Capítulo 11 #2
—¡Vlaaaaaaak! —gritó Red antes de continuar el golpe anterior con un tajo horizontal.
Vlak retrocedió, y con un estado de calma plena, dijo nuevamente:
—¿Dónde está mi llave?
—¿No vas a sacar tu espada?
—No la necesito si voy a pelear contra ti. Me he vuelto más poderoso que cualquier hechicero y más hábil que cualquier colibrí.
Molesto como nunca, Red se lanzó con todas sus fuerzas frente a Vlak, quien nuevamente lo esquivó y empezó a burlarse de él.
Red lanzó un aluvión de embestidas seguido por un elegante tajo remolinado y Vlak pudo darse cuenta de que Red estuvo cerca de alcanzarlo.
—Fue agradable jugar contigo, Red.
Vlak avanzó y dio un derechazo que incluso tras ser bloqueado por la espada de acero enano de Red lo envió varios metros hacia atrás, contra la pared de la maltrecha torre.
Maldición, pensó Red al sentir sus extremidades temblar.
—¿Dónde la metiste, escoria? —dijo Vlak propinándole múltiples patadas en el abdomen a Red.
—¡Vete a la mierda! —gritó Red antes de lanzarle una corriente de llamas que poco pareció hacerle al monarca.
Molesto, Vlak le arrebató la espada y la lanzó por los aires. Luego lo agarró del cuello y lo empujó contra la pared, decidido a asfixiarlo hasta que uno de los terremotos de antes provocó el derrumbe de la estructura y lo forzó a soltarlo.
Vlak empezó a caminar por los restos buscando a Red, pero no podía encontrarlo.
—Sé que estás por ahí. Puedo sentirte. Ahora sal de ahí.
Red permaneció bajo los escombros de la torre, esperando para salir en el momento oportuno y golpear a su oponente por la espalda, cuando vio a Galavan a lo lejos peleando contra el tipo de pelo blanco del escorpión y entendió que el druida le había salvado la vida indirectamente.
—Voy a tener que destruir toda esta porquería de aldea, es una lástima, porque aún siento sobrevivientes. Pero si eso no es suficiente para ti, te meteré en un calabozo y me aseguraré de atrapar a tu querida bruja de ojos amarillos y viol...
Red apareció justo a sus espaldas, le partió un escombro pesado en la cabeza y lo tiró al suelo.
Se colocó encima de Vlak y tras un breve forcejeo le rompió el cuello.
Red se colocó de pie y empezó a alejarse con una sonrisa en el rostro que se desvaneció cuando, al alejarse unos pocos metros, escuchó el cuello del rey crujir hasta colocarse nuevamente en su lugar, como si no le hubiera pasado nada.
—Veo que sigues siendo tan astuto como siempre.
—¿Cómo? —preguntó un sorprendido Red.
—Ya no tienes nada para defenderte. Solo ríndete y quizá perdone tu traición y te deje vivir para que veas el futuro que crearé.
Ya deben de haber pasado diez minutos, pensó Red. —No lo creo. Estoy ganando —dijo confiado, sabiendo que la victoria no vendría por su destreza en combate, sino por su capacidad para hacerlo perder el tiempo.
—Nunca fuiste el más gracioso —dijo Vlak antes de avanzar y lanzarle un fuerte puñetazo a la reja costal derecha.
No creo que pueda volver a respirar normalmente por ahora, pensó Red, retrocediendo hasta llegar a un risco del río.
Vlak estiró los brazos y se dispuso a asfixiarlo, pero antes de que pudiera lograrlo su rival creó una fugaz espada de llamas con la que le quemó las palmas. Vlak perdió la paciencia y le lanzó un fuerte golpe a Red que, a pesar de ser bloqueado con éxito, lo lanzó hacia el agua.
—Maldición, ahora tengo que ir a buscarlo —dijo un molesto Vlak que miró las quemaduras en sus manos y avanzó al otro lado atravesando un puente de madera maltrecho.
Red se esforzó para salir de la corriente y llegó a la orilla donde no hacía mucho había escalado un árbol para matar al pez gigante, pero su sorpresa fue grande cuando se enteró de que no estaba solo. Misteriosamente, Ivar también estaba allí.
—¿Red?
—¿Ivar?
—¿Qué sucedió?
—Lo mismo te pregunto.
—Me mandaron por los aires de un golpe —respondió Red exprimiendo su ropa.
