Capítulo 50 #2
Acto seguido se levanta y se marcha dejándome con la certeza de algo ha pasado y no tengo ni puta idea.
Una notificación entra en mi teléfono móvil. Laura. Ha publicado un estado de Instagram con las fotos que nos hemos hecho estos días que nos hemos visto. Ni siquiera me paro a pensar. Pulso compartir por pura inercia antes de dejar el móvil sobre la hamaca.
Entro a casa para cambiarme y me pongo un bañador. Antes de salir, cojo otro botellín de cerveza. Total, ya puestos, quizá si anestesio mis sentimientos consiga dormir, aunque sean unas horas.
Me sumerjo en la piscina, y durante unos minutos consigo acallar mi mente mientras nado. Cuando ya estoy lo suficientemente cansado, me bebo el botellín en dos tragos mientras contemplo las estrellas.
El móvil suena anunciándome una notificación de nuevo. Abro los mensajes directos de la red social y me encuentro varios mensajes de Jenni, la amiga de Sofi.
Qué raro.
Mi cerebro se bugea hasta que recuerdo que nos agregamos cuando estuve allí ya que no parábamos de hacer fotos y nos etiquetábamos mutuamente.
—¿Te acuerdas que te dije que como hicieses llorar a mi amiga te iba a cortar las piernas?
Miss simpatía al habla.
—Pues prepárate. Porque cuando te vea no sales con vida.
Joder.
Encima de que creo que Sofi ya está con otro, viene y me amenaza.
—Tienes una cara que te la pisas, encima compartiendo fotitos con tu ex, con la cual perdiste la virginidad, tomando algo con ella allí en el pueblo de risitas y confidencias. ¡Estarás orgulloso!
¿Quéeeeeee?
Me levanto de un salto y voy a por otro botellín. ¡Me va a oír!
Cuando regreso, cojo el móvil y la llamo. Un tono, dos, tres, al cuarto descuelga y lo primero que escucho es un insulto:
—Vaya… Si el infiel se atreve a llamarme…
—¿Perdona? —escupo más caliente que el cerrojo del infierno.
—Lo que oyes, igual es que te ha sorbido también los tímpanos tu amiguita.
—¡Pero qué coño estás diciendo! ¡La que se pasea con otro tío subida en un BMW dándose besos y abracitos es tu amiga Sofía!
La risa de Jenni es tan fuerte que me tengo que apartar el teléfono del oído.
¿Está borracha?
—Mira, bonito. Tú empezaste quedando con la otra y dejando que te pusiera la mano en el brazo, te ajustase el cuello de la camisa y te babeara teniendo novia. Tu mala suerte es que Sofi justo pasaba por allí y te pilló con el carrito de los helados.
—¡¿Y qué hay de malo en quedar con una compañera de trabajo, que, además fue amiga mía en la universidad?! —respondo levantando la voz.
—Ninguno. Pero te olvidas del detalle de que fue tu primera vez y que esa chica quería contigo algo más que abrirse de piernas.
No me lo invento, fue lo que nos contó Sofi.
Además… Gracias a la bruja de tu madre, te vio.
Y no solo eso, luego le enseñó una foto que os hicisteis… ¿Sabes que fue lo mejor de todo?
—¡Ilumíname! —respondo con ironía.
—Espera, que te lo va a contestar Lore que lleva todo el tiempo escuchando y tiene ganas de hablar.
—¡Hola! ¿Por dónde íbamos? ¡Ah, sí! Que tu madre le dijo que la ibas a cambiar por esa tal Laura y que le ibas a pegar la patada más pronto que tarde.
¿Quéeee?
—Por no olvidarnos de que todo el puto pueblo anda hablando sobre vosotros. Y no cosas buenas… —le sigue Jenni, que sigue cabreada nivel cien.
Estoy flipando.
—¿Qué cosas? —pregunto caminando de un lado a otro como un toro encerrado.
Y ahí, entre las dos, me cuentan todo lo que he ignorado estas últimas semanas, dándome una ostia de realidad desde la distancia.
—Vale. Ahora puedo entender que Sofi ha recibido mierda de todas partes y se ha visto sobrepasada. Pero… ¿Quién cojones es el tipo que la ha dejado en su casa? —bufo de muy mala ostia.
Ambas comienzan a reírse. No una risita, no. A carcajadas. De esas que te hacen sospechar que se han vuelto completamente idiotas.
—¿Se puede saber qué coño os hace tanta gracia? —gruño.
—Ay, Dios mío... —jadea Jenni entre risas—. Lore, díselo tú porque me falta el aire.
—No, no. Quiero disfrutar un poco más de esto.
Aprieto tanto la mandíbula que creo que me voy a partir una muela.
—Os juro que como no habléis...
—¿Qué vas a hacer? ¿Quedar con otra ex? —dispara Jenni.
—¡Por el amor de Dios!
—Mira que te lo advertí. Mira que te dije que no hicieras llorar a mi amiga.
