El verano en que dejaste de odiarme Capítulo 37
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Capítulo 37

La revolución sexual

La casa azul

Déjalo ya, no pretendas despistar, ahora, déjalo ya, ¿a quién quieres engañar?, porque va a suceder, el verano del amor, sé que va a suceder, la revolución sexual.

Hace trece años

S eptiembre. Primer día de segundo de bachillerato. Solo me queda un año para dejar atrás este instituto, pero tengo el presentimiento de que este curso va a cambiar algo. No sé el qué. Solo lo siento.

Camino por el pasillo a toda velocidad ya que me he quedado dormido cuando me choco con alguien con el pelo teñido de rojo.

Mierda.

—Lo siento —digo sin pararme.

—No pasa nada, Gael —responde su voz a mi espalda.

Freno en seco y me giro a cámara lenta.

Joder.

Sofi se encuentra parada con la mochila colgando de un hombro, con un vestido corto que hace que se me olvide incluso a dónde iba y estrenando color de pelo.

Fuego.

Eso es lo que es ella.

¡Maldita sea!

—¿Qué haces aquí? —pregunto más seco de lo normal.

Ella arquea una ceja a la vez que se cruza de brazos. Esa puta pose. Su pie golpea el suelo varias veces hasta que se decide contestarme.

—Me he matriculado en una FP. Este año nos veremos bastante por aquí.

Lo que me faltaba. Si ya era difícil quitármela de la cabeza, ahora también la tendré que ver por el instituto.

De. Puta. Madre.

—Vale —contesto antes de salir pitando hacia clase.

Ese día no atendí nada, la noticia me dejó el cerebro hecho papilla. Menos mal que el primer día es una toma de contacto para ver lo que estudiaremos ese año.

Las siguientes semanas fueron una mierda. Sofi se hizo su grupito —para no variar—, mientras yo seguía juntándome con los míos.

Pasadas las navidades empezó a correr un rumor por el instituto. Decían que yo era gay. Nunca entendí de dónde salió, ni por qué. No lo soy. Y si lo fuese, no tendría ningún problema en decirlo.

Tuve varios encontronazos con ella.

Cuando nos cruzábamos la saludaba. Eso no se le niega a nadie, educación, ante todo. Pero… cada dos por tres me llegaban rumores de que estaba viéndose con alguien. Algunos falsos, otros ciertos.

Y eso… me mataba por dentro.

Porque yo quería ser ese chico en el que se fijase.

El del que hablara. El que la acompañara a casa.

El que pudiera cogerle la mano sin esconderse.

Pero seguía siendo solo el hermano pequeño de Daniel.

Así que dejé de saludarla, y sin poder evitarlo, mi mirada ya no era tan amigable.

Puede que los celos me estuviesen ganando la batalla.

No lo sé.

Dos meses después descubrí quién había empezado el rumor.

Sofi.

Obviamente, evité cruzármela el resto del curso escolar y si sucedía, la ignoraba. Me pregunté durante mucho tiempo, el motivo por el que lanzó aquel rumor.

Puede que no fuese el típico macho alfa con el que ella normalmente salía, ni llevaba tatuajes, piercings, ni simulaba ser un malote para ligar y guardar las apariencias. Siempre he sido reservado y celoso de mi vida privada.

En fin, terminé el curso escolar sin saber por qué hizo aquello.

Llegaron las fiestas de agosto y todavía estaba cabreado con Sofi. Me la crucé cada maldito día y mira que me iba cambiando de sitio para no verla.

Puta mierda.

La música en la verbena retumbaba en los altavoces sin parar cuando el dj cambió abruptamente de canción. Me giro en su dirección y veo que un gilipollas del instituto del grupito de Sofi está a su lado riéndose.

La revolución sexual de La casa azul comienza a sonar en ese momento. Miro en dirección a Sofi y ella ya estaba mirándome con cara de… ¿pena?

Lo que me faltaba…

Pongo los ojos en blanco antes de girarme y caminar en dirección a mi casa. Paso de estas gilipolleces. He trabajado en contar hasta diez y no liarme a puñetazos cada vez que alguien me ofenda o pretenda hacerlo.

Supongo que he madurado.

Llamémoslo así. O que estoy aprendiendo la técnica del sudapollismo.

Al llegar al parque me enciendo un cigarro contemplando las estrellas, pensando en lo fácil que era hacer daño. En cómo un rumor podía perseguirte durante años. En cómo bastaba una frase para que la gente dejara de mirarte igual. Aquella noche me prometí una cosa.

Si algún día llegaba a ser profesor...

Nunca permitiría que un alumno pasara por algo parecido delante de mí.

Porque yo sabía perfectamente lo que dolía que hablaran de ti sin conocerte.