Capítulo 55 #2
La carta comienza a pasar de boca en boca desde uno de los extremos de la fila. La primera ronda transcurren entre risas, empujones y algún que otro amago de beso que acaba en carcajada.
Nadie cae eliminado.
Cuando la carta inicia el recorrido de vuelta, el ambiente cambia.
Las bromas desaparecen y la tensión empieza a notarse incluso entre el público.
La carta llega hasta Laura. Ella sonríe demasiado.
Da un pequeño paso hacia Gael y acerca los labios con una lentitud casi calculada.
Puedo ver perfectamente lo que pretende.
Durante una décima de segundo pienso que va a dejar que lo bese.
Pero entonces...
Gael gira la cabeza. La carta cae al suelo. Laura se queda completamente inmóvil. Y antes de que nadie sea capaz de reaccionar...
Él da un paso hacia mí.
Sus manos sujetan mi cara con una delicadeza que me desarma y me besa delante de todo el pueblo. No es un beso largo, ni apasionado, ni mucho menos una reconciliación.
Es apenas un roce de labios.
Pero basta para ponerme todos los órganos del cuerpo del revés y hacer que las mariposas que creía extintas vuelvan a revolotear por mi estómago como si jamás se hubieran marchado.
Cuando se separa de mí, la plaza permanece completamente en silencio durante un segundo eterno.
Hasta que el alcalde carraspea junto al micrófono.
—¡Carta al suelo! ¡Gael y Laura, eliminados!
En ese momento mi cerebro vuelve a funcionar, no al cien por cien, pero lo suficiente para comprender que como los dos eran quienes estaban pasando la carta, los eliminados son ellos dos.
Sin esperarlo, Laura comienza a hablar demasiado alto.
—Ha sido culpa tuya. Te has apartado.
Gael ni siquiera pestañea.
—Claro que me he apartado —responde tan serio que me quedo congelada en el sitio.
Hace una pausa.
La suficiente para que media plaza contenga la respiración.
—Porque no quería besarte.
¡BOOM!
¿Quéeeee?
Me quedo completamente descolocada.
Porque Gael acaba de decir delante de todo el pueblo que prefiere perder la prueba antes que besar a Laura. Y eso… no me lo esperaba ni en un millón de años, ya que durante semanas mi mente ha imaginado una infinidad de escenarios entre ellos, y en la mayoría, no llevaban ropa.
La plaza estalla en murmullos. Nadie parece acordarse ya de la descalificación. Todo el mundo sigue mirándonos.
Y yo...
Yo sigo intentando recordar cómo se respiraba antes de que acabara de besarme.
—¡¡¡OOOOOOOOH!!! —se escucha desde todos los rincones de la plaza.
—¡¡¡SÍIIIIIII!!! —grita Jenni levantando los brazos.
Lore prácticamente se lanza encima de Reme.
—¡Ya era hora, leche! —celebra la anciana dando un golpe en el reposabrazos de la silla.
Y yo... Yo hago lo único que mi orgullo me permite hacer.
Empujo a Gael con ambas manos. No muy fuerte. Lo justo para marcar las distancias, ya que sigo enfadada. Aunque, mi corazón parezca haberse declarado en rebeldía.
Él sonríe de medio lado.
¡¿Encima sonríe?!
Doy dos pasos hacia atrás intentando recuperar el aire. Porque mi orgullo sigue gritándome que no lo perdone.
Pero mi corazón...
Mi corazón acaba de traicionarme delante de todo el pueblo.
—Bueno... —carraspea el alcalde intentando recuperar el control—. Los concursantes Gael y Laura quedan eliminados. El resto de participantes... ¡continuad con la prueba!
Volvemos a nuestra posición y sigo concursando un rato más, la gente va siendo eliminada poco a poco. Todo va bien, hasta que a mi lado se sitúa Marcos, un chico del que precisamente no guardo recuerdos agradables…
Se me hiela la sangre.
De todos los vecinos del pueblo... Tenía que tocarme precisamente él.
Años atrás se encargó de recordarme casi a diario que me sobraban unos kilos. Cada comentario. Cada broma —o eso decía él—. Cada carcajada a mis espaldas con sus amigos…
Me hundió en la miseria y provocó que hasta dejase de comer…
Así que no.
No pienso acercarme a él ni un centímetro.
Se posiciona para pasarme la carta y yo… Se la arranco de la boca con la mano y la tiro al suelo.
—¡Ya lo sé, estoy descalificada! —grito mirando hacia el alcalde.
La plaza estalla entre risas y murmullos.
Jenni y Lore me miran como si acabara de perder completamente la cabeza. Me acerco a ellas y, casi sin mover los labios, susurro:
—Machacad a ese gilipollas. No dejéis que gane…
Las dos asienten mientras sonríen. Y esa sonrisa... La conozco demasiado bien. Significa que alguien está a punto de arrepentirse de haber nacido.
El juego continúa. Poco a poco van eliminando al resto de participantes hasta que solo quedan tres personas.
Jenni.
Lore.
Y Marcos.
El muy imbécil sonríe como si acabara de ganar el premio gordo. Estoy convencida de que ya se imagina besando a una de las dos.
Pobre iluso.
La carta llega a Lore. Ésta la pasa a Jenni de nuevo. Jenni se la devuelve otra vez a Lore…
Marcos espera su turno sonriendo de oreja a oreja.
Cuando Jenni se dispone a pasarle la carta... hace una pequeña finta. Marcos, creyendo que ya la tiene, se lanza hacia delante con demasiadas ganas perdiendo el equilibrio y la carta cae al suelo.
Toda la plaza rompe a reír.
—¡Marcos, eliminado! —grita el alcalde entre carcajadas.
Jenni levanta los brazos celebrando la victoria mientras Lore hace una reverencia exagerada como si acabara de ganar un campeonato del mundo.
Yo no puedo evitar sonreír.
Hace apenas unas semanas estaba convencida de que iba a pasar el peor verano de mi vida. Sin embargo...
Ahí están.
Mis dos mejores amigas haciendo el ridículo por mí. Reme aplaudiendo desde la silla de ruedas como si aquello fuera una final olímpica.
Y Gael...
Observándome desde el otro lado de la plaza con esa misma mirada que llevo semanas intentando olvidar.
El problema es que…
Empiezo a sospechar que olvidarlo me va a costar más de lo que imaginaba.
Porque una cosa es intentar olvidar a alguien que parece haber pasado página... y otra muy distinta es hacerlo cuando ese alguien acaba de besarte delante de todo el pueblo.