El verano en que dejaste de odiarme Capítulo 22
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Capítulo 22

Te extraño

Luis Miguel

Te extraño… Como se extrañan las noches sin estrellas. Como se extrañan las mañanas bellas. No estar contigo, por Dios que me hace daño…

H an pasado veinte días… Veinte días sin besos robados. Veinte días sin verlo más de diez minutos seguidos. Veinte días intentando no pensar demasiado.

Hoy es el examen y estoy que me subo por las paredes. Cualquiera que me vea pensará que la que se examina soy yo. Le he deseado suerte y su respuesta ha sido que la suerte la necesitan los que no han estudiado y que iba a por todas.

Aunque no se lo he dicho, estoy muy orgullosa de él.

Apruebe o no.

Jennifer dice que estoy insoportable. Lore asegura que llevo veinte días con cara de perro abandonado. Y mi madre... Mi madre directamente me ha preguntado esta mañana si pienso desgastar las baldosas del salón de tanto pasearme de un lado a otro.

No exageran.

Son las once y cuarto. El examen empezó hace apenas una hora y media.

¡Una hora y media!

Lo sé porque he mirado el reloj aproximadamente unas setecientas veces.

Intento leer.

Fracaso.

Intento ordenar la casa.

Fracaso.

Intento ver una serie.

Fracaso estrepitoso.

Al final termino donde siempre.

En casa de Reme.

—Vas a abrir un surco en el suelo como sigas caminando así —me dice la señora Reme desde el sofá.

—No estoy nerviosa.

—Y yo soy Shakira .

La fulmino con la mirada. Ella ni se inmuta.

—Solo digo que Gael ha estudiado mucho.

—Ya lo sé.

—Entonces deja de poner esa cara.

—¿Qué cara?

—La de viuda de guerra.

No puedo evitar soltar una carcajada.

—Exagerada.

—¿Yo?

—Mucho.

—Dice la mujer que lleva veinte días mirando el móvil cada cinco minutos.

Me quedo congelada.

Mierda.

Me ha pillado.

Otra vez.

—No miro el móvil cada cinco minutos.

—Cada tres.

—Reme...

—Sofía...

Nos observamos durante unos segundos y al final las dos terminamos riéndonos porque tiene razón.

La muy bruja tiene razón.

Echo de menos a Gael. Muchísimo. Más de lo que pensaba. Más de lo que quiero reconocer.

Y eso ya da bastante miedo por sí solo.

El móvil vibra entre mis manos. El corazón me da un salto. Lo miro tan rápido que casi se me cae al suelo. Pero no es él. Son las chicas, por una videollamada…

Mierda.

—Reme… Voy a… —miro hacia todas partes buscando una salida digna.

No ocurre.

—Puedes coger el teléfono, no me voy a mover de aquí.

—Ja, ja. Muy graciosa —le digo mientras contesto la llamada.

—¿Ya ha salido? —pregunta Jenni.

Ni hola ni nada.

—Todavía no. Y buenos días, por cierto —respondo alicaída.

—Estoy más nerviosa que cuando hice el examen carnet de conducir —dice Lore.

—Si aprueba celebramos —esta vez es Jenni la que habla.

—Y si suspende también —replica Lore tan pancha.

—¿Por qué? —pregunto sin entender.

—Porque se habrá quitado el examen de encima —responde Lore sin filtro una vez más.

—Y porque lleváis casi veinte días sin daros un beso. Eso también hay que celebrarlo —grita Jenni.

Siento cómo se me calientan las mejillas. Ha debido de enterarse hasta mi madre.

—¿Qué dicen las locas? —pregunta Reme.

—Que están fatal de la cabeza.

—Ah.

Asiente.

—Entonces me caen bien.

—¡Hola Reme! —grita de nuevo Jennifer.

La madre que la parió. Menudo megáfono tiene metido en la garganta.

—Hola… — dice Reme mientras achica los ojos mirando hacia la pantalla.

—¡Hola! ¡Hola! Vaya… ¿pero ¿quién es esa jovencita que tenemos en pantalla? —contesta Lore más contenta que unas castañuelas.

Reme sonríe como una chiquilla alternando la mirada de una a otra.

—No vayáis de simpáticas. No pienso daros mi receta secreta para estar así de divina.

Todas nos echamos a reír a carcajadas.

—Chicas… He pensado que podíais venir a pasar las Hogueras [1] conmigo y así conocéis Alicante. ¡¡¡Os va a encantar!!! —dice Jenni de repente.

¡Qué facilidad tiene para cambiar de tema!

—¡Me apunto! ¿Son fiestas, no? —responde Lore mientras mueve las cejas arriba abajo.

—Hay de todo. Mascletá, hogueras, desfiles, fiesta, bebidas, comida, fuegos nocturnos… —explica Jenni con una sonrisa que no le cabe en la cara.

—Decidido. Cuenta conmigo —responde Lore de inmediato.

—¿Sofi? —pregunta Jenni con la mirada fija en la pantalla.

Todas me miran. Reme incluida.

—Yo… No puedo chicas. Tengo que cuidar a Reme… Y tampoco es que pueda cogerme tantos días libres…

Bajo la mirada sin poder evitarlo.

—A mí no me pongas de excusa. ¿Te apetece ir? —replica Reme dejándome vendida.

Siguen sin quitarme la mirada de encima.

Joder.

—A ver… Nunca he estado y por lo que nos cuenta Jennifer tiene que ser precioso todo —contesto medio tono más bajo.

—Pues no hay más que hablar. Te irás a pasar unos días con tus amigas —replica Reme.

—¿Y quién te va a cuidar? —pregunto preocupada.

—De eso me encargo yo. Tú preocúpate de hacer la maleta y de traerme algún dulce típico de allí a la vuelta —dictamina Reme, sin margen a réplica.

Jennifer y Lore comienzan a celebrarlo saltando y chillando, a través de la línea. Pasamos un rato más hablando las cuatro. Sí, las cuatro. Reme se metió en la conversación y parecía una más del grupo.

Dejo el móvil sobre la mesa y justo en ese momento el teléfono vuelve a vibrar.

Esta vez sí es él.

Gael.

Solo una foto de la puerta de la Universitat Jaume I, donde se examina.

Y debajo un mensaje.

Se me olvida respirar.

Porque después de veinte días... por fin ha terminado.