Capítulo 10 #2
—¡Vaaaamooooooooooooos! —gritó de emoción el aguijón del escorpión.
Ivar le seguía el ritmo al hombre amenazante.
Por un momento se separaron tras el intercambio de espadazos inicial, solo para que Damien se lanzara nuevamente hacia Ivar con una fuerza y velocidad impresionantes, inhumanas.
Ivar respondió bloqueando el golpe, empujó las hojas y, a continuación, le dio un puñetazo con la mano izquierda.
El extraño se pasó una mano por la boca, notó el rastro de sangre en su labio y sonrió antes de lanzarse de nuevo a su oponente. Se agachó para asestar un tajo a los pies de Ivar, pero este respondió con una serie de saltos ágiles, como si estuviera bailando.
Al ver que sus ataques no funcionaron, Damien decidió atacar al tronco de su rival, Ivar respondió bloqueando sucesivamente los golpes y dio un contraataque certero al hombro izquierdo del aguijón del escorpión.
—¿Cuál es tu nombre? —dijo Damien, que se mostraba menos despreocupado que antes, lleno de orgullo por haber encontrado tan buen rival.
—Ivar de Lerion.
—Eres muy bueno con la espada, con razón pudiste cortarle la barba al idiota de Mirzin.
—¿Y el tuyo?
—Ah, mi nombre, disculpa. Qué grosero fui. Me llamo Damien Astaroth, Aguijón del Escorpión.
—¿Tú hiciste esto? —preguntó Ivar, señalándole los múltiples cadáveres llenos de agujeros esparcidos en el lugar donde libraban su duelo.
—Sí.
Esta vez fue Ivar quien se lanzó a su oponente, el cual bloqueó el ataque. Ivar volvió a empujar la espada y lanzó un golpe, pero esta vez fue interceptado por Damien.
—Eh, no te va a salir el mismo truco dos veces.
—Lo sé —dijo Ivar, aprovechando para dar una patada a la pierna derecha de Damien que lo hizo tambalear; inmediatamente después, remató con un rodillazo.
Con la defensa rota, Ivar logró enterrar su espada por encima de la clavícula derecha de su rival, pero no pareció tener el efecto esperado. Damien seguía vivo y lo estaba mirando directamente a los ojos.
Ivar se acercó para retirar la espada de su enemigo y, cuando estaba a punto de cortarle la cabeza, una roca medianamente grande salió de la palma de Damien y envió al antiguo comandante al techo de una casa cercana.
—Eres impresionante, pero me temo que esto no será un duelo honorable.
Damien empezó a aplaudir. Tras cada aplauso, una roca era enviada hacia Ivar, que gracias a su nuevo acero enano pudo cortarlas.
—¿Por qué no te unes a nosotros, Ivar? Estarías entre las primeras patas fácilmente, y si aprendieras a usar magia de sangre...
—Matar personas inocentes no es lo mío.
Ante aquel rechazo, Damien empezó a aplaudir otra vez.
Ivar corrió y saltó entre los techos mientras se cubría con el acero enano, cortaba y evadía rocas.
Finalmente avanzó lo suficiente para lanzarse frente a Damien, pero apenas había tocado el suelo el aguijón del escorpión lanzó una roca que nuevamente arrojó a Ivar por los cielos.
Al borde del sur de Belén, un sorprendido Red pudo ver cómo el cuerpo de alguien había volado directamente hacia el río, pero no tenía tiempo para confirmar de quién se trataba.
—¿A dónde vas con tanta prisa? —preguntó un hombre que lo observaba desde lo alto de un árbol.
Red desenvainó su espada e inmediatamente la imbuyó en fuego.
—Vaya, eres como yo —dijo el hombre, quien tenía el pelo rubio, los ojos verdes y cargaba un hacha de mano, la cual posteriormente también imbuyó en fuego.
Ambos intercambiaron miradas y, al mismo tiempo, lanzaron sendas bolas de fuego, las cuales, al chocar, se consumieron mutuamente.
—Parece que tendrás que improvisar —dijo el enemigo antes de tomar aire y empezar a escupir fuego como si de un dragón se tratase, estaba intentando intimidarlo.