—A mí también.
—Maldición, necesitamos un plan.
—Fui a buscar al herrero y me dijo que necesitaba veinte minutos. Se los estoy dando.
—¿Y cuántos llevas?
—Unos doce, gracias a que el rey me tiró hasta acá.
—Tampoco hay señales de Galavan. Todo parece estar perdido. Hasta el plan que discutimos en el camino de regreso.
—Galavan está vivo —respondió Red—. La está pasando peor que nosotros, lo vi enfrentarse a un ejército y al sujeto de pelo blanco de antes.
—Tenemos que intentarlo —dijo Ivar—. Es la única forma en la que saldremos de esta.
—Tendrás que ir tú a buscar la llave, yo intentaré llevar al rey hacia Galavan, tengo su atención.
Inmediatamente ambos se levantaron y se miraron fijamente con una sonrisa de confianza.
—Buena suerte, amigo mío —dijo Ivar.
—Lo mismo digo.
Red caminó hacia el puente maltrecho y, una vez fue visto por Vlak, conjuró plataformas de llamas que le permitieron caminar brevemente por los aires, y evadió con éxito al rey, que, como había previsto, empezó a perseguirlo.
III
De vuelta en el campo de batalla, una encarnizada pelea entre Galavan y Gervel tenía lugar. Galavan provocaba terremotos y Gervel atacaba usando a los soldados de Mazavid como marionetas.
—¿Cuándo te vas a acercar tú? —le preguntó Galavan a Gervel.
—Por favor, no soy estúpido.
En uno de los tejados cercanos, una aburrida Riga miraba el combate, había vuelto de buscar a Vastum, sin éxito, y solo esperaba que Gervel dejara de jugar con el anciano y lo matara para completar la evacuación.
—¡No encontré a Vastum, vámonos!
—Tch, silencio, Riga. ¿No ves que estoy acabando con este viejo?
—Presta atención —dijo Galavan, quien golpeó a múltiples soldados y los envió hacia la cara de su rival.
Sin embargo, Gervel usó sus finos sentidos para evadir el golpe.
—Un viejo que solo sabe golpear muy fuerte no es rival para mí —dijo Gervel, gesticulando con las manos como si estuviera realizando un espectáculo de marionetas, y colgó uno de sus hilos de sangre invisibles en el brazo izquierdo de Galavan.
A continuación, Gervel usó su hilo para que Galavan se golpeara a sí mismo en el abdomen.
Un adolorido Galavan hizo fuerza para no ser controlado por Gervel, solo para ser mirado con desprecio por él.
—¡¿Cómo?! ¿Cómo un viejo que no usa magia de sangre puede resistirse?
—Esa magia de sangre asquerosa que usan ustedes los del reino no es la única magia que hay.
—¿Qué vas a saber tú, anciano? Solo sabes golpear.
—¿Quieres saber por qué mi gente erigió esta aldea precisamente en este lugar?
Galavan juntó sus manos y tocó la tierra suavemente y, por un momento, Belén pareció quedar totalmente en silencio.
—No me digas que... —dijo Gervel, incrédulo.
Inmediatamente, una gran cantidad de raíces salió de la tierra, cortando todos los hilos invisibles de los soldados, los cuales cayeron inmediatamente al suelo.
—¡Ese viejo usó magia de raíz! —exclamó aterrada Riga desde el techo en el que se encontraba antes de que este techo también fuera atravesado por una raíz.
—Mi nombre es Galavan Quercus, el último druida de este bosque... y el más poderoso.
—Maldito viejo, no te creas.
Inmediatamente, Gervel lanzó sus hilos, dispuestos a controlar a los autómatas, y los levantó de los profundos agujeros creados por Galavan. El esfuerzo que hizo el brujo de sangre hizo que grandes cantidades del fluido vital empezaran a salir por todos sus orificios.
Una asustada Riga se encontraba observando cada vez con mayor atención mientras una de las raíces la intentaba atrapar.
—¡Gervel, vámonos!
—No te preocupes, ya casi...
—¡Soldados! Les devuelvo el control de sus cuerpos. Les he dado la oportunidad de luchar contra el hombre que los ha manipulado para que maten a sus compañeros, sus hermanos en armas. ¡Ahora es su turno de decidir si me matarán a mí o a este sinvergüenza! —exclamó Galavan señalando a Gervel.