El verano en que dejaste de odiarme Capítulo 13
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Capítulo 13

Devuélveme a mi chica

Hombres G

Voy a vengarme de ese marica. Voy a llenarle el cuello, con polvos picapica. Sufre, mamón, devuélveme a mi chica, o te retorcerás entre polvos picapica

Hace catorce años

N o debería estar mirando. Lo sé. Pero aquí estoy. Escondido detrás de la caseta de la comisión de fiestas como un auténtico idiota.

Observando a Sofía.

Otra vez.

—¿Qué haces? —susurra Dani a mi lado.

—Nada.

—Llevas diez minutos mirando hacia el mismo sitio.

—Cállate.

—Ah, vale.

Pausa.

—¿Te gusta?

—¿Quién?

—Sofía.

—¿Eres gilipollas?

—Vale, sí te gusta.

Mi hermano sale del escondite y se dirige hacia el grupito donde está Sofía con ese imbécil.

NO. ME. JODAS.

Lo sigo como un perrito faldero, ya que no me fío de que diga cualquier gilipollez y me deje a mí como un acosador o algo por el estilo.

—¿Qué hace aquí el mocoso? —pregunta el capullo que, hasta hace nada, tenía la lengua metida hasta la tráquea de Sofía.

—¡No soy ningún mocoso, imbécil! —contesto de muy mal genio.

Todos se ríen, incluyendo a Sofía.

—Gael… —me reprende mi hermano, ya que me conoce lo suficiente como para saber que estoy a nada de explotar.

—¡Ni Gael ni pollas! ¿Qué se cree este gallito de corral para faltarme el respeto en toda la cara? —respondo todavía más enfadado.

Sofía me observa en ese momento como si tuviera diez cabezas sobre los hombros.

—Gael, no te lo tomes a mal… pero es que eres bastante más pequeño que nosotros.

—¿Y por eso tu novio me puede faltar el respeto? —lanzo la pregunta sin pensar.

—Oye, no te he faltado el respeto. Solo he dicho la verdad. Deberías estar lanzando petardos o haciendo cosas de tu edad en lugar de espiar detrás de una caseta.

Me quedo rígido.

Mierda.

Me ha visto.

—¿Qué coño te has fumado? —espeto a la defensiva—. Yo no estaba espiando… solo estaba esperando a mi hermano.

Sofía sonríe la muy condenada, pero no una sonrisa cualquiera, sino… esa sonrisa.

La peligrosa.

La de «te han pillado».

—Todavía nada, aunque si todo va bien en un rato alguien va a fumar de rodillas —responde desafiándome.

Hijo de puta.

Porque el muy cabrón sabe que sí estaba escondido espiándolos. Y sabe que esa respuesta me va a joder.

Sin pensarlo, lanzo un puñetazo hacia su nariz y el chasquido que escucho me indica que se la he partido.

—¿PERO QUÉ COÑO HACES? —grita mi hermano mientras se mete de por medio parando el puñetazo que ya venía en mi dirección.

Lo fulmino con la mirada antes de responder:

—Si tan amigo eres de Sofía, no dejarías que este cabrón le faltase el respeto delante de ti.

Acto seguido me giro y me voy maldiciendo el pronto de mierda que tengo.

La música cambia de registro y la mítica canción Devuélveme a mi chica de Hombres G comienza a sonar a todo trapo.

Con disimulo, cojo un cuchillo afilado de la mesa de la barraca y con toda mi maldad, le pincho las ruedas del scooter al soplapollas.

Quien ríe el último, ríe mejor.