—¡Pero si no sabía ni que estaba llorando!
El silencio dura apenas dos segundos.
—Y ese es precisamente el problema —responde Lore mucho más seria.
La frase me golpea más fuerte de lo que debería.
Porque tiene razón.
Mientras yo me lamentaba por haberme dejado… ella estaba aguantando una guerra completamente sola.
Me siento como un imbécil. Aunque, siendo justo, tampoco tenía ni idea de todo lo que estaba soportando Sofi.
Ni de los rumores.
Ni de mi madre.
Ni de Maritza.
Ni de nada.
—¿Y el tío? —insisto.
—¿Qué tío?
—El del BMW.
Las dos vuelven a reírse… Empiezo a odiarlas profundamente.
—El del BMW, el de los abrazos, el de los besitos, el de las sonrisitas... ¡Ese tío!
—Ahhh... ese tío... —dice Jenni alargando las palabras.
—Sí. Ese tío.
—Pues nada. Un familiar.
Parpadeo.
—¿Cómo?
—Un primo.
Mi cerebro deja de funcionar.
—¿Un primo?
—Segundo, para ser exactos.
—¿Un primo segundo?
—Correcto.
—¿Y el abrazo?
—Se tienen cariño.
—¿Y el beso?
—En la mejilla.
—¿Y el BMW?
—¿Qué pasa con el BMW?
—¡Que parecía su novio!
—Eso mismo pensó Sofi cuando te vio con Laura —sentencia Lore.
Silencio.
Uno muy largo.
Muy incómodo.
Muy merecido.
—Hostia...
—Ahora lo pillas, ¿verdad? —pregunta Jenni.
Hostia. ¡Claro que lo pillo! Y de repente me entran unas ganas tremendas de pegarme cabezazos contra la pared. Porque ella vio exactamente lo mismo que yo.
Una escena. Una sonrisa. Un gesto inocente.
Y ambos llegamos a la peor conclusión posible.
La diferencia es que yo he tardado veinte días en entenderlo.
Veinte putos días.
—Ni se te ocurra llamarla —dice Jenni de pronto.
—¿Perdón?
¿Esta chica tiene poderes telequinéticos y me ha leído el pensamiento?
—Lo que oyes.
—Tengo que hablar con ella.
—No. Ahora te toca a ti comerte la cabeza.
—Pero...
—Veinte días lleva llorando mi amiga por tu culpa.
—¡No fue culpa mía!
—¿Ah, no? Pues haber espabilado antes.
Y sí, tienen toda la razón. Porque si hubiera estado más atento, quizás ella habría hablado conmigo en lugar de mandarlo todo a la mierda.
—Si de verdad quieres recuperarla, deja de perseguirla, llamarla o escribirle por unos días. Está agotada. Déjala respirar.
—Tampoco te presentes debajo de su ventana como un psicópata —añade Lore.
—Entonces, ¿qué hago?
—Demostrar que la quieres.
—Ya lo hago.
—No. Tú lo dices. Ahora toca demostrarlo.
Me dejo caer sobre la hamaca y miro el cielo oscuro. Por primera vez en semanas entiendo lo que ha pasado.
Y también entiendo algo peor.
Recuperar a Sofi va a ser mucho más difícil que enamorarla.
—¿Y por dónde empiezo?
Las dos guardan silencio unos segundos.
—Por las fiestas —dice finalmente Jenni.
—¿Las fiestas del pueblo?
—Exacto.
—¿Y qué se supone que tengo que hacer?
La risa de ambas resuena al otro lado del teléfono.
—Eso, querido Gael… vas a tener que averiguarlo tú solito —responde Lore.
—O… dejarte ayudar por nosotras. La operación verbena está en marcha. Tú decides que hacer… —finiquita Jenni.
Miro la pantalla del teléfono varios segundos antes de que la llamada termine.
« Operación Verbena » .
Suena hasta ridículo. Pero después de todo lo que acabo de descubrir, ridículo soy yo.
Cuelgo.
Lo primero que hago es entrar en Instagram. Busco las fotos con Laura y las elimino todas.
Después abro WhatsApp.
El chat de Sofi sigue anclado arriba del todo. Cientos de mensajes. Llamadas… Y luego el silencio.
Paso el dedo por su nombre, tentado de escribirle.
« Perdóname » .
« Déjame explicártelo » .
« No tienes ni idea de cuánto lo siento ».
Aprieto la mandíbula y bloqueo el teléfono.
No.
Esta vez no voy a hacer las cosas a mi manera. Si Jenni y Lore dicen que espere...
Esperaré.
Pero hay una cosa que tengo clara. No pienso perder a la única mujer con la que he imaginado un futuro por culpa de un malentendido. Ni de los rumores, ni de mi madre… Ni de nadie.
Las fiestas de agosto están a la vuelta de la esquina. Y juro por lo que más quiero...
Que voy a recuperarla, cueste lo que cueste.
Aunque sea lo más difícil que haga en toda mi vida.