Capítulo 15 #2
De repente, Red y Ondrej encontraron un cuerpo. La muerte había sido reciente. Parecía ser un bandido por la vestimenta. El mico se acercó y empezó a hurgar en sus bolsillos.
—No joda, mira nada más lo que tenía —dijo Ondrej mostrándole una bomba de polvo de humo negro a Red.
—Aleja eso —respondió Red apartándole la mano—. —Pobre tipo, ¿qué deberíamos hacer para que no lo tome como títere?
—Ah, no te preocupes por eso. Mira y aprende.
Ondrej agarró un cuchillo de su mochila y atravesó la línea media de la espalda del pobre sujeto.
—¿Y esto exactamente cómo ayuda?
—El bicho los agarra por ahí, por la espalda, pero así no tiene nada que agarrar. Puedes quemarlo si lo prefieres.
—¿Cómo sabes tanto de esto?
—Aquí donde me ves, llevo casi diez meses en esto.
—Shh. ¿Escuchaste eso?
—Jueputa —dijo Ondrej.
—¿Qué pasó? —susurró Red.
—Mira hacia allá —dijo Ondrej, señalando hacia la derecha—. Es hora de que pruebes las tijeras —añadió, entregándoselas.
Red agarró las tijeras y observó una criatura, mitad planta, mitad hombre, que se movía de forma extraña, como un títere.
Pero no era como las marionetas de magia de sangre de Gervel, que, a pesar de ser usadas por un maldito de los escorpiones, Red no tenía más remedio que admitir que poseían un movimiento grácil y fluido. Estas eran espeluznantes.
—Dal, cuando cortes la raíz, esa cosa sabrá que estamos en su bosque. Pero no podrá determinar dónde. Así que dale sin miedo.
Con el visto bueno de Ondrej, Red avanzó sigilosamente y con la gran tijera de jardinero que le fue entregada cortó la raíz que conectaba la espalda del poseído con el suelo e, inmediatamente, el cadáver de este cayó al suelo.
—Sigamos moviéndonos —dijo Red.
—Todo salió bien, pero si estuvieras frente a decenas de estos, ¿perderías?
—No, yo ganaría —dijo Red confiado, pensando en cómo derrotó a los duendes en el bosque.
—Bueno, dime dónde pongo el cebo más bien.
Red miró el bosque de derecha a izquierda, de arriba abajo. Había un pequeño claro que dejaba pasar la luz del sol y que pensó que podría aprovechar para refugiarse un rato si el encuentro terminaba siendo más difícil de lo que pensaba.
—Ponlo en aquel claro.
—No puedo. ¿No me estabas escuchando? Esa cosa no vendrá si hay luz del sol.
—Ponlo a unos cuarenta pasos del claro entonces, y escóndete en él.
Ondrej se movió a la posición indicada y derramó no uno, sino tres cebos para el Vile vine y el olor fatal de los cebos llegó rápidamente a las fosas nasales de Red.
—Huele a mierda.
—No te lo voy a negar —respondió Ondrej.
Ambos fueron al claro y se escondieron en un gran arbusto. Pasaron los minutos, pero nada parecía acercarse al objetivo.
—Entonces dime, ¿qué eres? Había escuchado de los semi humanos, pero tú no eres como me esperaba que fuera uno.
—¿En serio me vas a preguntar eso ahora?
—Pues no aparece el Vile vine.
—Lo que pasa es que mi padre era un semimono, así que quizá la sangre se diluyó un poco y me dio este aspecto —dijo Ondrej levantando las manos.
Red soltó una carcajada.
—Shh.
—Cierto, cierto —susurró Red.
De repente, un objeto salió lanzado hacia un árbol cercano. Por el tamaño, parecía ser nada más y nada menos que un cuerpo que parecía estar cubierto por un arbusto.
—Ya llegó... —dijo Ondrej.
El cuerpo empezó a levantarse con movimientos sumamente extraños, propios de un muerto viviente, aunque, claro está, Red nunca había visto uno.
—¿Voy ya?
—Espera.
En solo unos segundos, varios cuerpos empezaron a caer.
Todo indicaba que el Vile vine los lanzaba desde un lugar lejano.
Con los mismos movimientos extraños, todos se levantaban y tomaban posiciones: unos tomaban terrenos elevados; otros se organizaban en filas con hileras de tres.
El número de enemigos se volvió incontable.
—Mierda, ¿cuántos hay?
—Sabe que estamos aquí.
Red agarró las tijeras oxidadas de Ondrej y dio un gran salto hacia la rama de un árbol.
Los hombres planta miraban en todas direcciones. Habían escuchado el salto.
El colibrí empezó a saltar entre los árboles. Encendió una llama en su dedo índice y la disparó hacia una piedra, no como ataque, sino como distracción.
Inmediatamente, uno de los hombres planta, más planta que hombre, empezó a moverse, sus piernas, ahora parecidas a unas raíces, reptaban sobre el suelo.
La distracción había funcionado. Unos siete se habían reunido en la piedra.
Red encendió una llama y la lanzó, formando una bola de fuego que incineró a las plantas reunidas en el mismo lugar.
Luego del ataque, vinieron hombres planta de todas las direcciones y formaron un círculo que rodeaba a Red.
—Bueno, hasta aquí llegó el sigilo.
Los hombres planta empezaron a avanzar hacia Red, pero este aprovechó sus movimientos torpes para evadirlos.
Con un par de movimientos, Red cortó la raíz de cuatro.
Saltó sobre ellos, encontró espacios y contraatacó con las tijeras luego de empujarlos al suelo.
Ondrej podía ver cómo cortaba con la tijera a una velocidad impresionante y ningún hombre planta alcanzaba a agarrarlo. ¿Tenía ojos en la espalda?
Red tenía la mente completamente en blanco.
Seguía eliminando hombres planta por puro instinto y daba pasos en el aire para escapar cuando lo rodeaban completamente.
La cuenta rápidamente ascendió a unos veinte.
Pero, tras unos minutos, se dio cuenta de que estaba enfrentándose a por lo menos cincuenta enemigos.
—Ya es suficiente —dijo Red, evadiendo hacia atrás.
Encendió una llama en la palma izquierda y soltó un gran chorro de llamas, deshaciéndose de muchos otros.
Cada vez eran menos. Estaba cerca. Eso pensaba, hasta que aparecieron más.
Red siguió expulsando fuego por su mano hasta que un despojo estiró las enredaderas que lo formaban y le tiró de la mano hacia el suelo.
—¡Hijo de puta!
Red detuvo las llamas para evitar quemarse.
Ya había sacrificado cierta cantidad de sangre y su rodilla derecha empezaba a dolerle.
Haló al despojo de la enredadera, creó un puñal de fuego y lo acabó, con lo que se liberó.
Pero luego pudo ver cómo del cielo cayeron más cuerpos y nuevamente se vio rodeado.
Los otros hombres planta lanzaron sus enredaderas y, a pesar de esquivar las primeras, los despojos lograron agarrar sus extremidades poco después. Estaba inmóvil.
Luego de forcejear sin éxito, llegó un hombre planta ligeramente diferente a los demás y golpeó el abdomen de Red, sacándole el aire.
Los despojos golpeaban a Red con fuerza hasta que cayó al suelo y brotaron unas raíces que empezaron a reducirlo. La horda se abalanzó sobre Red mientras Ondrej observaba.
Hasta aquí llegaron mis trescientas monedas de oro. Bueno, fue bueno mientras duró, pensó Ondrej el mico.
—Esperaré que terminen de devorarlo y le quitaré la llave, para al menos ganar algo de todo esto.