El Velo de Cronos (Las aventuras de Quim Mora 2) Capítulo 57
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Capítulo 57

Bar de Rosa

En cuanto Félix baja la persiana de la tienda, se dirige hacia el bar de su hermana para dar buena cuenta del suculento menú que ha visto que tocaba hoy. Ha quedado con don Emilio y don Alfonso para comer, ponerse al día e intercambiar las últimas averiguaciones que hayan podido hacer.

—Ahí está el trabajador del año —le dice Rosa con una sonrisa, nada más verlo entrar por la puerta. Lo ha echado tanto de menos que no se cansa de tenerlo por allí todas las mañanas, las tardes y las noches.

Félix lo sabe y por eso se pasa cada dos por tres por el bar. Él también la ha echado de menos.

—Las dos damiselas de la tercera edad ya están en su mesa, esperando la comida como dos gaticos hambrientos —añade Rosa, a la vez que señala a sus amigos—. ¡Míralos! Hasta parece que dan penica y todo.

Félix le da un beso a su hermana y se sienta junto ellos.

—Buenas tardes, mi querido Félix —saluda el relojero, cortés y educado como siempre—. ¿Qué tal va esa adaptación a una jornada laboral como mandan los cánones del buen currante?

—De momento, bien. Pero como ya sabes, amigo mío, la monotonía llegará y lo dejará todo hecho un asco .

—Hay que luchar contra ella —opina el librero—. Nosotros siempre lo hicimos, no había un día que fuera igual que el anterior. Tu padre sabía mucho de eso.

—Mi trabajo no es, ni por asomo, una décima parte de interesante de lo que era el vuestro —indica Félix, colocando su mano sobre el hombro de don Emilio—. Mi padre me contaba cada anécdota que me ponía los pelos de punta.

—Mi buen Jordi, qué travesuras andará haciendo allá donde esté, el muy canalla —susurra don Alfonso.

—Qué tiempos aquellos, tan maravillosos, en los que se sabía perfectamente quiénes eran los buenos y los malos —la voz de don Emilio suena melancólica—. Y no ahora, que todo son lobos disfrazados de ovejas.

—Hoy en día es mejor no robar, el Gobierno odia la competencia —opina don Alfonso, a la vez que mira su reloj de bolsillo.

—¿Qué te pasa a ti? ¿Tienes prisa o qué? —protesta Rosa, que acaba de llegar con los platos de comida.

El relojero da un pequeño respingo del susto y se pone la mano en el corazón durante un par de segundos.

—Un día de estos, mi querida Rosa, se me va a escapar el alma por la boca y la perderé para siempre —le regaña.

—Alma, dice este… El día que repartieron las almas tú estabas robando la del repartidor. Anda, come y calla.

Dicho esto, la dueña del bar se marcha a la cocina.

—¿Hay noticias nuevas? —pregunta Félix, después de probar las patatas fritas que acompañan a la carne.

—Nada nuevo, lo que, en este caso, me parecen buenas noticias. Como dice el refrán ese —indica don Emilio, removiendo su consomé de verduras.

—En lo referente al velo, debo confesaros que no me he preocupado de indagar —indica don Alfonso, tras sorber su sopa—.

Eso sí, voy como un miura encabritado contra esa empresa.

Ya le he pedido a Octavi que investigue hasta sus cimientos para descubrir cualquier irregularidad que podamos aprovechar.

Te aseguro que, si veo la ocasión de vaciarles alguna cuenta corriente sin siquiera levantarme del sofá, la dejaré más seca que la mojama.

—No será nada fácil llegar a esa gente —indica Félix, asintiendo—. Por descontado que habrán redoblado su vigilancia.

—¿Y Quim? ¿Por dónde anda? —quiere saber el librero.

—Sigue en Roma con Lucía, tras la pista del velo. Me ha dicho que volverá en un par de días.

—Espero que lo halle, que disfrute de la búsqueda, y que se acabe de una vez esta historia —apunta don Alfonso.

—Y que todos salgamos ilesos —añade don Emilio.

—Eso mismo —agrega Félix.

El antiguo Señor del Tiempo sigue disfrutando de su plato de carne estofada sin decidirse por el momento a contarles a sus dos compañeros de aventuras que esa gente no solo va tras el Velo de Cronos, sino que quieren acabar tanto con él como con su hijo en cuanto tengan la más mínima oportunidad.

En la última conversación que tuvo Félix con Quim, acordaron que su don debía quedarse en las sombras, a no ser que no quedara otro remedio. Solo lo desvelarían en caso de vida o muerte.