Capítulo 1 #2
El sectario hizo caso y llevó la lanza junto a «Robert» y sus otros dos compañeros. Decidieron que el hombre gordo atravesaría el corazón del monstruo. Pero el sentido del humor dejó su corpulento cuerpo cuando se dio cuenta de lo que se supone debía hacer.
—Ja... ja. Igual que a la bruja que matamos hace dos semanas. ¿No? —dijo de forma nerviosa el sectario. Luego miró la lanza y apretó el palo hasta que hizo sonar los guanteletes—. No se va a meter mientras haya fuego. No se va a meter... mientras haya fuego —repitió el hombre para autoconvencerse.
—Date prisa o le diré a Holloway cómo te cagaste de miedo.
El sectario hizo una cara de pocos amigos y, como si fuera un toro, botó humo por la nariz:
—Tienes razón, no es como si se fuera a mov...
De repente, el monstruo saltó al círculo iluminado por la hoguera y en menos de cinco segundos mató a dos de los sectarios.
El hombre gordo salió volando hasta un árbol cercano y se partió el cuello.
El hombre alto, Donnie, fue atravesado por el brazo del monstruo y Frank corrió junto a Red, pero tropezó con la raíz de uno de los colosales árboles del bosque.
—No, Zhonos, ¡Zhonos!... ¡No es justo! Aún... ¡Aún teníamos fuego! —gritó Frank antes de que la bestia se lanzara sobre él y lo matara a zarpazos.
El resto de los miembros de la iglesia del sol verde agarraron horcas, lanzas y espadas, pero ninguno de los ocho restantes sobrevivió o pudo propinarle un golpe a la criatura.
Red no dejó de correr, agarró la única arma restante que pudo encontrar, un arco y una única flecha, y avanzó hacia una jaula llena de prisioneros. La jaula era más segura que la libertad en ese momento.
Los prisioneros miraron al sujeto con ropajes de la iglesia extrañados y uno que otro preso lo miró con una mirada asesina. Red se quitó la capucha y retrocedió hacia el fondo de la jaula, apuntando el arco hacia el monstruo.
—Scark —gruñó el monstruo, intentando agarrar a la gente de la jaula con sus largos brazos.
En ese momento un anciano canoso de ojos verdes, muy pálido y delgado, miró a Red de arriba abajo y con mucha tranquilidad dijo:
—No eres de por aquí, ¿cierto?
—¿Cómo te diste cuenta? —preguntó Red con algo de sarcasmo ante recibir tal pregunta en esta situación.
—Los Scarks odian el fuego. Si consigues correr hacia la hoguera y agarras un trozo de leña podrías intentar ahuyentarlo.
—Muy arriesgado... —se dijo Red—. Tengo una idea.
El colibrí extendió su mano brevemente por memoria muscular y conjuró una pequeña llama en el dedo como solía hacer Elara. Acercó la punta de una flecha al fuego de la yema de su dedo, la encendió y la disparó a la criatura, que inmediatamente se retorció y huyó.
Afortunadamente para él, los acólitos estaban muertos pero la criatura volvería, algo se lo decía. Luego de la batalla, o más bien masacre, los prisioneros bajaron un poco la guardia con Red y empezaron a hablar.
—Cómo cambian las cosas —dijo un preso—. Dime qué nos impide matarte ahora que somos mayoría.
—Yo no soy un sectario. Solo me disfracé. Puedo liberarlos. —Red meneó las llaves que le robó a Robert.
—Vaya, nuestro salvador, eres todo un héroe.
—¿Cómo podemos confiar en ti por simplemente decir que estás disfrazado? Esto puede ser una prueba más de la iglesia. No se levante nadie —dijo otro prisionero.
Luego de esto, Red abrió la jaula.
—No lo es, pueden irse.
Lentamente seis de los ocho prisioneros se levantaron y se fueron.
Una de las prisioneras, una mujer de unos veinticinco años, muy pálida, de ojos verdes y cabello marrón oscuro lo miró fijamente y dijo:
—¿Si no eres de la iglesia, que estás haciendo aquí?
—Huyo.
—Me llamo Lilly. No tengo mucho con qué agradecerte, pero puedo darte información si te sirve.
—Gracias... Supongo que hay un par de cosas que me interesaría saber. Pero primero, ¿estarán bien? Se ven muy pálidos todos. ¿Es alguna enfermedad o la iglesia los sometió a algún experimento?
Lilly pensó que estaba bromeando, soltó una carcajada y miró de nuevo al hombre, su mirada confundida indicaba que estaba hablando en serio.
—¿Acaso no lo sabes? Es lo que pasa cuando no ves el sol en años. Aquí siempre es de noche. ¿No te habías percatado?
Red no quería creerlo, pero sabía que Lilly estaba hablando en serio. Lo más probable es que llevara casi un día dentro del bosque y no había señales de que el sol fuera a salir pronto.—Soy nuevo aquí, no llevo ni un día. Solo he escuchado un par de historias y estoy de paso.
—¿Cuál es tu nombre?
Red pensó en mentir, dar un nombre falso, no conocía a esta mujer, pero algo en ella le recordaba a su prima Anne. Quizá ese algo le hizo no mentir.
—Me llamo Red.
—Es un nombre extraño.
—Así es... ¿Puedo saber qué hace alguien como tú aquí? —preguntó Red, estirándose.
—Maté a mi esposo.
En ese momento, el anciano de antes se acercó.
Era obvio que el anciano y Lilly estaban relacionados de alguna forma, tenían los mismos ojos verdes y grandes.
—Soy Lawrence Bauer, el abuelo de Lilly.
—Gracias por la ayuda de antes. ¿Cómo sabías que el fuego funcionaría?
—Soy cazador, o lo fui antes de estar acá. El esposo de Lilly era un terrateniente. Cuando tenía tan solo doce años, ese animal intentó alejarla de mí.
En ese momento, Lilly se levantó con lágrimas en sus ojos y se alejó.
—Como te imaginarás, ella sufrió mucho. Yo ya viví mi vida, pero una mujer aún joven no debería estar en este lugar repugnante.
—No preguntaré más de lo sucedido. Lo siento por eso —dijo Red, mirando a Lilly fuera de la jaula.
—Solo necesito ayuda para orientarme y salir de este bosque, eso es todo.
—Podrías devolverte y caminar, seguro estarías afuera pronto, si eres constante.
—No es tan sencillo, soy un hombre buscado —dijo Red —Le robe nada más y nada menos que al rey de estas tierras.
—¿Al rey Lobok? —preguntó el anciano, confundido.
—Lobok está muerto, el rey actual es Vlak.
—Así que el segundo hijo reemplazó al padre.
Mis conocimientos sobre el reino... Llevo tanto aquí que ya no son confiables...