Capítulo 6
El festival de Belén
I
—Hoy cenaré puerco. Qué buen premio. Era lo único en lo que Barrett podía pensar. Justo en ese momento, un hombre se puso en su camino.
—Sé que quieres ganar. Mi amigo de allá y yo no tenemos problema con eso. Es tu pueblo y tu competencia, pero digamos que ese cerdo le robó algo a él. ¿Podríamos hacer un trato? —preguntó Red.
El carnicero Barry miró con una sonrisa traviesa y, sin más, le respondió:
—¿Y quién crees que soltó antes de tiempo al puerco? ¡Ja, ja, ja!
—Entonces voy a tener que detenerte.
—Apártate.
Ivar podía ver a la distancia cómo ambos se empujaban mutuamente. Su oponente tiraba de un lado a otro a Red como si de un trapo sucio se tratase. Tenía una fuerza descomunal.
—¡Oye, Ivar, deja de mirar hacia acá y agarra ese anillo, idiota! —gritaba Red lleno de barro donde estaba transcurriendo el evento.
El cerdo era rápido. Todos los competidores por poco le seguían el paso.
No era de esperarse menos de uno de los puercos brincones de Benemdial.
Ivar estaba pensando en la posibilidad de matar al cerdo, pero era un forastero en un pueblo desconocido.
Ir en contra de las costumbres locales y arruinar una de las festividades más esperadas por la gente no sería lo correcto, pero, tras cada tropezón en el barro, este pensamiento se iba desvaneciendo.
La técnica para atrapar a este puerco no es seguirlo, es emboscarlo, pensó Ivar justo al ver cómo Aromer caía nuevamente, sin poder agarrarle ni siquiera la cola al animal.
En ese momento Ivar se detuvo.
—Oye, ¿qué estás haciendo ahí quieto? ¿Estás cansado ya? —preguntó Mary, la anunciadora.
—Solo quedaremos eliminados si estamos totalmente fuera de la porqueriza, ¿no es así?
—Emmmm... sí, mientras una parte de ustedes siga dentro de la porqueriza no serán eliminados.
Mientras tanto, Red seguía siendo arrojado por los aires por Barrett.
—Es inútil, hombre. Soy el mejor levantador de pesas de Mazavid. Estoy hecho para esto.
Red se había cansado. Se preguntaba cómo era posible que un sujeto común lo estuviera venciendo.
Era claro lo que estaba pasando: le faltaba fuerza bruta.
Tirado en el suelo y con la cara entera cubierta de barro, se pasó la mano por ella para poder volver a ver.
Barrett se estaba alejando. Pronto atraparía al puerco.
—Teresa, amor de mi vida, hoy cenaremos como reyes, y tendré un regalo para ti.
El orgulloso Barrett estaba justo detrás del cerdo, pero al momento de agacharse a cogerlo, este dio un gran salto.
—Parece que esta vez tendré que ponerme serio —dijo el hombre arrogante mientras se subía las mangas.
Ak’ Lav estaba persiguiendo al cerdo. Él era un caso especial: siempre había quedado en segundo puesto.
No le importaba mucho el premio; él solo quería divertirse.
Pero la actitud de Barry había molestado a todos.
No lo odiaban ni nada por el estilo, pero querían que perdiera para que se tragara sus palabras y su orgullo.
—Justo, ve a la izquierda. Yo iré a la derecha. Vulkan, distrae a Barry. El cerdo está empezando a cansarse.
—Todos están haciendo trampa. Tienen que juntarse porque no pueden contra mí.
¡Ja, ja, ja! —rio el arrogante carnicero que en ese momento agarró una de las piernas traseras del cerdo, pero, gracias a un empujón de Vulkan, el cerdo volvió a escaparse.
Al carnicero no le hizo mucha gracia. Con la fuerza que lo caracterizaba, así como su tamaño, elevó a Vulkan a la altura de su cabeza y lo cargó a la carrera hasta tirarlo fuera de la porqueriza.
—¡¿Qué te pasa, Barry?! —preguntó adolorido Vulkan—. ¡Creo que me rompiste una costilla!
—Vulkan ha sido eliminado —dijo inmediatamente Mary.
—Ja, ja, nada personal.
Aterrados, Ak’ Lav y Justo vieron cómo Barrett se acercaba cargando rápidamente hacia ellos. Antes de darse cuenta cada uno se encontraba en una de las manos de Barry, no podían bajarse; sin poder hacer nada frente a eso fueron arrojados fuera de la cerca.
—¡Ak’ Lav y Justo han sido eliminados!
—¿Quién queda ahí dentro? Si no quieren ser humillados por mí, salgan de la arena ahora mismo.
—Igual ni me gusta comer puerco —dijo Romdero mientras salía por su propia cuenta de la porqueriza, o arena, como la había llamado el demente carnicero.
—Esto simplemente no lo vale —agregó también Aromer.
—Romdero y Aromer han sido eliminados. Tres concursantes siguen con vida. ¿Quién ganará este concurso épico? ¿Será el gran carnicero? ¿Será alguno de los dos forasteros? Ciertamente nos han dado la mejor competencia en años —dijo Mary.
Red había descansado todo el tiempo oculto en el barro, esperando que el cerdo se acercara o que Barry pasara para agarrarle las piernas y tumbarlo. Ivar seguía quieto, había esperado que alguien que no fuera Barrett atrapara al cerdo, pero solo pudo ver cómo todos habían sido eliminados.
—Ya que están tan quietos, creo que terminaré con esto ahora mismo.
Barry se lanzó rápidamente al cerdo, su velocidad era impresionante para ser una persona de un tamaño tan grande. El cerdo, mucho más cansado ahora que cuando empezó el concurso, iba a ser alcanzado pronto, pero bajo una pequeña capa de lodo, el colibrí tuvo su oportunidad.
