscientos años.

—¡El mío también! —exclamó Elara.

Hambre miró a la humana y se dio cuenta de que no podía razonar con ella en este momento.

—El corazón y la llave se quedan aquí.

A unos cuantos minutos de la zona de la tragedia, un escuadrón comandado por Thrain Forjamontañas caminaba acompañado de Veroxia estelar y Garrick Vinland.

—Entonces, señor Vinland, ¿qué lo hizo cambiar de opinión? —preguntó el enano.

—Pensé que de todas formas llegaré tarde a lo de Ambrosía así que pensaba tomar la recompensa por el Vile vine. Claramente alguien se adelantó —dijo Garrick, refiriéndose al incendio forestal, su presencia allí era una mentira.

—Y tiene un acompañante. Escuché que trabajaba solo.

—Es un contacto, eso es todo.

Veroxia miró a Vinland sin decir nada.

—Pues la recompensa está sobre unos dos mil. Pero no está claro si el Vile vine vive después de ver esto.

—Esperen, miren allá —señaló un guardia hacia una mujer llorando junto al cadáver de un hombre, justo al lado del monstruo.

—Llegamos tarde, es una p…

Antes de que Thrain terminara la frase, Garrick pudo sentir el frío.

—¡Premio! —dijo Veroxia.

Los guardias habían sido congelados. Garrick se dio cuenta de que estaba junto a un usuario de magia de sangre. Uno hábil.

—Espera —dijo Veroxia corriendo para acercarse y ver mejor—. ¡Maldición! ¡El tipo ya está muerto!

Garrick no dijo nada, seguía viendo cómo los guardias se habían convertido en unas perfectas esculturas de hielo.

Veroxia gritó frustrado.

—¿Y ahora qué?

—No estoy satisfecho, llévate a la mujer que buscas y vete antes de que quiera desquitarme contigo.

Mientras Elara seguía usando magia curativa fútilmente, sintió los pasos de dos personas a lo lejos.

—Siento personas, y no son amigables —dijo Hambre sosteniendo al caracol Ondrej en sus manos.

—Tienes toda la razón —dijo Veroxia.

Hambre salió volando, dejando a Elara a su suerte.

Elara lo miró, pero siguió lanzando magia curativa.

—Se acabó, dulzura —dijo Veroxia burlonamente—. Tu amigo tiene una deuda que saldar conmigo, y la hará incluso muerto.

Elara siguió curando a Red.

—¡Basta, perra! ¿No ves que estoy ordenándote que te detengas?

—Déjame en paz. —Elara lanzó un proyectil de fuego directo desde su dedo índice como siempre hacía, pero no esperaba que el sujeto congelara su proyectil en el aire.

Veroxia avanzó hacia Elara y le dio una gran patada en las costillas.

Elara, enojada y adolorida, intentó cambiar la forma del sujeto, pero de alguna forma Veroxia lo esquivó. Era como si supiera que no debía ser alcanzado por sus ataques.

Veroxia se colocó justo frente al cuerpo de Red y le escupió.

Elara intentó lanzarle otro proyectil de fuego al hombre, pero este lo volvió a congelar, sin voltearse.

—Será mejor que empieces a correr, preciosa.

Elara se dio vuelta y vio a Garrick confundida.

—¿Señor Vinland?

—Elara, eres una persona bastante escurridiza.

—Señor Vinland… Red…

—Lo sé, cariño, lo sé.

—Ese hombre quiere hacerle daño, sé que debe estar acá por el monstruo, pero… por favor.

Garrick dio una vuelta por el cuerpo del Vile vine y dijo:

—Una gran caza, Red Blades, Zhonos recibe muy bien a sus cazadores en la otra vida. Regal estaría orgulloso.

Elara estaba confundida. El héroe de los colibríes estaba frente a ella, pero algo estaba mal; no sabía qué era, pero se sentía en peligro.

—Para ser sincero, Elara, no vine por el monstruo; me pagaron por ti.

Elara se secó las lágrimas de los ojos y confundida preguntó:

—¿Por mí?

—Alguien tiene mucho interés en tenerte. ¿Entonces cómo va a ser? ¿Vendrás conmigo o pondrás las cosas difíciles?

—¿Puedo despedirme?

—¿Puede? —preguntó Garrick a Veroxia.

—Que sea rápido. Yo no pude despedirme de mi hermano, así que lo permitiré.

—Red, lo siento mucho, lo intenté, te juro que lo intenté, pero soy una inútil, merecías algo mejor —dijo Elara llorando nuevamente.

Elara agarró las pertenencias de Red: su bolsa con la llave azul y el corazón del Vile vine, y las colocó a su lado.

Hambre miraba desde un arbusto la escena, listo para agarrar el corazón apenas pudiera.

Veroxia apartó a Elara y sacó un cuchillo. Se colocó de cuclillas frente a Red y dijo:

—Esto es por Vastum Estelar, miserable.

Elara se volteó y pudo ver cómo Veroxia le propinaba múltiples puñaladas en el pecho al cuerpo de Red, pero, al voltearse para detenerlo, Garrick la detuvo.

—¿Qué hace? ¿Por qué me detiene?

—Tenemos que irnos.

—Red era uno de los tuyos. ¿Cómo puedes permitir esto?

—Era.

Elara miró a Garrick con una mezcla de enojo y asombro, no podía creer que Garrick Vinland actuara tan indiferente a los valores que defendió a capa y espada. En un segundo de descuido, Elara invocó una gran nube de humo y se escabulló.

