El Velo de Cronos (Las aventuras de Quim Mora 2) Capítulo 62
82%

Capítulo 62

Pasado

Esfinge de Guiza

En cuanto siento el tirón de la gravedad, sé que hemos llegado.

Espero no haberme equivocado de día ni de hora, aunque estoy casi seguro de que lo he clavado.

La experiencia es un grado, aunque el viaje sea para dos.

Lucía está a mi lado, todavía con los ojos cerrados.

Se está adaptando muy bien a los saltos, cosa que jamás hubiera imaginado.

Intuyo que le quedan unos pocos segundos para abrir los ojos y ser consciente de lo que le rodea.

Debo darme prisa para que el plan que he ideado en mi cabeza salga tal y como lo he planeado.

Lo pensé ayer mientras admiraba la explanada de las pirámides, después de nadar.

Esto siempre aclara mis ideas y espero que esta sea una de las buenas.

Por mi cabeza no dejaba de repetirse una frase que parecía decirme mi padre, aunque por momentos también me sonaba a mi tía Rosa: «No dejes que Lucía, por mucho que la quieras, conozca toda la información».

Y tienen toda la razón del mundo.

En cualquier momento, Lucía puede ser poseída por un ladrón de mentes, si es que no lo han hecho ya, y absorber todo lo que ella sabe. Y, dependiendo del poder del dichoso velo, creo que es mejor que no lo sepa todo.

Así que voy a hacer esta pequeña aventura en solitario .

No es nada del otro mundo, tan solo viajar al principio de los tiempos, al inicio de todo, para encontrar a alguien que me explique de una vez por todas qué poderes reales tiene el dichoso Velo de Cronos.

Casi lo odio y todavía no sé ni de lo que es capaz.

Observo el terreno que nos rodea y compruebo que no haya nadie junto a nosotros.

Pero sí que escucho voces no muy lejos. Son turistas, seguro.

Nos lo comentó el guía hace un rato: en los días de los equinoccios el recinto abre antes para dejar entrar a grupos que quieren ver la salida del sol desde la meseta de Guiza.

Miro a Lucía de nuevo.

Sus ojos se van a abrir.

No me queda mucho tiempo.

Consulto el móvil y anoto en mi mente que son las cinco y cincuenta y siete de la mañana. Lo dejo en el suelo porque no quiero llevármelo al pasado.

Me iré y volveré sin que se entere.

O eso espero.

Respiro, me concentro en saltar al tiempo más lejano que pueda y me dejó llevar por la oscuridad que me abraza.