37. Elise
Elise
Aunque soy una experta en adaptarme a situaciones incómodas y fingir durante un rato, hay algo en esta noche que me supera.
Miro a Wes de vez en cuando mientras actúa con absoluta cordialidad tanto con los invitados como con su prometida, y siento que voy a desaparecer bajo el peso de todas las cosas que él me despierta; esa maraña de emociones contradictorias, algunas buenas, como la curiosidad, la fascinación y la ternura, y otras dañinas, como la decepción o la rabia.
Intento disfrutar de la velada. Intento charlar, alegrarme por Mark. Pruebo la comida. Bebo de la copa que siempre tengo en la mano. Cuento anécdotas que mis interlocutores reciben con sonrisas.
Pero, en algún punto, necesito aire puro.
Me escabullo a la terraza del piso de arriba y allí respiro el oxígeno fresco de finales del verano. Las luces de la ciudad titilan como una hilera de bombillas led que dibujan formas y palabras abstractas, sin significado.
De pronto, noto unos pasos detrás de mí.
—Els...
Me giro y sonrío a la persona que se une a mí en medio de la penumbra.
—Hola, Luke.
—Toma. Creo que lo necesitas.
Me tiende una copa y yo me la acerco a la boca. Doy un trago largo y refrescante.
—Es agua. —Frunzo el ceño.
—Sí. Te he visto tomar varios negronis. No te culpo. Están de miedo. Solo lo digo por tener todo bajo control y no tirar los misterios de la noche por la ventana.
Luke apoya los codos a la altura de los míos, en la barandilla que nos protege de caer al vacío. Escucho su respiración sonora y sé por qué está aquí. Él no va a fingir que no sabe qué hay en mi cabeza esta noche. Y, pese a todo, se lo agradezco.
—Creo que nunca me he sentido tan fuera de lugar —digo—. Yo no soy así, Luke. Yo no soy la chica que se queda en una ciudad que se la traga, haciendo un trabajo que no le gusta, deseando al marido de otra.
Sus ojos verdes me buscan en la penumbra y me taladran con decisión.
—¿Y quién eres, Elise?
—Alguien que vive, no que sobrevive. Que siente con intensidad las cosas que hace. Y los últimos años me he alejado demasiado de mí. Pero esto... esto va a destrozarme.
Luke no dice nada y no hace preguntas tampoco. Eso me gusta. Esa sensación de sintonía. Como si las palabras vacías estuvieran de más.
—Le hubieras gustado mucho —susurra.
—¿A quién?
—A Marcus.
—¿Al hermano de Wes?
—Sí. Últimamente... no dejo de pensar en él.
Hay algo en la manera en que dice esto último que despierta mi curiosidad.
—¿Estabais muy unidos? Quiero decir, erais primos.
—Estábamos muy unidos, sí. Primos... Bueno, eso decía un papel. Pero Marcus y yo no nos sentíamos primos exactamente, y no solo porque no tengamos la misma sangre. Es complicado.
Lo observo con atención y me surgen un millón de preguntas acerca del vínculo que los unía, pero se quedan aquí, flotando entre los dos.
—¿Por qué crees que le hubiera gustado a Marcus? —digo en su lugar.
—Porque respetaba la esencia de las personas. No pretendía cambiarlas, no quería que se ajustaran a su contexto. Las aceptaba. Y creo que tú eres igual. En un mundo ideal, serías perfecta para Wes.
—En un mundo ideal... —Sonrío con cinismo.
—Me gustas, Elise. Creo que eres una buena persona.
No te conozco tanto, pero te veo heridas en los ojos y eres muy joven para acumular una más.
Por eso creo que necesitas saber que Wes no va a dejar su vida.
Y no va a dejar a Laurie. Y no estoy diciendo que no le importes o que no sienta algo por ti, estoy diciendo que necesita trabajar a fondo en sus mierdas para tomar una decisión de ese calibre sin volverse loco de la culpa.
Después de la muerte de Marcus, casi lo perdimos.
Tuvo muchos problemas de salud mental y se siente en deuda con aquellos que estuvieron a su lado.
—Laurie —adivino.
—Sí. Laurie. Además, enfocarse en la empresa también fue una especie de terapia. No va a ser fácil para él darle la espalda a todo su mundo.
Asiento. Aunque todo esto ya lo sabía por Wes, escuchárselo decir a Luke hace que tome una perspectiva distinta.
—¿Por qué me cuentas todo esto?
Él sonríe.
—No tengo ni puta idea. No sé si intento ser justo contigo porque me caes bien y creo que mereces tener toda la información o porque estoy tratando de protegerlo a él y ponerle las cosas un poco más fáciles al Wes que es hoy.
—¿Pueden ser las dos?
—Seguramente sean las dos. —Me mira con complicidad.
—Te preocupas mucho por él.
—Lo quiero como a un hermano y, además, es lo que Marcus hubiera querido. Que alguien cuidara de Wes de verdad.
Yo asiento despacio y le doy las gracias a Luke por la conversación, que ha ubicado algunas ideas que aún se resistían a encontrar su lugar.
Cuando bajo de nuevo a la planta donde la celebración continúa, me acerco a la barra.
Mientras espero, alguien se sitúa a mi lado y me sorprendo al encontrarme el rostro de Laurie.
—Hola —me dice.
—Hola.
—Perdona si te he molestado antes con mi comentario.
Tomo aire y me fuerzo nuevamente a sonreír.
—De verdad que no tienes que disculparte.
Ella asiente. Noto que me observa. Con interés al principio, con un ángulo algo más profundo después.
—¿Llevas mucho viviendo en San Francisco? —me pregunta.
—No. Desde... —Hago un gesto impreciso para referirme a todo el lío de Jake.
—Ah. Ya.
—No creo que me quede por aquí mucho más —digo de pronto, en voz alta por primera vez, como si no pudiera retener la decisión dentro de mí por más tiempo.
—¿Por? ¿No te gusta?
—Me encanta. Pero no es para mí.
No me estoy refiriendo a la ciudad. Y algo dentro de mí me dice que, quizá, Laurie lo sabe.