EL VETERINARIO 37 #2
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37 #2

—¿Por qué? ¿Por qué me lo dices ahora? ¿Justo ahora?

Me tomé mi tiempo para responderle:

—Porque prefiero que lo sepas por mi boca, antes de que alguien te lo tire a la cara —sentencié, y me quedé en silencio.

Clarisse levantó la vista y sentí la mirada fija de sus ojos azules que estaban enrojecidos, brillantes, llenos de una mezcla de culpa, celos y algo parecido al pánico.

—Martín… no puedes soltarme eso y quedarte callado.

Negué con la cabeza, apenas en un movimiento.

—No… No vamos a entrar en eso ahora.

—¿Cómo qué no? —su voz se quebró un poco—. Tú acabas de… de confesarme que te acostaste con ella. ¿Y esperas que me quede, así como si nada?

Me acerqué a la mesa y tomé asiento frente a ella, pero no la miré a la cara. Apoyé los codos y froté los ojos con las yemas de los dedos.

—Clarisse… estoy muerto. Tú también —dije—. No quiero discutir. No tiene sentido hacerlo… sólo quiero dormir.

Ella abrió la boca, indignada, pero yo levanté la mano, cortándola con suavidad.

—Ya lo sabes. El resto… el resto, no tiene sentido entrar en detalles. Ahora mismo no me importa.

Clarisse me miraba con la respiración agitada. Las lágrimas seguían cayendo, pero más lentas. Parecía no entender cómo yo podía estar tan frío, tan cortante. Ni siquiera yo entendía estás reacciones, tal vez si era culpa del cansancio.

—No es justo —susurró—. No es justo que me digas eso y luego te cierres.

Me levanté en un gesto lento y me acerqué a ella, inclinándome y rozando el pelo húmedo con los dedos, un roce casi paternal, sin calor.

—Nada de esto es justo —dije en voz baja—. Pero ahora mismo lo único que quiero es acostarme. Tú también deberías, el cuerpo te pide descanso…

Ella me miró desde abajo, con los ojos llenos de preguntas que no se atrevía a formular. Y yo sólo atiné a alejarme hacia el pasillo. Me giré.

—Venga, vamos a dormir.

Nuestras miradas se encontraron, ella tragó saliva asintió levemente.

—Ahora voy.

Como pude me quité los zapatos y pantalones y me dejé caer en la cama, de lado y de espaldas a la ventana. Aunque estaba hecho polvo demoré unos minutos demás en dormir. Esperaba que Clarisse se acostara a mi lado, pero de un momento a otro el agotamiento me venció.

Cuando desperté ella dormía a mi lado, dándome la espalda y acurrucada en una almohada. Tenía signos de haber seguido llorando, el blanco de sus lágrimas resecas lo decían. De pronto su móvil en la mesilla vibró, la pantalla se iluminó, pero yo ya no le daba importancia.

En un gesto, la cubrí un poco más con las sábanas, luego sin hacer ruido fui al baño a lavarme la cara y salí sin rumbo a caminar por ahí.

Era inevitable no recordar las escenas de los vídeos.

Llegué a una parte de la ciudad en la que nunca había estado, una especie de alameda y de manera oportuna estaba casi vacía.

Me senté en un banco de piedra, el más alejado situado bajó un árbol.

El móvil no paraba de vibrar, lo revisé y había demasiadas notificaciones de WhatsApp, correos, mensajes, llamadas perdidas, etc.

Abrí WhatsApp.

Mensajes de Rafa, La oficina, el aparejador, colegas, clientes, etc…

Pero haciendo scroll, vi que Laura había respondido durante la mañana, cuando yo dormía. Tenía varios mensajes de ella. Abrí el chat:

Después vi el de Laura.

Laura: Hola, Martín.

Oh debería decir cornudo…

Laura: No tiene caso ya, darte la dirección de Vicente.

A esta hora tu noviecita ya debe tener el culo bien abierto.

Laura: Y sí… yo le pasé el vídeo.

El de nosotros dos.

Te jodes.

Laura: Ese viejo folla mejor que tú. Y ahora tu delicada noviecita, tan culta, tan refinada… lo sabe.

Y no pienses que ha sido de ayer. Vicente la ha venido trabajando desde que te fuiste.

El lunes en el hotel, le metió mano hasta dejarla con la calentura a tope. Y las bragas, ella misma se las dio.

El martes, él la recogió afuera de vuestro edificio y la llevó al trabajo, pero antes se desviaron un poco, sólo para que Vicente le hiciera otra paja y volver a dejarla a medias…

Laura: La ha trabajado de tal manera, que ella misma lo buscó en la exposición esa…

No me crees, mira:

Debajo de los mensajes adjunto archivos multimedia: fotos y videos cortos.

Fotos de Clarisse apoyada e inclinada en una mesa (el del hotel), con la falda remangada en la cintura y las bragas en su tobillo.

El vídeo que acompañó a esas fotos, de apenas 15 segundos, era de ella gimiendo «Ahh… Mmhnn… Vicente…» «Sigue… sigue…» «Oohhmnn… me voy aahh…».

El vídeo se cortó ahí.

Las siguientes fotos eran de ella, con los ojos cerrados y acostada en el asiento del copiloto reclinado hacia atrás.

Con la falda corta, cobriza en tonos tierra, atorada a la altura de su ombligo.

Las bragas negras con un pequeño lazo de adorno del mismo color en el frente, corridas a un lado.

El top negro de punto con escote en V totalmente descolocado dejando las tetas empitonadas al aire.

El vídeo que le seguía, de apenas 10 segundos, la enfocaba por completo, mientras Vicente le metía los dedos en el coño y le devoraba las tetas con ganas enfermizas…

Ese golpe de realidad me nubló la vista y al mismo tiempo me llenó de rabia. Al final la vigilancia constante no sirvió de nada, lo que me ponía más furibundo.

Le escribí:

Martín: ¿Por qué haces esto?

¿Qué te hice?

No entiendo…

La respuesta tardó apenas unos minutos, minutos que se me hicieron eternos.

Laura: Porque le rompiste el labio a mi hombre.

Porque me gusta cumplir sus deseos.

Porque disfruto ver a cornudos como tú, que no pueden evitar jalársela, viendo a sus noviecitas inalcanzables convertirse en simples putas, pidiendo polla…

Laura: Escribiendo…

FIN