Capítulo 2
Bomba
King África
¡Bomba! (Sensual) Un movimiento sensual (Sensual). Un movimiento muy sexy (Sexy). Un movimiento muy sexy (Sexy).
Verbena de Fanzara, hace quince años.
L as fiestas del pueblo siempre han sido mi época favorita del año. Bueno, las fiestas y las navidades. Aunque últimamente en navidades hay demasiados niños chillando y muy poco jamón del bueno.
La familia ha ido creciendo con los años y, aunque jamás se lo diré a nadie, me gusta ver la mesa llena.
Incluso si eso implica aguantar a la víbora de mi nuera bailando en mitad de la verbena como si estuviese poseída por el demonio. Mi hijo tampoco ayuda ya que parece que le están electrocutando con un cable pelado.
Madre mía, qué poca vergüenza tiene ese hombre.
Desde la mesa los observo hacer el ridículo mientras me abanico con el programa de las fiestas.
A mi edad, una ya aprende que hay cosas imposibles de cambiar: el calor de agosto, las discusiones entre vecinos y la necesidad que tienen algunos hombres de pensar que saben bailar.
Mis nietos se acercan a la barra para pedir hielo porque se nos ha acabado.
Daniel va delante.
Gael detrás, con esa cara seria que pone últimamente y que no me gusta un pelo.
Entonces aparece Sofía. Pelo rosa. Pantalones cortos. Y una sonrisa capaz de revolucionar medio pueblo. Nunca reconoceré en voz alta que la condenada está guapísima.
Hay secretos que una debe llevarse a la tumba.
La veo acercarse a mis nietos y revolverle el pelo a Gael como hace desde que él era un mocoso.
Y ahí pasa otra vez.
Ese gesto.
Ese cambio.
Mi nieto pierde la sonrisa al instante.
Daniel y Sofía empiezan a hablar de no sé qué tontería y, al cabo de unos segundos, mi nieto mayor le pasa un brazo por los hombros mientras se alejan entre la gente.
Gael no les quita los ojos de encima.
Ay.
Mala cosa.
Muy mala cosa.
Porque yo conozco esa mirada.
La vi una vez en mi difunto marido cuando todavía éramos jóvenes y un vecino se empeñó en sacarme a bailar tres pasodobles seguidos.
Y ahora vuelve a estar delante de mí.
Solo que esta vez la tiene mi nieto de quince años y la dirige hacia una chica que jamás va a imaginarse lo que le pasa por la cabeza.
—¡Sofía! —la llamo alzando la voz desde la mesa.
Ella gira la cabeza al instante y sonríe al verme.
Siempre sonríe primero con los ojos.
—¡Reme! —se acerca apartándose un mechón rosa de la cara—. ¿Cómo está mi persona favorita de este pueblo?
¡Será mentirosa!
—Más joven que tú, seguro.
Sofía se ríe y me da dos besos mientras Gael se deja caer en la silla de al lado con el hielo y cara de entierro.
Ay.
Qué poco disimula…
—Siéntate un rato con nosotros, mujer —le digo señalando la silla libre que hay justo enfrente de mi nieto.
Daniel se marcha a saludar a unos amigos antes siquiera de escuchar mi propuesta.
Cobarde.
Sofía duda unos segundos, pero termina sentándose y mi nieto pequeño deja de pestañear.
Interesante.
Muy interesante.
—¿Qué tal el verano? —pregunto mientras observo de reojo a Gael.
—Bien. Trabajando mucho en el bar de la piscina, pero bien.
—Pues estás muy delgada.
Gael levanta la cabeza de golpe.
Sofía parpadea.
Y yo tengo que contener la risa.
Porque acabo de pillar a mi nieto mirándole las piernas como si quisiera comprobarlo personalmente.
Ay, madre del amor hermoso.
Ya decía yo que este muchacho llevaba semanas insoportable.
—Abuela… —murmura Gael.
Demasiado tarde.
Lo he visto.
Todo.
Sofía sigue hablando sin enterarse de nada, mientras, mi nieto permanece callado, con los hombros tensos y la mandíbula apretada cada vez que algún desgraciado se acerca demasiado a ella.
Y entonces ocurre.
Un chico.
Uno de esos que llevan la gorra torcida y creen que decir dos tonterías ya es ligar.
Se acerca a Sofía sonriendo demasiado.
—¿Bailas?
Ella duda.
Gael deja el vaso sobre la mesa con tanta fuerza que casi derrama mi vaso de cerveza.
Silencio.
El muchacho lo mira.
Yo también.
Sofía parece confundida, pero yo no. Porque llevo setenta y nueve años en este mundo y sé reconocer a un hombre celoso, aunque me despierten a las tres de la mañana.
Y, mi nieto, acaba de descubrir esta noche lo que pasa cuando alguien te gusta tanto que empieza a doler.
Justo entonces, como si el universo hubiese decidido reírse de él, los altavoces de la verbena empiezan a escupir una canción que conoce hasta el último habitante del planeta.
🎵 Bomba... para bailar esto es una bomba... 🎵
Ay, Señor.
Si ese chico sigue mirando a Sofía así, la explosión va a escucharse hasta en el pueblo de al lado.