29. Elise
Elise
—Sam..., tengo un problema —le digo a mi amiga cuando responde por fin al teléfono tras haberlo dejado sonar durante varios segundos.
—Vale. Y yo tengo cinco minutos antes de que vengan a ponerme un millón de rulos en el pelo. Tengo que rodar una escena cuyos detalles no puedo desvelar, pero que implica que parezca que una familia de pájaros podría vivir en mi cabeza. Dispara.
Suelto una exhalación. Después, inspiro con fuerza.
—Creo... creo que me gusta Wes.
—A ver, define gustar. —Sam ni siquiera suena sorprendida.
—Pues... que me gusta. Él . Me gusta él.
—¿Que quieres tirártelo?
—Sí. Bueno, no exactamente. Siento que tenemos una conexión, ¿sabes?
Una conexión emocional. Que conmigo él es él y con él yo soy yo.
¿Sabes esa sensación cuando conoces a alguien nuevo que no sabe absolutamente nada de ti ni de tu vida y puedes decirle cualquier cosa sin miedo a que te juzgue?
Pues es justo así entre nosotros. Es como.
.. eso, lo que he dicho antes. Una conexión.
—Conexión. Ya. Vale. ¿Eliges tu ropa interior cuando sabes que vas a verlo al día siguiente?
—Sam...
—Lo sabía. No te pongas mística conmigo, por favor te lo pido.
Cierro los ojos y apoyo la cabeza en el respaldo del sofá.
No le digo que el otro día estuvimos a punto de rebasar la línea.
Aunque el beso no llegó a ser, para mí ocurrió.
Con Wes siempre está todo enredado. La intimidad. La piel. Los sueños por cumplir.
—Te he dicho que tenía un problema.
—¿Porque está atrapado en su propia vida o porque va a casarse con otra?
—Por ambas.
—¿Y qué piensas hacer?
Siento un puño invisible cerrando mi garganta. La respuesta aparece en mi mente. La única solución posible para salir ilesa de esto.
Pero nunca se me han dado bien las renuncias y Wes no es solo un chico que me gusta, también se ha convertido en un apoyo, en un refugio, en el lugar al que quiero regresar cada día.
—Debería dejar de verlo —susurro.
—Suena inteligente.
—Pero no sé cómo poner distancia...
—Pues tienes que encontrar la forma.
Suelto un suspiro denso, cargado de todas las cosas que no le digo a Sam: que nunca me había sentido de esta manera, que lo que empezó como curiosidad por las contradicciones que envolvían a Wes se ha convertido en una fascinación sincera por la persona que es, por la persona que fue, por la persona que sé que puede llegar a ser.
Al otro lado de la línea, se oyen los pasos de Sam y sonido de voces y mobiliario arrastrándose.
—Tengo que dejarte, pero escúchame. Els.
.., tienes veinticinco años y una vida profesional por recomponer después de lo del idiota de Jake.
No pierdas el tiempo con ese tío por muy «conectada» a él que te sientas.
Hemos visto esta historia mil veces. ¡He protagonizado películas de bajo presupuesto sobre esta historia!
¿Y sabes cómo acaba? Él no deja a su novia y sigue atado al imperio familiar. Cuida de ti. Es tu especialidad.
A continuación, mi amiga corta la llamada y yo me quedo pensando en todo. En soltar, en abrazar, en sobrevivir.