11. Elise
Elise
La presencia de Sam me hace sentir protegida y acompañada y también me obliga a confrontar lo que siento. Con ella aquí, no existe la posibilidad de mirar para otro lado.
—¿Estás preparada para dar la cara? Te recuerdo que tu trabajo es salir delante de una cámara fingiendo que no tienes vida más allá de la noticia que cuentas.
—Lo sé. Y te digo que estaré allí. No voy a dejar que el imbécil de Jake arruine mi carrera.
Sam asiente y no discute. A continuación, se encarga de los detalles. Un coche con los cristales tintados, una llamada para acceder por el parking trasero y alguien de seguridad impidiendo el paso de los curiosos.
Sin embargo, ni todas las contingencias que ha cubierto mi amiga son suficientes para evitar que unas veinte personas nos fotografíen entrando en el estudio cuando nuestro vehículo se cuela por la parte de atrás.
Sé que mi rostro llenará las noticias en las próximas horas.
Sam no se separa de mi lado en ningún momento. Ni cuando los ayudantes de producción nos hacen pasar al interior ni cuando mi jefe directo, Hayes, me pide que lo acompañe a su despacho.
—Elise, te agradezco que hayas venido a pesar de todo.
—Es mi trabajo. ¿Cómo no iba a venir?
Hayes, que fue quien decidió apostar por mí cuando yo solo era una reportera en una cadena local y que ha ejercido, en cierto modo, como mentor, apenas puede mirarme.
—Siento tener que hacerte esto, Elise. —Su tono de voz es tenso.
—¿Hacerme el qué?
—Vamos a tener que prescindir de ti.
—¿Qué? ¿Por qué?
—Es una orden de arriba. Tu imagen ahora mismo está muy debilitada. Llevamos recibiendo críticas y llamadas desde ayer. Lo siento, es lo mejor para la cadena.
La humillación llega en forma de calor y ardor y lágrimas no derramadas.
—Vaya... Eso es lo que de verdad importa, ¿no? —susurro—. La cadena. Contasteis conmigo cuando mi popularidad creció por salir con él y, ahora que estoy en apuros por su culpa, me dais la patada.
—Contamos contigo porque vimos algo en ti. Has hecho un trabajo excelente este tiempo.
Me pongo de pie y siento que el suelo se mueve. Sé que él no tiene la culpa. Hayes siempre ha mirado por mí y por mi carrera. Es injusto que le hayan echado el muerto de ser él quien me dé la noticia.
—Te pagaremos hasta el último centavo, Elise, tienes mi palabra. —Parece avergonzado e incómodo con la situación.
—Pero... —intento decir.
—Lo siento muchísimo, Elise. Sé que, a la larga, nos arrepentiremos de haberte dejado marchar.
Lloro durante todo el trayecto de vuelta hasta casa de Sam mientras ella consulta con abogados y contactos.
Siempre supe que algo así podía pasarme.
Conseguir un puesto gracias a alguien puede volverse en tu contra porque el mérito de haber llegado hasta ahí no es realmente tuyo.
Y ahora recuerdo justo eso: que no soy nadie, que no hice nada para ganármelo.
Porque, quizá, Hayes sí vio algo en mí, pero la última palabra la tuvieron los mismos directivos que ahora han tomado la decisión de deshacerse de mí.
—¡Maldito hijo de puta! —exclama Sam en cuanto salimos del coche en el parking y ve que, junto al acceso a su edificio, se encuentra Jake—. ¿Cómo coño te has colado aquí?
—Solo quiero hablar con Elise —dice él con cierto aire prudente.
Yo permanezco detrás de ella, en silencio, observando la versión de Jake que se ha aparecido frente a mis ojos.
Está demacrado, más delgado que cuando nos despedimos en el aeropuerto días atrás y con la mirada oscura.
El impacto de las últimas horas es tan grande que apenas puedo moverme.
—Ella no quiere hablar contigo.
—Pues no me iré hasta que lo haga.
—Genial. Llamaré a la policía.
Sam saca el móvil del bolso y veo cómo empieza a marcar, pero la detengo a tiempo.
—Espera, Sam. —Pongo la mano en su brazo.
—¿Qué? No tienes por qué aguantar esta mierda, Els. Es un degenerado. Un pervertido asqueroso y un...
—Sam —la corto.
—¿Qué?
—Solo quiero enfrentarme a él yo misma y asegurarme de que no se le ocurre volver.
Mi amiga resopla. Pero no intenta convencerme de que no haga esto. Necesito un cierre. Y ella lo sabe.
Nos da algo de espacio y yo quedo frente a Jake, en la penumbra del parking , mientras Sam coge su móvil y anuncia:
—Un solo movimiento en falso, Danton, y la policía estará aquí antes de que te des cuenta.
Jake suspira, frustrado.
—No quiero escuchar tus explicaciones porque no me interesan —le digo—. No existe justificación para lo que has hecho. Solo quiero que te quede claro que no quiero volver a saber nada más de ti.
Él asiente. Me observa con atención y después hace el amago de acercarse. Yo doy un paso atrás.
—Els, nena, lo siento tanto... —empieza a decir—. No es tan malo como lo pintan. En serio.
—He dicho que me da igual, Jake. Tú y yo hemos terminado.
—No podemos terminar. Yo te quiero. Iba a pedirte que te casaras conmigo.
Cierro los ojos. No puede estar hablando en serio.
—No me creo nada que venga de ti. Te lo digo en serio, Jake. No vuelvas a ponerte en contacto conmigo, no me escribas, no me llames, no me busques. Porque, si lo haces, llamaré a la policía.
—Els... —De nuevo intenta acercarse. Yo doy otro paso atrás.
—¡No! Quiero que salgas de mi vida. Mandaré a alguien a por mis cosas y no quiero saber nunca nada más de ti.
—Haré lo que me pidas, Elise. Pediré disculpas en público. Haré obras de caridad para rehabilitar mi imagen. Te compraré un jodido palacio. Dime qué tengo que hacer para que me perdones.
—Nunca te he pedido nada, Jake —le digo—. Nunca te pedí que te comprometieras conmigo o que renunciaras a tu modo de vida. Jamás insinué que me hicieran falta los lujos que me dabas. Pero te pido esto. Déjame marchar.
Parece dolido cuando escucha mis palabras. Temo por un instante que su coraza se haga pedazos delante de mí.
—¿Ya no me quieres, nena? —pregunta con un hilo de voz—. Porque si aún me quieres, podemos superarlo. Besaré el suelo que pisas, pondré todos mis bienes a tu nombre, haré...
—Márchate, Jake.
—Elise, por favor... —suplica.
—Vete.
—Pero...
—Ahora.
Jake camina hacia atrás, cabizbajo, siendo consciente de que no hay excusa para sus actos ni manera de arreglar lo que ha hecho.
Porque puede que yo le haya demostrado en este tiempo que soy una persona con ganas de que la quieran, pero también era mi deber enseñarle que no me sirve cualquier tipo de amor.
Que necesito sentirme segura, que necesito confiar y que no quiero verme envuelta en la nube de un cariño tóxico que no me deje respirar.
Veo cómo Jake abandona el aparcamiento sin esperanza. Parece herido. Pero creo que es una pose. Ahora lo sé. Nunca fui tan importante.
Sam cubre la distancia que nos separa y tira de mí para meterme en el ascensor de su edificio. El sollozo me parte la garganta antes de que se cierren las puertas.
—Todo va a salir bien, Els —me susurra—. Estás mejor sin él.