El verano en que dejaste de odiarme Capítulo 32
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Capítulo 32

Mi gente

J. Balbin

Que seguimos rompiendo aquí, yeah. Esta fiesta no tiene fin, yeah. Botellas para arriba, sí. Los tengo bailando, rompiendo. ¿Y dónde está mi gente?

C reo que esta va a ser una de esas noches que cuando pasen veinte años todavía la recordaré. Y no por nada en especial, sino por cada momento vivido con todos ellos, sobre todo con las chicas y con Gael.

Chicas que, por cierto, están babeando con el policía y el bombero…

¡Como no me cuenten luego que está pasando me salgo del grupo del Aquelarre!

Y no estoy exagerando…

Que cuando ellas me someten a los interrogatorios siempre respondo a todo.

« Siempre te guardas algo para ti, no mientas » .

Bueno vale… Casi todo.

—¿Tú entiendes algo? —pregunta Gael que sigue a mi lado con cara de póker.

—Sí y no. Solo sé que hemos perdido a las chicas para el resto de la noche —respondo sin apartar la vista de la escena.

—¿Tú crees? —pregunta Gael de nuevo sin pestañear.

Me río porque no las conoce lo suficiente.

—Observa y verás —contesto mientras Lore se acerca a Jenni y ambas cuchichean.

—¡Que peligro tienen esas dos!

—Más que una caja de bombas —digo antes de que las chicas lleguen a nuestro lado.

—Madre mía que calor hace esta noche —dice Jenni abanicándose con la mano.

—Dile al bombero que saque la manguera y te apague ese fuego que te consume —responde Lore sin quitar la vista del policía.

—Y tú disimula un poquito, que un poco más y te caes sobre su bragueta —replica Jenni con la ceja tan arqueada que casi le llega al nacimiento del pelo.

—¡Que me han empujado! No ha sido adrede…

—¡Chicas! Al menos sabréis cómo se llaman, ¿no? Que habéis estado hablando con ellos... —digo poniendo paz.

—¡No! —responden a la vez.

A Gael se le escapa una carcajada y a mi… también.

—Me estáis diciendo que después de caerte —dice apuntando hacia Lore— y de casi hacer la croqueta 2.0 —dice mirando a Jenni—, ¿no sabéis como se llaman?

Ambas niegan con la cabeza.

—Y luego decís que el lento soy yo… —musita Gael en voz baja.

Las chicas lo miran con cara de pegarle una ostia en cualquier segundo.

—¡¡¡Oye!!! Ni que hubieran pasado quince años… —replica Jenni cruzándose de brazos.

—Han pasado literalmente… —Gael se detiene un segundo, pensando—… veinte minutos.

—Exagerado —responde Lore.

—Realista —contesta él sin pestañear.

Me río porque es imposible no hacerlo.

Los miro a todos. Y por un segundo tengo esa sensación rara de cuando sabes que estás en un momento que vas a recordar siempre.

Lore con arena hasta en el orgullo.

Jenni con esa cara de «yo no he hecho nada» que significa exactamente lo contrario.

Y dos uniformes perdidos en algún punto del caos que, por algún motivo, se han convertido en el centro de gravedad de la noche.

—Vale, resumen rápido —digo levantando una mano—. Habéis sido empujadas, habéis hecho contacto visual con dos desconocidos peligrosamente atractivos y ahora estáis actuando como si hubierais descubierto el fuego.

—El fuego ya estaba descubierto —murmura Jenni.

—No este tipo de fuego —respondo señalándola.

Lore se ríe por lo bajo.

—A ver, tampoco es para tanto… —empieza.

Lore la mira.

Gael la mira.

Silencio.

—Vale, sí es para tanto —corrige Jenni al instante.

Gael suelta otra carcajada.

—Me encanta este grupo —dice.

—No eres parte del grupo —responde Lore sin mirarlo.

—Soy el equilibrio moral.

—Eres el cotilla con derechos —le contesto.

Se ofende solo un poco, lo cual es su forma natural de existir.

Sigo observando la zona donde están ellos. El policía sigue ahí, hablando con otros agentes. El bombero también. Pero de vez en cuando…

Miran.

No sé si a nosotras. Al caos. O al problema que se está formando sin que nadie lo diga en voz alta.

—Vale —digo al final—. Plan.

—¿Plan? —pregunta Jenni.

—Nos quedamos juntas.

—Eso ya lo hacemos —responde Lore.

—Plan número dos —corrijo—. No desaparecéis solas, otra vez.

—No hemos desaparecido —protesta Jenni.

La miro.

Ella me mira.

—Nos han absorbido —corrige Lore.

—Eso suena peor —murmuro.

Gael asiente.

—Mucho peor.

Un segundo después, el móvil de Jenni vibra. Lo mira. Sonríe. Y… no dice nada.

—¿Qué? —pregunta Lore.

—Nada.

