El verano que fuimos libres 67. Wes
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67. Wes

Wes

Dicen que la libertad tiene un precio.

Te reta, te mueve, te incomoda.

Elegir por ti mismo implica renunciar a caminos ya marcados, a lo seguro, a compartir la responsabilidad del fracaso.

Ser libre significa cargar con las consecuencias de una elección. Significa abrazar la soledad que conlleva ser tu propio dueño. Significa transitar el vértigo de que, cuando abras los ojos, quizá todo haya cambiado y te toque desandar tus propios pasos.

Para mí, además, la libertad conlleva renunciar a la raíz, a la cuna, al origen.

Parte de mi identidad se disolverá el día que corte las cuerdas.

Pero quedarme anclado en esta posición de por vida acabará devorándome desde el interior.

Quizá por eso la cuestión no sea preguntarse cuál es el precio de la libertad, sino cuánto estoy dispuesto a pagar por renunciar a ella.