—Te tengo, cerdo —dijo Red, quien agarró ambos pies de Barrett y lo hizo caer de barriga.
—¿Me dijiste cerdo? ¡Ja, ja, ja! Me agradas.
—Calla y quédate quieto.
Red estaba forcejeando con Barrett. Lo agarraba fuertemente, se montó en su espalda y lo mantuvo abajo, pero era claro que no aguantaría mucho tiempo. No se puede simplemente detener la erupción de un volcán.
—Ivaaarrrrrrr, date prisa —dijo Red mientras Barrett lo sacudía en el lodo.
Ivar corrió, dio un salto hasta la cerca y se balanceó abriendo ambos brazos. Era mucho más fácil caminar en esta posición que sobre el lodo.
—¡Eso no es justooooo! Está haciendo trampa. Oye, Mary, ¿cómo vas a dejar que haga eso? —decía Barrett, quien seguía sujetado por Red.
—Técnicamente su brazo izquierdo sigue dentro de la competencia.
El cerdo estaba quieto. Su energía se había agotado tras huir por tanto tiempo y, con la velocidad con la que se movía, no fue muy difícil que, con un salto, Ivar lo atrapara.
—Tenemos un ganador: el forastero. Mmmmm... ¿Cómo se llama? Siento no haberlo preguntado antes. No pensamos que fuera a ganar alguien que no fuera Barrett.
—Ivar... Ivar de Lerion.
—¡Con ustedes, nuestro nuevo campeón, Ivar de Lerion!
Todos en Belén festejaban. El invicto de Barrett ya no era más y el concurso había sido el mejor en años. Entre los más viejos del pueblo se podían escuchar opiniones como:
—No hacían uno tan bueno desde que Galavan participaba.
—Lo mejor fue cuando el forastero tumbó a Barry. Eso le enseñará.
Por su parte, Zaretino veía con alegría a los dos forasteros, Red e Ivar. Parecían todo un par de héroes.
—¡Elric! ¿Estás por ahí? No puedo creer que se lo haya perdido.
En el barro de la porqueriza, los quejidos de Barry podían escucharse, estaba triste.
—Ánimo, hombre, fuiste el mejor de todos —dijo Red a un desalentado Barrett.
—No era solo sobre ser el mejor. Ahora no podré darle a mi amada lo que prometí.
—Me diste algo mejor, diversión.
Era Teresa, había venido para consolar a su perdedor esposo.
—Teresa...
—Ahora vámonos, que tienes que prepararte para la siguiente competencia, en esta sí ganarás.
—Esperen. Como campeón quiero hacer una petición.
—¿Qué quiere? —preguntó Mary.
—Primero quiero que alguien mate al puerco y me devuelva mi anillo, y luego que lo preparen para una cena y den una porción a todos los que compitieron.
—Pues creo que puede hacerse.
La gente sonrió. Los forasteros les parecían amables.
El primer evento del festival había sido un éxito y, a pesar de que los dos eventos principales transcurrían en el primer día, habría otros eventos menores como bailes y un concurso de disfraces.
Pero a pesar de tantas distracciones las mentes de Sarah y Zaretino estaban en la ausencia de su amigo Elric.
Tras esta gran victoria los dos desertores volverían a juntarse.
—Oye Red, gracias por ayudarme a recuperar el anillo.
—No fue nada, solo tuve que tragar barro y ser arrojado.
Ambos rieron.
—¿Cuándo empieza el otro evento?
—Ak’ Lav dijo que en unas ocho horas.
—Eso es mucho tiempo, podemos echar una dormida mientras tanto. ¿Cuándo nos vamos?
—¿Vamos? —preguntó Red.
—Claro, tú y yo ahora estamos juntos en esto.
—El viejo y yo saldremos, necesitamos recuperar algo de las ruinas de un cuartel a varias horas de aquí.
—Yo los acompaño, te lo debo.
Red no sabía por qué, pero algo le hacía sentir que podía confiar en Ivar. Para mostrarle su confianza, asintió ligeramente con la cabeza.
—Bueno, nos vemos en un rato. Voy a quitarme todo este barro de encima —dijo Red mientras se despedía temporalmente.
Por las afueras de Belén, cerca del río donde se llevaría a cabo la pesca del festival, Red lavó su ropa y se lavó a sí mismo.
En un punto sintió que algo estaba ahí con él y no era humano.
Luego de quitar otra mancha de barro de la camisa blanca que llevó durante el evento, levantó la cabeza y pudo observar varias sombras espectrales.
Solo estaban allí, quietas, no se acercaron, pero cuando las vio fijamente empezaron a emitir un sonido extraño y una niebla similar a la que había fuera del pueblo empezó a propagarse.
Red volvió a mirar a las sombras y una de las siluetas levantó lo que parecía ser una mano y señaló un collar de plata que colgaba de la rama de un árbol, el cual, al ser golpeado por la brisa, parecía tocar notas musicales.
No era el único. Había decenas. Parecían establecer un perímetro. Las sombras no podían atravesarlo.
—Esos deben ser los espantaespíritus que dijo Galavan.
—Carneeeee —susurró una de las sombras.
—Déjanos entrar.
—Te lo diremos...
Red salió del agua de espaldas mirando desconcertado a las sombras espectrales.
—Reeeeeeeeeeeeeed —dijo una de ellas, llamando su atención.
—Lo escucharás a él... Si lo haces.
—¡¿Escuchar a quién?! —respondió Red.
En ese momento los collares empezaron a sonar y la neblina y las sombras se disiparon.
—Debería ir a ver a Galavan.