El Velo de Cronos (Las aventuras de Quim Mora 2) Capítulo 45
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Capítulo 45

Tienda de Quim

Lucía nos mira esperando nuestra aprobación, convencida de la veracidad de su respuesta.

—Pues creo que tienes razón —indica mi padre al fin.

Dicho esto, levanta la mano y le choca los cinco.

Lucía sonríe, pletórica.

—Este texto debe de ser o muy antiguo o actual, no hay término medio —nos informa la historiadora que lleva dentro.

—¿Por qué dices eso?

—El yacimiento de Göbekli Tepe, aunque fue descubierto por primera vez en los sesenta, se identificó entonces como un posible cementerio bizantino y no le prestaron mayor atención.

Lucía camina de nuevo por el local, exponiendo sus dotes de gran conocedora de la historia para ponerlas a nuestro servicio.

—Sin embargo, fue en el año 1994 cuando un arqueólogo alemán llamado Klaus Schmidt comenzó las excavaciones y reveló la verdadera importancia del sitio —informa, levantando las manos, nerviosa por lo que está contando—.

Göbekli Tepe resultó ser un complejo monumental de piedra que data, aproximadamente, del año 10000 antes de Cristo.

Incluso más lejano, según dicen algunos, lo que lo convierte en el templo más antiguo construido por la humanidad .

—No me lo puedo creer —suelta mi padre.

Lucía asiente.

—Este complejo tiene varias construcciones circulares y está situado cerca del río que os interesa.

Fue enterrado a propósito hace muchos miles de años.

Sin duda alguna, ha revolucionado nuestra comprensión sobre las primeras civilizaciones y su capacidad para organizarse antes del desarrollo de la agricultura.

—Por eso dices que este texto ha de ser o muy antiguo, tanto que los que lo escribieron sabían de la existencia de ese Gubeki Noséqué —expone mi padre con razón—, o posterior a los años noventa, cuando ya se había descubierto.

Lucía asiente en silencio.

Se la ve nerviosa, como siempre que un arqueólogo o historiador hace un descubrimiento que arroja luz sobre misterios de la historia.

Mi padre me agarra del brazo y me lleva hacia la esquina del mostrador sin que Lucía se dé cuenta. Ahora mismo ella está tan enfrascada en los textos que no hay nada que la distraiga.

—Sígueme la corriente… —me susurra al oído.

Sale de detrás del mostrador y se acerca a Lucía.

—Un beso, guapísima, que yo ya me voy —le dice antes de dárselo—. Gracias por tu aportación, nos has sacado de las sombras de un plumazo.

Ella sonríe.

—Quim, enséñame de nuevo cómo va el tema del teclado de la puerta que no me ha quedado claro —me dice en voz alta, casi exagerando.

Es mentira.

Quiere que lo acompañe a la salida.

Lucía se queda mirando las hojas .

—Yo diría que el segundo texto habla de la Esfinge de Egipto —se la oye decir, antes de que cierre la puerta de la tienda y salgamos a la calle.

—Qué lista es la tía —apunta mi padre con la sabiduría callejera que le define, la mejor que existe, según él.

Yo asiento, orgulloso.

Una vez fuera, mi padre me mira, serio.

—Hijo, he visto cómo la quieres. Estás muy enamorado de ella y eso es algo que no sucede con facilidad. Por lo que acabo de ver, hacéis un equipo único y me daría mucha pena que la perdieras.

Yo escucho sus palabras, confundido.

—Mira, Quim, te voy a dar dos consejos y tú haz lo que quieras con ellos. Y no te los voy a soltar porque sea más listo que tú, ni hablar, te los voy a regalar porque yo ya he pasado por esta situación y sé cómo acabará.

—Esos consejos son los más sabios —le digo.

Mi padre mira hacia la calle.

Hoy no hay mucha gente por la zona a pesar de la buena temperatura que hace. Estamos los dos solos bajo la persiana de mi tienda, junto al teclado numérico del que no quiere saber nada. Me ha arrastrado hasta aquí porque necesitaba hablarme a solas.

Me mira de nuevo.

Las palabras sinceras son las que más cuesta decir.

—Primero —indica mi padre muy serio—, no pierdas de vista a Lucía estos días. Mucho me temo que esos cabrones la van a secuestrar en cuanto puedan para tener un seguro bajo la manga con el que presionarte.

No le falta razón. Ya lo había pensado.

Hasta es posible que nos estén espiando en este mismo instante; cualquiera de los que pasa caminando por la calle o pasea por la plaza del Rey haciendo fotos, puede ser uno de ellos .

—Segundo, no le ocultes a Lucía tu don —añade para mi sorpresa—. Yo se lo oculté a tu madre y ella no entendió jamás mis idas y venidas ni mis comidas de olla ni las desapariciones repentinas, hasta que se cansó de mí y se largó.

Todos recordamos ese día con pena. Con rabia.

—Quim, si hay alguien que lo pueda entender, desde luego que es ella. Si, además, la puedes llevar de vez en cuando a algún viaje, será un regalo único para una mente como la suya, que os unirá para siempre, como pareja, como amigos, como todo.

Me planta un beso en la cara y me da un abrazo que yo acepto de muy buena gana.

—Buscar el Velo de Cronos puede ser una gran aventura para los dos. La primera de muchas…

Nada más soltar esa frase, da media vuelta y comienza a caminar hacia el bar de mi tía Rosa. Seguro que ya debe de tener hambre.

—¡Me las piro, vampiro! —exclama, levantando la mano a modo de despedida, sin darse la vuelta.