—Eso es mentira —responde Lore automáticamente.

—No es nada —repite Jenni, pero ya tiene esa cara.

Esa cara es universal. La cara de «esto no os lo pienso contar ahora».

—Vale —digo cerrando el tema antes de que explote—. Pero luego habláis.

—Si pasa algo —añade Lore.

—Va a pasar algo —dice Gael.

—No ayudes —le suelto.

Él se encoge de hombros.

Y entonces lo veo. El movimiento a lo lejos. Vero se acerca hasta donde están los sujetos uniformados sin nombre —por el momento— y los saluda a ambos.

—Joder, que pequeño es Alicante —murmura Lore.

—Aquí se conoce casi todo el mundo… Pero yo a ese bombón no lo conocía —le sigue Jenni.

Vero se voltea en nuestra dirección y comienza a gesticular con las manos para que nos acerquemos.

Lore y Jenni se miran apenas un segundo, antes de acercarse caminando lentamente como si estuvieran en un documental en mitad de la selva y ellas fuesen de caza.

—Parece que estén atravesando una jungla invisible… —murmuro.

—Documental de La 2: dos amigas impulsivas aproximándose a su hábitat natural —añade Gael.

—Cállate —le digo sin mirarlo.

Pero ya estoy sonriendo. Porque lo que sea que Vero les esté diciendo… No va a ser tranquilo.

En ese momento Aitor y Lucía nos comentan que se marchan, que están cansados y que ya tienen la noche para ellos dos a solas, quieren irse a casa a «descansar».

Claro, claro. A descansar…

Nos despedimos de ellos y nos quedamos observando como las chicas charlan con el cuerpo del pecado.

Vero se acerca hasta nosotros y nos comenta que conoce al bombero, que es compañero de trabajo y que se van a quedar ambos por la zona por precaución.

Observo el perímetro.

Aunque ahora hay menos gente, todavía está bastante lleno.

Al poco, las chicas regresan con nosotros con cara de estar encantadas de haberse conocido.

—¿Nombres? —pregunto en modo sargento.

—Gael… Te acompaño en el sentimiento —dice Jenni cambiando de tema.

—¿Por? —pregunta éste sin entender.

Será cabrona…

—Porque Sofi te va a poner firme —responde Lore.

Tendrán morro.

—Dejad de tirar balones fuera y responded, señoritas… —digo ahogada por la risa.

—Sargento Sofi… —Gael carraspea—. Digo… cariño… No quieren contestar, son unas cobardes.

—No somos unas cobardes —dicen a la vez.

Vaya par…

—¿Entonces por qué no contestáis? —Gael se cruza de brazos en modo profesor dando una regañina a sus alumnas.

Ambas se miran un instante antes de asentir.

—Son hermanos —responde Lore.

—Liam y Noah —dice Jenni.

—Y yo soy Isabel Pantoja —respondo con ironía.

—Polla que ves, polla que se te antoja —canturrea Lore.

Capulla.

—En serio, tía. Son sus nombres —insiste Jenni.

Frunzo el ceño.

—Esos nombres no es que sean muy españoles… —insisto todavía sin creérmelas.

Vero interviene en ese momento:

—Se han criado aquí, pero sus padres son australianos.

Vale…

—¿Quién es quién? —pregunto una vez más.

Todos se ríen y entonces caigo de que es el nombre de un juego.

Les encanta tomarme el pelo.

—Liam es el bombero y Noah el policía —responde Vero.

—Vale, por fin.

—¿Qué? —pregunta Jenni.

—Que ya puedo ponerles nombre en mi cabeza.

—¿Y qué nombres tenían antes? —pregunta Gael.

—Bombero sexy y policía sexy. No me compliqué demasiado.

—Muy original —se burla Lore.

—No me juzgues. Tú los tenías guardados como «marido uno» y «marido dos».

—¡Eso es mentira!

—Todavía no hemos decidido cuál es cuál —añade Lore completamente seria.

—Ehhh, a mí no me metas en el mismo saco. A mi quien me pone es el bombero —replica Jenni.

Gael se atraganta con su propia risa. Yo también.

—Dios mío, sois insufribles.

—Y tú una exagerada —replica Lore.

—¿Exagerada? Lleváis una hora hablando de ellos.

—Cuarenta minutos —corrige Jenni.

—¿Lo has cronometrado? —pregunta Gael muy en su línea.

—No.

—Entonces cállate —remato yo.

Las dos vuelven a intercambiar una mirada.

Esa mirada.

La mirada de «hay información que no vamos a compartir».

Y ahora sí. Ahora estoy segura. Algo ha pasado. No sé el qué. No sé cuánto y, probablemente, no quiera saberlo.

Mentira.

Claro que quiero saberlo.

Necesito saberlo.

Pero conociéndolas, voy a tener que arrancárselo con un interrogatorio digno de la policía.

Curiosamente, justo del hermano que le gusta a Lore.