Capítulo 31
Desátame
Mónica Naranjo
Desátame o apriétame más fuerte, pero no quiero que me dejes así. No pararé, me muero por tener algo entre tú y yo…
N o sé en qué momento exacto decidí que seguir de pie era una mala idea. Creo que fue cuando vi a Lore salir despedida hacia la arena como una croqueta con patas.
—¿Pero tú has visto eso? —pregunto, todavía riéndome.
—He visto cosas peores —responde el bombero a mi lado, sin apartar la vista del follón.
Su voz es tranquila. Demasiado tranquila para alguien que lleva un uniforme que debería ser ilegal.
Y eso es el problema.
Porque yo debería estar mirando el caos, pero estoy mirándolo a él. Alto. Pelo castaño. Ojos azules. Espalda ancha. Manga remangada sin necesidad aparente de demostrar nada y, aun así, demostrando todo.
Perfecto.
Genial.
El típico hombre que te manda a terapia y encima consigue que le des las gracias.
Cinco estrellas en Goodreads [3] . Cero estrellas para mi estabilidad emocional.
Otro más para la lista de decisiones cuestionables de mi vida.
—¿Siempre es así esto? —pregunto señalando con la cabeza la pelea que todavía no ha terminado de morir del todo.
—En San Juan… peor —dice encogiéndose de hombros—. Hoy está tranquilo.
Si esto es tranquilo, yo no quiero ver el caos.
Un grupo de chavales pasa corriendo otra vez y uno empuja a otro justo delante de nosotros. El bombero ni se inmuta. Solo da un paso lateral, me coge del brazo con una naturalidad absurda y me aparta.
—Cuidado.
Es una palabra.
Una sola, pero me deja el cerebro en blanco.
¿Qué necesidad había de dejarme completamente desconfigurada?
—Eh… gracias —consigo decir.
Suelto una risa nerviosa que no sé de dónde sale.
Perfecto, Jenni. Muy madura. Muy funcional. Muy tú.
El bombero me suelta el brazo en cuanto estamos fuera del flujo de gente, pero el calor se queda. No en la piel. En un sitio peor… bastante más abajo del cuello.
—¿Te has hecho daño antes? —pregunta señalando hacia donde Lore ha aterrizado.
—No, ella es así de serie —respondo.
—Parece… intensa.
Me río.
—No tienes ni idea.
Él también sonríe… Y ese es el error.
Porque no debería tener una sonrisa así. No en mitad de una noche con fuego, arena y caos. No en mitad de mi cerebro intentando no colapsar.
—¿Y tú? —pregunta de repente.
—¿Yo qué?
—¿Siempre te metes en problemas ajenos?
Me quedo en blanco medio segundo.
—Solo los de mis amigas.
—Eso es peligroso.
—Lo sé.
—¿Y quién te rescata a ti?
Nos quedamos callados un momento y en ese silencio ocurre algo peligroso.
Porque el ruido de alrededor desaparece un poco. Porque la música lejana de la hoguera baja. Porque de repente solo queda él cerca…
Y eso no entraba en mis planes para esta noche.
—Tengo que volver con el equipo —dice al final, como si también hubiera notado el problema.
—Claro —respondo demasiado rápido.
Demasiado normal.
Demasiado mentira.
Empieza a girarse, pero entonces otro chaval se tambalea hacia nosotros, borracho perdido y, casi se cae encima de mí. El bombero me vuelve a coger sin pensarlo. Esta vez no solo me sujeta. Prácticamente me recoge antes de que el borracho me arrolle.
Demasiado cerca.
—Te he dicho que cuidado —murmura.
Lo miro.
Error número dos de la noche.
Porque ahora sí lo tengo encima. Y porque su mano no se ha retirado todavía.
—No es mi culpa —respondo en voz baja.
—Ya lo sé.
Y por alguna razón eso suena peor. O mejor.
No lo sé.
Solo sé que cuando por fin me suelta, tarda un segundo de más en hacerlo. Y yo me quedo exactamente igual.
Sin moverme.
Sin pensar.
Sin saber muy bien qué narices acaba de pasar.
—Jenni.
La voz de Lore me salva la vida desde algún punto de la playa.
—¡Voy! —contesto.
Pero antes de irme, miro otra vez al bombero y él también me está mirando como si no hubiera terminado todavía.
—¡Nos vemos! —digo a modo de despedida sin pensar…
Genial.
« ¡Jenni, acabas de quedar como una imbécil ».
Me doy la vuelta con intención de marcharme, y ya de paso, recoger mi dignidad por el camino. Doy tres pasos. Cuatro. Cinco… No mires atrás, me digo a mí misma.
Miro por encima de mi hombro y él sigue observándome.
Mierda.
—Espero no perderte de vista en toda la noche… —responde sorprendiéndome el bombero.
¡Ahhhhh! Grito interiormente como una niña pequeña.