Capítulo 68
Presente
Esfinge de Guiza
La presión en mis estropeadas articulaciones me dice que estamos de vuelta.
La temperatura es algo más agradable que hace unos minutos.
Las piedras sueltas se vuelven a clavar en mi culo.
Percibo que Lucía sigue agarrada a mi mano, con fuerza.
La miro y veo que todavía tiene los ojos cerrados.
Mi mochila permanece en mi regazo. Al levantarla, noto un peso extra que pertenece a la segunda mitad del Velo de Cronos.
—¿Pareja? ¿Dónde estáis? —escucho gritar a Kamal.
Nos levantamos del suelo y el guía nos encuentra justo detrás de la estela del Sueño. Nos mira extrañado, pero no dice nada. Como buen profesional solo observa, escucha y calla.
Nada más ponerme en pie, noto un cansancio extremo. Tantos viajes seguidos hacen mella en cualquiera. Busco en mi mochila una de las bebidas energéticas y la abro. Antes de que pueda darle un sorbo, Lucía me la quita de las manos y se la bebe casi entera.
Será ansías, la tía.
Pobre, debe de estar peor que yo, si lo pienso bien.
—Vamos, tenemos que seguir con el recorrido antes de que llegue más gente —nos indica Kamal.
Lucía me mira, cómplice, y me guiña un ojo sin dejar de beber. Saco la otra botella y me la acabo en dos segundos .
—Bueno, tampoco ha sido tan difícil —expresa en voz baja.
—No, la verdad es que no —le digo mientras caminamos hacia donde se dirige el guía.
—Aunque, para ser sinceros, lo teníamos todo de cara. Contábamos con toda la información, no ha habido trampas mortales ni animales peligrosos como en las pelis de Indiana Jones y, lo más importante: te tenía a ti, el elegido.
Ella sonríe y me da un puñetazo cariñoso en el hombro.
El dolor del corte de hace unos días aflora de nuevo.
Todavía no se ha curado del todo.
—Todavía no entiendo cómo te has podido arañar la cara y los brazos de esa manera —añade, negando con la cabeza.
No hago caso, como si ese comentario no fuera conmigo. En muchos casos es mejor callar y dejar que la pregunta pase de largo. Con un poco de suerte, se la llevará el viento.
Noto el peso extra en la mochila mientras caminamos. Si algo me ha quedado claro de esta mañana tan extraña, es que no puedo entregar el Velo de Cronos a los ladrones de mentes sabiendo el poder que tiene. Ni puedo ni quiero.