Capítulo 39
Consulta de David
Abro los ojos y lo veo todo borroso. Mis párpados pesan cien kilos cada uno.
Me cuesta horrores mantenerlos arriba. Intento mover los brazos y las piernas y siento, en la lejanía de mi mente, el eco de su existencia.
De fondo escucho el ritmo acompasado de un sonido que me escolta y me guía por un camino hacia el interior de un bosque sombrío cubierto por una densa niebla.
Entre la maleza, a lo lejos, distingo decenas de hadas brillantes que me sonríen, semidesnudas.
Me hacen señales para que me acerque. Una música de estilo medieval llega hasta mis oídos.
Junto a las hadas, Manolo García canta al son de los flautines, violines y laúdes, cuyo sonido es muy agradable y envolvente.
Sin pensarlo, me interno entre los árboles y me pierdo en las entrañas de la espesura del monte hasta que la oscuridad del lugar me abraza de nuevo.