El viaje del colibrí Capítulo 9 #3
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Capítulo 9 #3

La criatura medía aproximadamente dos metros de longitud.

Su altura era parecida a la de un perro pastor y no tenía ni un poco de miedo al hechicero, tras el intento de Galavan de ahuyentarla, esta se acercó rápidamente e intentó tirarlo al precipicio al igual que a Red, sin embargo, Galavan se tiró al suelo y esquivó a la criatura.

Esta cayó al fondo del nido, al igual que el colibrí, pero con la mala fortuna de caer sobre una roca afilada.

—Más te vale no estar muerto...

En el fondo del abismo, poco tiempo después, Red se reincorporó con la sorpresa de que había sobrevivido a la caída al aterrizar en un lago viscoso.

Encendió una pequeña llama en su dedo y, al percatarse de que era un lago de sangre, comenzó a toser, sin dejar de pensar que una vez le dijeron que la sangre podía pegar enfermedades.

—¡Pero qué mierda! Cof... cof…

Red no podía evitar pensar que algo iba a arrastrarlo al fondo del lago, ciertamente estaba seguro de que no estaba solo.

—Bueno, primero lo primero —dijo Red.

Empezó a buscar algún terreno donde pudiera poner sus pies y mientras miraba en todas las direcciones encontró lo que habían venido a buscar. Una cantidad abundante de vertestita yacía en un pequeño islote sobre el lago. La luz de la piedra era cegadora, pero era como mirar un faro en una tormenta.

—Ahora el problema es cómo subir.

Una vez posó su mano sobre la vertestita, el islote sobre el cual pisaba empezó a moverse. Red miró la superficie y se dio cuenta de que lo que estaba pisando eran cuerpos humanos.

—¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAGH!

Un espantoso alarido resonó en el agujero, como si cientos de almas gritaran de dolor, pero la peor parte fue cuando la masa viscosa compuesta por cuerpos humanos comenzó a alzarse a la superficie del lago.

Red ató los cabos y se dio cuenta de que de ellos provenía la sangre del lago.

La monstruosidad alzó sus brazos viscosos, agarró al hombre por la pierna derecha y lo lanzó contra una de las paredes de piedra del agujero con una velocidad impresionante.

El monstruo empezó a ascender por las paredes del agujero de una forma parecida a una babosa subiendo un árbol. Red no podía permitir que semejante aberración escapara.

—¡Oye, monstruo!... ¡Aún no has acabado conmigo!

La aberración se detuvo y empezó a hacer un extraño ruido que perdía todo significado, ahogado en los lamentos de los cuerpos que la conformaban. Segundos después, la masa de cuerpos se lanzó al gran charco de sangre y la salpicó por todas partes. Estaba decidida a unir el cuerpo de Red al suyo.

Red encendió una llama en su puño, decidido a golpear a la criatura, e, inexplicablemente, la sangre del foso empezó a hacerse más caliente, La criatura se acercó lo suficiente y, apenas su puño rozó a la monstruosidad, esta explotó y lanzó a Red hacia la pared del foso.

Algo había sucedido. La explosión emitió un resplandor tan fuerte que con facilidad llegó a la superficie y pudo ser observada por Galavan y algunas personas indeseables.

—¡Ese tuvo que ser Red! —dijo Galavan, quien por poco fue calcinado por la gran llama que empezó a hacer que el lugar se cayera a pedazos.

Galavan juntó sus puños e inclinó su cabeza, concentrándose totalmente en impulsar la tierra a la superficie, lo que increíblemente estaba funcionando.

El suelo del fondo del hueco había empezado a elevarse y, en dicha plataforma, podía ver a Red tendido, sujetando un gran trozo de roca azul en la mano izquierda.

—Es hora de irnos de aquí —dijo el anciano, que procedió a levantar a Red y colocarlo en su espalda, y en cuestión de unos minutos estaban de vuelta en la cima.

—Galavan... Esa explosión. ¿Fue mi magia? Jamás conjuré tal...

—Ahorra saliva, buscaremos a Ivar y volveremos de inmediato a Belén. Pronto todo acabará.

—Lo dudo —dijo a la distancia el tuerto—. ¿Van a regresar a la aldea? ¿Por qué lo harían? ¿Por qué estás aquí realmente, Lord protector?

Galavan, inconsciente de que un grupo de asesinos planeaba seguirlos, siguió su camino solo para encontrarse con la desagradable sorpresa de que alguien le había propinado una paliza a Ivar.

—¿Ivar? ¿Qué demonios ocurrió aquí?

Ivar no respondía, pero seguía respirando. Lo que estaba claro es que lo que sea que atacó a Ivar estaría cerca y que transportar a los dos en este estado no sería sencillo. Pero frente a todo lo improbable, Ivar inhaló profundamente y despertó.

—¿La tienen?... La vertestita.

—La tenemos. Ahora cuéntanos qué pasó aquí —dijo Red.

—Los del escorpión... Me atacaron... Pero no te preocupes, estoy listo para irme de aquí —dijo Ivar, que a duras penas podía montar a caballo.

—¿Y dónde están ahora?

—Probablemente mirándonos mientras hablamos.

Galavan miró a su alrededor y solo pudo sentir la brisa de los árboles. El enemigo era muy bueno ocultando su presencia.

—Nuestra mejor opción es huir. No podríamos enfrentarlos en nuestra condición actual. Los perderemos en el camino.

El grupo abandonó el cráter y justo después el enemigo se desvaneció en un portal con la certeza de que se avecinaba una tormenta.