El verano que fuimos libres 19. Elise
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19. Elise

Elise

El verano en San Francisco no es como el verano de Los Ángeles.

Hay días de lluvia, nubes y tormenta. Quizá por eso, cada vez que brilla el sol, parte de mí lo vive como una explosión de color que me ofrece la oportunidad de volver a empezar.

Aunque sigo sin encontrarme a mí misma en las calles de esta ciudad, poco a poco voy construyendo una rutina.

El trabajo. Tomar algo de vez en cuando con mis nuevos compañeros. Acudir a exposiciones, al cine, al teatro.

Todo aquí es diferente a lo que conocía. El ritmo, los sonidos, la frecuencia a la que vibra la ciudad.

Es un buen lugar donde reinventarse por completo, pero cada vez que cojo el móvil la realidad acecha.

Los medios siguen hablando de lo ocurrido con Jake. No al mismo nivel que al principio, pero aún sigo teniendo cientos de mensajes al día, peticiones de entrevistas y llamadas de gente a la que no puedo ignorar eternamente.

Sam insiste en que debo hacerme con un agente o alguien que me ayude a gestionar todo esto, pero no puedo permitírmelo. Ni tampoco estoy segura de querer ceder el control en este momento.

Sigo adelante, intentando centrarme en el presente y ganarme el respeto de la gente de mi nuevo trabajo.

Un día, por casualidad, me encuentro con Molly, la amiga de Wes, en la puerta de un cine antiguo.

No sé cómo, acabamos tomándonos algo juntas y entre las dos surge el principio de una amistad.

Le hablo de cómo me siento últimamente y ella me escucha sin juzgar.

Después, me habla de su trabajo y de lo importante que es para ella.

Me cuenta que conoció a Brian en la universidad, igual que a Mark y a Wes. Desde entonces, son inseparables.

—Si te sientes sola, puedes llamarme siempre que quieras —me dice cuando nos despedimos, y así es como empiezo a quedar de manera más o menos habitual con el grupo de amigos de Wes.

Me invitan a planes, vamos a fiestas, me dejan formar parte de su vida.

A Wes no he vuelto a verlo desde el día de la galería, pero siento que comienzo a conocerlo un poco mejor a través de los ojos de sus amigos.

Hablan mucho de él. Se nota que le tienen un aprecio sincero, aunque a veces se les escapan ciertos juicios hacia la manera en la que lleva su vida.

Luke es siempre el que sale en defensa de su primo:

—Siente una responsabilidad desmedida para con su familia —explica—. Nosotros estamos fuera de ese mundo, por eso nos cuesta tanto entenderlo.

Con cada conversación en la que su nombre sale a relucir, voy interiorizando más y más el hecho de que Wesley James tiene una vida, unas metas y un camino opuestos a los míos.

Un fuerte deber familiar. Un compromiso real con otra persona. Un futuro que se adivina en el horizonte y cuya trayectoria no se ve en absoluto afectada por nuestro reencuentro.

Wes vive al otro lado del espejo y poco a poco voy asumiendo la idea de que debo dejar marchar su recuerdo, porque ahí dentro nunca podré alcanzarlo.