El Velo de Cronos (Las aventuras de Quim Mora 2) Capítulo 58
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Capítulo 58

Hotel Marriott

El Cairo

Con el primer timbre de la alarma del móvil salto de la cama.

Abro los ojos y tardo un par de parpadeos en recordar dónde estoy.

Noto que algo se mueve a mi lado y veo que es Lucía.

Sigo un poco desorientado, debido, seguramente, al cansancio acumulado después de tantos saltos seguidos y a unas distancias tan enormes.

Desde luego, Lucía está mucho peor que yo.

Ayer, nada más subir al coche se quedó frita hasta llegar al aeropuerto de Sanliurfa.

La desperté para subir al avión. Creo que ni abrió los ojos.

Tal y como se sentó, se volvió a quedar dormida hasta que llegamos a El Cairo cinco horas después.

No se despertó ni para comer, solo para beber agua de vez en cuando.

Yo pensaba que después de eso le costaría conciliar el sueño, pero qué va. Tampoco cenó. Nada más llegar a la habitación, se tiró en la cama y se quedó roque hasta hoy.

A mí me costó bastante más. Bajé a la piscina para nadar un poco, a ver si así despejaba la mente. Después me quedé descansando como una hora en las cómodas tumbonas del hotel, desde las que pude admirar en el horizonte la silueta de las iluminadas pirámides .

Tenía demasiadas incógnitas revoloteando en mi mente, pero no sirvió de nada tanta meditación, porque siguen sin respuesta. Por mi cabeza todavía bailan las imágenes de los hombres con bolsos esculpidas en la piedra, que ahora sé que representan a los Señores del Tiempo.

Sin olvidarnos de su arquitectura tan peculiar.

No tengo explicación para estas coincidencias y es algo que no voy a dejar pasar. Lo averiguaré en próximos viajes.

Sacudo a la dormilona, a ver si despierta.

—Lucía…, ¿te vienes a desayunar? —le pregunto.

No dice ni pío.

Ahora mismo está en el séptimo cielo.

—Lucía, me voy a la Esfinge y saltaré yo solo al pasado.

En ese instante, sus ojos se abren como por arte de magia.

—Ni lo sueñes —balbucea antes de volver a cerrarlos.

Yo sonrío.

Mi teléfono vibra.

Es Peter.

Nos espera abajo en treinta minutos, tiempo justo para tomarme tres cafés y conseguir despertar a la Bella Durmiente.