El viaje del colibrí Capítulo 8 #2
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Capítulo 8 #2

Respirar empezaba a hacerse difícil, pero en ese momento se tranquilizó al ver que Ivar había conseguido agarrar a Elric mientras los monstruos se distraían con él.

A pesar de haberlo recuperado, el verdadero inconveniente se había vuelto cómo salir de ahí.

El colibrí agarró su espada «Mata duendes» y tomó nuevamente su postura defensiva, pero antes de lanzarse al ataque fue distraído por Ivar.

—¡Red! ¡Agarra!

Ivar lanzó su espada y Red la atrapó en el aire.

Ahora, empuñando ambas hojas, sintió cómo una increíble oleada de valor corría por sus venas.

Sin perder tiempo, el antiguo protector real encendió ambas en un fuerte fuego rojo carmesí, que inmediatamente asustó a las bestias y las forzó a dar un paso atrás.

—Mi turno.

La dinámica de la pelea había cambiado, incluso contra varios enemigos, Red no paró de atacar hasta que, al lanzar una llamarada de la punta de la espada, las bestias huyeron, dejándolo solo con el duende y el Scark, que, sin embargo, eran criaturas bastante astutas.

Sabían que tenían superioridad y empezaron a atacar de distintos lados.

Red empezó a bloquear sus ataques, pero recibió unos cuantos rasguños del Scark, quien ya no era tan susceptible al fuego. Se había adaptado a base de puro rencor contra el humano.

—¡Aaagh! —gritó Red de dolor, lo cual no hizo más que encender sus hojas en un fuego más ardiente.

Adolorido y molesto, el espadachín lanzó el movimiento que había aprendido de Ivar no hacía mucho tiempo, «el tajo horizontal cortaviento». Su ejecución estuvo lejos de ser perfecta, pero bastó para cortar ambos brazos del duende, quien, tras sentir el inmenso dolor, se libró del control de Gervel.

—¡Humano de mierda! ¡¿Qué hiciste?!

La túnica marrón que Red robó en su primer día en el bosque y que originalmente era verde estaba teñida de sangre, la espalda de Red ardía por los rasguños y él empezaba a perder fuerza, hasta que finalmente cayó al suelo.

El Scark había triunfado. Finalmente podría devorar a la presa que había acechado por días, pero cuando acercó la cara al humano, este, con sus últimas fuerzas, agarró la espada y le cortó el cuello.

Sin embargo, Red carecía de la fuerza necesaria para quitarse de encima el cuerpo de la bestia que había caído sobre él.

—¡Ivar! —gritó Red.

El duende empezó a arrastrarse con la intención de alejarse del peligro. Había perdido ambas manos. No pudo más que contemplar cómo su pueblo estaba hecho un desastre y los cadáveres de sus hermanos decoraban el lugar.

—Ya, así está bien —dijo Ivar mientras ayudaba a Red a quitarse al Scark de encima.

—¿Y Elric?

—Ahí está —dijo Ivar señalando a Elric, quien seguía dormido y estaba apoyado sobre un árbol.

—Nos vamos.

—Solo tenemos que ir por Galavan.

Durante toda la batalla, Galavan se había limitado a bloquear con magia al autómata.

El anciano era un maestro. Le tomaría algo de tiempo al autómata potenciarse lo suficiente como para romper sus barreras, lo que resultó en que el terror mecánico empezara a usar su brazo izquierdo lanzallamas y quemara gran parte del escenario.

El líder duende agarró un cuchillo con sus dientes y se escondió en los arbustos, listo para llevarse consigo al vacío a cualquiera de los humanos.

Solo podía pensar que, si nunca hubieran aceptado obedecer a aquel hombre delgado de cabello blanco, esto jamás habría pasado.

Alguien debía pagar, alguien de la misma especie.

—Esa mierda quemó todo, hace un calor tremendo —dijo Ivar.

—Despiértalo.

—Está bien... Elric, niño, despierta —dijo Ivar mientras le daba unas leves palmadas en la mejilla.

—Mmmm...

El duende se había movido sigilosamente por la zona y se ubicó justo frente a los humanos. En su estado actual, no podría con ninguno de los dos mayores. En su mente retorcida había tomado la decisión de irse causando el mayor daño psicológico posible.

—Ya dormiste bastante, vámonos a Belén.

Repentinamente, el duende salió del arbusto y degolló a Elric con el cuchillo que llevaba en la boca. Aprovechando el momento de asombro, escupió el arma y dijo:

—Mi nombre es Vedurión. Recuérdenlo por el resto de sus paté...

Tras presenciar lo anterior, Ivar rápidamente desenvainó la espada y penetró el entrecejo del duende, lo que acabó con su vida de forma instantánea.

Red, quien seguía sorprendido por lo rápido que todo pasó, pudo ver cómo el niño agonizaba y se acercó para sostenerlo en los brazos.

—Todo está bien.

Justo en el mismo instante, el autómata aumentó su potencia de fuego, causando un gran incendio forestal.

—Llegaremos a Belén pronto, muchacho, resiste —dijo Red. Era una mentira.

Elric se llevó las manos al cuello inútilmente.

El ruido que emitió no era una voz, sino el sonido de la sangre ahogando el aire Entre el gorgoteo ininteligible de su garganta destrozada y el último movimiento de sus labios, Red escuchó, o creyó escuchar, un último hilo de consciencia desvaneciéndose:

—Mamá... Ya amaneció.

El chico había confundido las llamas de los árboles con la luz del sol antes de salir.

Red volteó a mirar las llamas un segundo y, al volver a ver a Elric, el brillo de sus ojos se había apagado.

En ese momento, una lágrima brotó de su ojo derecho, seguida por varias más.

Agarró el cuerpo del niño y lo cargó en sus brazos.

Se paró recto y se quedó quieto sin decir nada. Ivar también mostró sus respetos.

Luego de un minuto, ambos finalmente se movieron y caminaron hasta reunirse con Galavan, quien vio el cadáver y no soltó ni una palabra al respecto. Solo cerró sus puños con impotencia y bajó las manos, con lo que enterró al autómata varios metros bajo tierra.

—Vámonos pronto, eso no lo contendrá mucho tiempo.