—La forma difícil entonces —dijo Garrick antes de seguirla.

Elara saltó al río y sufrió múltiples golpes con las rocas por las cuales el agua fluía. Tras unos cuantos minutos salió del río y lloró.

Hambre, aún con Ondrej en su mano, vio cómo Veroxia continuaba apuñalando el cadáver de Red. El hombre no se iba, solo quería recoger el corazón, pero no se presentaba la oportunidad.

Una hora después, escondida en una cueva, Elara miró en un charco de agua su reflejo y recordó una conversación que tuvo con Red hace un tiempo.

—¿Por qué me escogiste a mí? ¿No te da miedo lo que dicen de los ojos amarillos?

—A mí me parecen muy bonitos —respondió Red.

—No era la respuesta que quería.

—Yo no soy supersticioso.

—Las personas con ojos amarillos siempre tienen destinos trágicos, y sus seres queridos también.

—No es que sean muy comunes que digamos. ¿Aparecen, qué...? ¿Uno cada siglo?

Elara se apoyó en el balcón y apreció la hermosa vista del paso de la montaña en Zahar, la región donde quedaba la fortaleza inmarcesible.

Red también se apoyó para mirar el paso de la montaña.

—El color de tus ojos no va a matarme, probablemente alguna decisión estúpida que tome sí.

—¿Qué debería hacer si mueres en el campo de batalla?

—Corre y no mires atrás.

Elara volvió al presente, en la cueva, herida por los golpes contra las rocas del río y por la patada que le dio el bastardo que había apuñalado a Red.

Será mejor que me ponga en marcha, pensó.

Afuera de la cueva, Elara vio a Garrick.

—¿Pensaste que me habías perdido?

—Esperaba que sí.

—Ahora vas a venir conmigo y dejar de intentar enojarme, o me veré forzado a incapacitarte. ¿Entiendes?

Elara le lanzó un proyectil de fuego directo a la cara, pero Garrick simplemente cubrió su mano con su guantelete.

—¿Cómo?

—Tengo mis trucos —dijo Garrick, ileso.

Nuevamente Elara conjuró una nube de humo e intentó correr, pero esta vez Garrick la agarró.

—Me estoy cansando de esto, Elara.

—Entonces deja de hacerlo, no recuerdo haberle hecho nada a nadie.

—No se trata de eso. Siéntate y hablaremos.

Elara lanzó su magia de cambiaformas a Vinland, pero nada pasó. Luego de eso, se dio cuenta de que era inútil, de alguna forma su rival era inmune a su magia.

—Siéntate —dijo Garrick tranquilo.

No sabía qué era: si la rabia, la tristeza, la desesperación o la rebeldía, pero Elara no quería hacerle caso al antiguo caballero.

—Señor Vinland.

—¿Sí?

—Váyase a la mierda.

Garrick sonrió.

Antes de darse cuenta recibió un gran golpe que lo empujó varios metros hacia atrás.

Qué poder, pensó Garrick.

Elara había transformado su brazo en una pata de oso. Estaba llena de sorpresas.

—Me pregunto qué otros trucos has aprendido. Ustedes dos siempre fueron mis favoritos.

De repente, de la espalda de Elara emergieron dos grandes alas. Garrick sabía que ya no había opción, tenía que hacer esto por las malas. Sacó su rifle y le disparó en el ala izquierda cuando estaba apenas a unos metros sobre el suelo, lo que la hizo caer y golpearse.

—¿Por qué me hiciste hacer esto? Te estoy sacando del desastre en el que tú y tu amigo se metieron. Deberías ser un poco más agradecida.

Elara lo miró con rabia, pero se mantuvo en silencio.

—Deja todo esto: el regicidio, la llave, el corazón, lo que sea que estaban haciendo aquí, y ven conmigo. Te explicaré todo.

Elara le disparó otro proyectil de fuego. Esta vez, Garrick no pudo espantar la llama con su guantelete y el proyectil acertó directamente en sus ojos. Garrick se retorció de dolor, pero en su rostro no se encendió llama alguna.

Puede sentir el dolor, pero la magia no tiene efecto en él, pensó Elara.

Garrick comenzó a reírse.

—Es increíble. Ustedes siempre fueron increíbles.

Pero también siempre fueron muy estúpidos.

Tu amigo, mi estudiante... Siempre se sintió demasiado bueno.

Se sentía estancado hasta trabajando para el rey.

¿Sabes cuántos colibríes habrían matado por estar en su posición?

—Garrick hizo una breve pausa y se untó un bálsamo en los ojos—.

Red se habría sentido estancado hasta siendo el gran maestro de la orden o el rey de algún país.

Porque esa es la clase de persona que era.

Una persona que no sabe lo que quiere, una persona estúpida.

—Garrick miró a Elara directo a los ojos y dijo—:

—Y la estupidez se pega.

Esta vez Elara lanzó un proyectil de cada uno de sus dedos, pero Garrick lanzó una especie de bomba que consumió las llamas.

Elara se sintió mareada.

¿Qué fue eso? ¿Una especie de veneno?, pensó Elara, que empezó a toser.

—Tranquila, niña, no eres la primera ni serás la última bruja en perder frente al polvo de vertestita. Ahora nos vamos.

Elara intentó correr, pero Garrick la atrapó, la tiró al suelo y le colocó unas cadenas azules bastante particulares.

Luego de esto, Elara se desmayó.

—Eres peligrosa… Tienes suerte de que te quieran con vida… Lo siento.