Sin embargo, Red dio un paso adelante y le lanzó una bola de fuego directa a la boca, forzándolo a cerrarla.
La diferencia en la intensidad de las llamas era notoria, su rival lo superaba. Luego de valorar sus opciones, consideró que lo mejor sería mantenerse tan cerca de su oponente como le fuera posible para evitar que el psicópata que tenía al frente quemara la forja de Fatuo y estropeara todo.
—Soy Vastum Estelar, primera pata del escorpión, usuario de magia de sangre de fuego como tú.
—No me interesa.
—Solo quiero que sepas el nombre del hombre que va a derrotarte.
Tras la presentación rápida, Vastum empezó a escupir fuego y a lanzarlo con una mano.
Vastum incendió varias casas donde múltiples personas habían fallecido por la lluvia de rocas.
Red se limitó a esquivar sus ataques sin alejarse mucho de su rival y empezó a dar vueltas a su alrededor mientras le lanzaba pequeños proyectiles de fuego.
—Parece que ocultas algo. Puedo olerlo. Le niegas a tus llamas su propósito.
—¿Qué?
El hombre dio un gran salto y pateó a Red en la cara, parándose encima de él.
—Vas a perder. ¿Quieres saber por qué?
Red estaba en el suelo con la bota de su rival en su cara, miró su mano y antebrazo levemente quemados y los encendió para darle un golpe similar al que le dio a la monstruosidad del foso, pero fue pateado por Vastum, que se rio entre dientes,
tiró su hacha y procedió a darle múltiples puñetazos en el rostro.
—¿Sabes por qué te desvaneces luego de usar la magia de sangre? No se trata solo de la sangre que usas como combustible. Las llamas quieren consumirlo todo, pero tú te niegas a permitírselo.
—Quítate, maldito —respondió Red. Agarró un cuchillo pequeño de su bota izquierda y lo enterró por encima de la rodilla de Vastum, con lo que logró quitárselo de encima.
—¡Aghh!
Red aprovechó el descuido de Vastum para lanzar su espada prendida en fuego al brazo izquierdo de su rival y logró un ataque crítico.
Pero, inexplicablemente, Vastum simplemente arrancó la espada, la tiró al fuego y empezó a quemarse la herida.
—Ven aquí.
Red avanzó frente a Vastum y ambos encendieron sus puños en llamas. Estaba claro que sería una pelea de resistencia más que de fuerza.
Tras intercambiar varios golpes, Red se dio cuenta de que el fuego iba a consumir la aldea entera, tenía que ser más rápido. Enfocó toda su fuerza en la rodilla derecha y rompió la guardia de Vastum. Luego le golpeó la nariz con un puñetazo ardiente.
—¡Hijo de puta!
Vastum encendió una gran llama en su mano derecha, decidido a acabar de un golpe con Red, pero este lo sorprendió al generar una espada hecha de fuego puro en su mano, con la cual lo atravesó hasta el antebrazo.
Vastum yacía en el suelo, revolcándose de dolor. Ciertamente, había subestimado a Red, el protector que sobrevivió al asalto de León ahora era el que se ponía de pie frente a él, con su bota sobre su cara.
La primera pata del escorpión rio. —Eso es, déjalas salir, deja que las llamas lo consuman todo. Perdóname la vida y tú y yo nos divertiremos, te enseñaré todo lo que sé. ¡Derrocaremos al señor Azam juntos! —El sujeto rio nuevamente—. ¡Azur será nuestro!
Red miró brevemente la aldea y pudo sentir algo en el fuego que consumía las casas. Sin perder el tiempo, retornó su mirada hacia Vastum y lo miró con ira, tanto que por un momento su rival pensó que sus mismos ojos se habían prendido en llamas.
—No, espera, déjame ir, no volverás a verme. Perdóname la vida.
—¿Así como ustedes se la perdonaron a esta gente? —respondió Red, quien luego de esta última frase le cortó la cabeza.
En ese momento no lo sabía, pero había usado algo más que sangre como combustible.