Capítulo 63
Meseta de Guiza
No sé si este salto habrá sido el más largo que haya dado jamás, pero sí que puedo decirte que me he dejado llevar hasta la oscuridad más alejada, sin reparar en el cuándo.
Solo quiero llegar al principio de toda esta historia.
Espero no haber ido demasiado atrás en el tiempo y encontrarme con una serpiente dinosaurio que me engulla de un bocado.
Noto en mi piel el calor del ambiente.
Intento respirar, pero me falta el aire…
Mierda.
No puedo dar ni una mínima bocanada de aire.
Tengo la boca llena de no sé qué.
Me ahogo.
Pataleo con todas mis fuerzas, pero esto solo hace que quiera aspirar más todavía. Intento abrir la boca, pero no entra nada de aire. Levanto mis manos y percibo que hay algo que me rodea, que me abraza. Es caliente. Arenoso.
Mierda, mierda, mierda…
Estoy enterrado en la arena.
Muevo las piernas con fuerza intentando subir por una escalera imaginaria que se deshace con cada patada que doy. No sé si tengo los ojos abiertos, pero no veo nada .
Me cuesta respirar.
Mi garganta está llena de tierra.
Escalo, casi sin fuerzas, con manos y piernas, como si estuviera subiendo una montaña muy inclinada, pero las laderas de este infierno no son de roca maciza, son miles de granos de arena que se hunden una y otra vez, arrastrándome.
Me quedan pocos segundos para morir.
Soy consciente de ello.
Debo salir de aquí como sea.
Me quedo quieto, flotando en un mar de arenilla.
Aguanto la respiración.
Me concentro en cualquier otro tiempo pasado y salto.