El viaje del colibrí Capítulo 11 #3
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Capítulo 11 #3

Los soldados, muchos con lágrimas en los ojos, se levantaron y empuñaron sus armas dispuestos a acabar con Gervel, pero un pequeño grupo liderado por Carlo siguió avanzando hacia Galavan.

—Esto se acaba de poner bueno —dijo Gervel, ordenando a los autómatas detener a los soldados.

Barrett, reanimado previamente por Galavan, solo podía mirar enojado cómo su aldea se había vuelto el escenario de una batalla encarnizada.

Primero vio a los invasores intentar acabar con el druida, luego todos matándose entre ellos, y ahora cómo, a pesar de lo que hizo por ellos, aún había un grupo que se disponía a atacarlos.

—Déjame pagarte por curarme de la forma más efectiva que sé, siendo el mejor del pueblo.

Barrett agarró una de las múltiples hachas de guerra soltadas en el campo para atacar al general y de un movimiento acabó con tres de sus acompañantes.

Carlo, al ver cómo el completo extraño nativo del pueblo se unió al combate, decidió mandar primero a sus hombres, solo para ver a esta persona sin entrenamiento militar derrotarlos con facilidad.

—¡Ese puerco tiene una fuerza impresionante! —exclamó Carlo.

—¡Si quieren matar a Galavan, tendrán que pasar por mí!

Y así, varias docenas de soldados cayeron frente al carnicero común y corriente, hasta que Vlak, tras varios minutos, llegó al campo de batalla buscando a Red, quien de alguna forma saltó por los cielos hasta llegar al techo de un edificio a pocos metros de Galavan.

El rey miró al druida y luego alzó la vista para mirar a Red. Había reconocido que la mayor amenaza de este pueblo era el anciano que era capaz de usar el único tipo de magia que lo podía dañar.

Los guardias siguieron al rey, dispuestos a atacar a Galavan, y Red, intentando imitar el ataque del hombre del paraguas, conjuró una nube de la cual cayeron múltiples llamas que quemaron con éxito a una docena de soldados. Las bajas en el bando mazaviano se habían vuelto notables.

Una de estas llamas cayó sobre la raíz que sostenía a Riga, lo que le permitió escapar y llevarse a Gervel en contra de su voluntad por una sombra, escapando finalmente.

Red concentró toda su energía en hacer la nube más grande y las bajas en el ejército mazaviano empezaron a hacerse aún más notables. Sin embargo, la magia de sangre de fuego parecía afectar muy poco o nada a Vlak, que llegó al frente del carnicero que protegía al anciano.

—¿Tú eres el rey de estos hombres? —preguntó Barrett, aún con el hacha de batalla en mano.

—También soy tu rey.

—Te mataré aquí mismo —dijo Barrett antes de lanzar un fuerte golpe que fue evadido por Vlak con facilidad.

El rey se acercó y tocó al carnicero en el pecho.

—¿Ese es tu mejor golpe? —preguntó Barrett, quien segundos después explotó y derramó sangre por todas partes.

Galavan veía al intimidante rey acercarse a él tras haber matado brutalmente a Barrett y sabía que era el próximo. Pero inesperadamente, Vlak se quedó quieto justo antes de atacarlo.

—¿Eres el hombre que cuidaba este lugar?

—Así es —respondió Galavan.

—No entiendo. Vivían escondidos en este bosque como animales, ignorando los problemas del resto del mundo.

Sé que hay varios escondiéndose en los restos de sus casas, escuchándome: hombres, mujeres y niños, todos cobardes.

Quiero que sepan que, si este hombre que debía protegerlos no hubiera aceptado a ese forastero con los brazos abiertos y me hubiera dado lo que quería, les habría mostrado piedad.

—Lo que alguien como tú quiera con una llave abisal no puede ser bueno. Si él es el único que impide que la consigas, me alegro de haberlo recibido con los brazos abiertos —respondió Galavan, sonriendo por última vez.

Pero antes de que Vlak tocara a Galavan, Red descendió del edificio y con una espada elemental le hizo un corte en el pecho. Sin embargo, Vlak no retrocedió, desenvainó su espada y en un movimiento veloz le atravesó la rodilla derecha a Red, quien empezó a retorcerse de dolor.

—Parece que no te has dado cuenta de que están rodeados —dijo Vlak, viendo cómo sus hombres se acercaban al druida.

—¡Galavan, hazlo! —gritó Red.

Antes de que uno de los soldados llegara a atravesarlo con su lanza, Galavan recogió uno de los puñales del campo de batalla y se apuñaló el corazón, quitándose así la vida.

—Te dejo el resto, Nyx —susurró Galavan.

Los soldados estaban confundidos por las acciones del anciano y algunos empezaron a reírse de lo desesperado que tenía que estar para suicidarse, pero luego de unos segundos empezó a haber señales: el viento era frío, las fuentes de luz que quedaban se apagaron,

incluido el fuego prendido por Vastum o Red, y finalmente a todos se les congeló la sangre cuando escucharon múltiples carcajadas y voces que susurraban:

—Carneeeeeeeeeeeeee.

Los espectros entraron a la aldea y devoraron todo: cadáveres, soldados, animales.

Si el infierno existía, los soldados sabían que probablemente estaban en él.

Muchos corrieron en vano, solo para ser alcanzados poco después.

Red empezó a arrastrarse y pudo notar cómo los espectros pasaban a su lado sin hacerle daño, dejándolo sumamente extrañado.

Repentinamente, una voz incorpórea le dijo:

—No te preocupes, todavía tengo planes para ti.

Y Red siguió arrastrándose hacia las dos llaves.