El Velo de Cronos (Las aventuras de Quim Mora 2) Capítulo 46
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Capítulo 46

Tienda de Quim

En cuanto vuelvo a entrar cierro la puerta con llave y le doy la vuelta al cartel que muestra que está cerrado. Todavía no es la hora, pero me da igual. No creo que vaya a entrar nadie a comprar. Como mucho, algún curioso de esos que dan vueltas durante media hora y se marchan sin decir ni adiós.

—¿Vas a viajar a Göbekli Tepe? —me pregunta Lucía en cuanto me sitúo junto a ella.

Está deseando ir. Lo veo en sus ojos.

—Quizá…

Ella asiente.

—Dicen que es un lugar muy especial —indica con la voz pausada. Melancólica, diría yo.

—Si es tan antiguo como dices, por descontado debe de serlo. Seguro que esconde todavía muchos secretos —añado para echar más leña al fuego—. Sería un viaje único.

Ella me mira con los ojos entrecerrados.

—¿Estás intentando darme envidia?

—No, qué va —miento.

Sonrío. Ella no.

—Pues lo parece —refuta, poniendo voz de enfadada.

No lo está, solo quiere aparentarlo.

La miro con ternura.

—¿Quieres venir? —le pregunto al fin .

No sé cómo abordar lo que me ha dicho mi padre, pero este puede ser un buen punto de partida. Quizás es mejor soltarle la información poco a poco, a medida que los acontecimientos se vayan presentando. O no.

No lo tengo claro.

Vete tú a saber.

No soy un psicólogo especialista en estas cosas, así que lo más seguro es que la cague. Pero lo haré con cariño.

—Hombre, ¿tú qué crees? Pues claro que estaría encantada de ir a Göbekli Tepe contigo. Tengo todavía una semana de vacaciones que me puedo pillar sin problema, y más en esta época que no hay casi turismo.

Un sonoro beso resuena por toda la tienda, seguido de un abrazo sincero y cargado de emoción.

—¿Me vas a llevar de verdad? —pregunta de nuevo—. ¿O solo es una broma para darme más envidia?

—Si quieres venir, serás mi invitada —le anuncio con solemnidad—. Primero, iremos a Göbekli Tepe. Una vez que hallemos el objeto, que espero que tengamos suerte y así sea, viajaremos a El Cairo, para buscar la otra mitad.

—¿Viajaremos a los dos lugares? —pregunta entusiasmada e impresionada a partes iguales.

No sabe lo que se le viene encima.

Yo asiento.

—Va a ser un viaje que no vas a olvidar en tu vida, te lo puedo asegurar. Prepara una maleta con ropa para dos o tres días. Saldremos en un par de horas —le suelto sin más, mientras ella pone cara de absoluta sorpresa.