Capítulo 17 #2
—Ahora más. Me temo que... los dos escuadrones que envié a matar a esa asquerosa planta no volverán.
—¿Cuánto pagan por ese monstruo de todos modos? Y más te vale no decirme que las gracias.
—Dos mil.
Garrick miró a la cara a Thrain. Estaba desesperado. Esta vez no hubo carcajadas por parte de nadie.
—Me lo pensaré.
Garrick volvió a colocarse su sombrero y tomó de la taza que el enano tenía en la mesa.
—¿Qué hace uno de ustedes aquí? Pensé que estaban extintos. Incluso tú —dijo Thrain con expresión seria.
—Lo estamos. Pero no por mucho.
A continuación, Garrick abrió la bolsa y sacó un pergamino. Cuidadosamente, lo abrió y se lo enseñó a Thrain. Era un dibujo muy detallado, a color, de una mujer joven de pelo negro y ojos amarillos. En la inscripción podía verse un nombre: Elara Lordien.
—Busco a esta mujer, una bruja. Alguien que conozco está dispuesto a pagarme muy bien por llevarla con vida. Quiero que tú y tus guardias tengan los ojos bien abiertos ante cualquier señal.
—Así que es eso. Pues me temo que te equivocaste.
—¿Por qué?
—Las brujas están en Campo Verde. Aquí solo vas a encontrar crímenes, ruido, maricas y barro —respondió Thrain.
—Entonces debo irme. Gracias por la... hospitalidad, Thrain Forjamontañas.
—Buen viaje, Vinland. Si vas para allá, no estaría nada mal una mano con el monstruo, ¿eh?
—Te dije que me lo pensaría.
De esa forma Garrick fijó un nuevo destino. Había perdido mucho tiempo por el pequeño desvío, pero aún era necesario reponer algo de energía, por lo que se dirigió a la posada más cercana.
El Dragón Borracho, qué original, pensó Garrick.
A diferencia del cuartel de la guardia, esta posada era una estructura sólida, rebosante de vida y de olor a orines humanos.
El lugar estaba lleno de gente. En el fondo, cuatro sujetos tocaban una buena melodía con una flauta, un laúd, una lira y un tambor de mano, mientras los sujetos que escuchaban, borrachos, lanzaban monedas a sus pies y otras a los pies de las sirvientas que repartían bebidas.
Nada mal, pensó el antiguo caballero colibrí convertido en mercenario.
Garrick pudo ver claramente a un semihumano, mitad burro, mitad hombre, borracho, intentando lanzarles cuchillos a los gatos que caminaban por las barandas del segundo piso, y a una mujer de orejas ligeramente puntiagudas que coqueteaba con varios hombres.
—Yo una vez derroté a un semioso, te lo juro —dijo el semiburro a la de orejas puntiagudas—. Nunca lo he hecho con una elfa. Decían que estaban extintas.
A pesar de todo el ruido y de lo vivo del lugar, Garrick solo pensaba en una buena cama; se acercó al mostrador, donde una atractiva posadera lo recibió.
—Bienvenido a El Dragón Borracho. ¿Buscas una cama o compañía? ¿O ambas?
—Vine a dormir.
—Serán diez monedas de plata.
Garrick sacó las monedas y se las entregó a la mujer que luego le entregó una llave.
—La primera habitación de la izquierda tras subir las escaleras. Es tuya hasta mañana.
—Guarda el cambio.
Mientras se dirigía a las escaleras, el semiburro miró a Garrick y le gritó:
—Ey, tú, bonita hacha. Bébete unos tragos conmigo.
—No, gracias, solo estoy de paso.
—No te hagas el interesante, siéntate un rato. Ya sabes lo que dicen: no hay nada mejor que tener amigos en todas partes.
—No.
El semiburro se molestó y empezó a mirar a todas partes, buscando qué podía hacer para atraer la atención del extraño.
—Te pago a la elfa. ¿Qué dices? Tú, ella y yo.
Garrick se detuvo un momento, miró de reojo al burro y se dio la vuelta. La elfa estaba sonriendo, sentada en las piernas del semiburro, y Garrick la miró fijamente.
—¡Hola! —dijo la elfa, animada, haciendo el gesto de saludo clásico.
—Tus orejas...
Garrick miró las orejas, sobresalían elegantemente a los lados de su cabeza, se extendían levemente hacia arriba, pero no eran lo suficientemente largas, y Garrick no era lo suficientemente tonto para caer.
—Tus orejas no son élficas. Solo son un poco largas y ya. Quizá tienes un treintaiseisavo de elfa.
—¿¡Cómo te atreves!? —gritó la supuesta elfa, levantándose y alzando la mano para cachetear a Garrick, quien evadió el golpe, pero, por la fuerza que llevaba detrás, el ataque terminó golpeando el hocico del semiburro.
—Maldito —dijo el burro, que sacó un cuchillo y se lanzó hacia Garrick.
En ese momento, uno de los gatos de las barandas se lanzó a su cara y lo arañó antes de que pudiera acercarse.
Luego corrió a arañar a la «elfa». Garrick aprovechó para desenvainar su rifle y le disparó en el cuchillo, rompiéndolo.
El ruido del proyectil fue tan fuerte que distrajo a los músicos.
La multitud empezó a gritar, todos se agacharon.
—Deberías buscarte una forma mejor de robarle a la gente que emborrachándolos, burro hijo de puta.
Tras las palabras de Garrick, el burro salió corriendo, sobándose el hocico, y la gente siguió con lo suyo como si nada hubiera pasado. Todos excepto uno.
—Bravo, eso fue sublime —dijo un encapuchado luego de aplaudir.
—Piérdete —dijo Garrick con la intención de subir las escaleras finalmente.
—Deberíamos hablar. Me llamo Veroxia Estelar.
—No me interesa.
—Sé a quién buscas. Puedo ayudarte a encontrar a Elara.
Garrick se detuvo y miró al sujeto.
—Tienes mi atención.