El Velo de Cronos (Las aventuras de Quim Mora 2) Capítulo 31
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Capítulo 31

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Edificio Vimley C&S

La puerta de la sala de juntas se abre de par en par.

A través de ella entran las dos mujeres más poderosas de una empresa con más historia de lo que nadie se pueda imaginar.

Una compañía que ha cambiado de nombre en decenas de ocasiones, pero siempre bajo los dominios de la misma familia y con las mismas reglas: dos mujeres la dirigen y los hombres hacen el trabajo de campo.

Entre otras cosas, porque solo los primogénitos varones pueden viajar en el tiempo con su mente.

No cabe otra opción.

Así se decidió hace siglos y así se seguirá haciendo hasta que llegue el fin de los tiempos, si es que ocurre algún día.

—¿Qué hacemos aquí? —quiere saber Shira. Es la que lleva la voz de mando.

—Samuel nos ha convocado —responde Ruth, a la vez que se sienta en una de las sillas alrededor de la ovalada mesa de reuniones. Es la segunda al cargo.

Shira se acerca hasta la mesa y se sienta junto a ella. Ambas mujeres admiran el soleado paisaje que se puede ver a través de los grandes ventanales. Son primas hermanas.

Shira está a punto de cumplir los cuarenta.

Es la mayor de las dos y por eso tiene el deber de estar al frente de la empresa.

Ruth es cinco años menor y fue la elegida para codirigir la compañía, junto a su prima.

Shira es morena, tradicional y recatada.

Ruth es rubia, moderna y atrevida. No tienen nada en común, pero dirigen la sociedad en perfecta sintonía, con mano firme, obteniendo casi siempre lo que se proponen.

La puerta de la sala se abre de nuevo.

El hombre que entra es Samuel.

Las dos mujeres lo saludan al entrar.

A pesar de su aspecto endeble, ellas deben rendirle cuentas porque es el actual representante del más alto cargo de los ladrones de mentes.

Samuel es el portavoz del Sumo Sacerdote de Roma, el hombre con más poder dentro de esa estirpe que lleva en el mundo desde hace milenios y a la que todos, de una forma u otra, pertenecen.

Por su apariencia nadie imaginaría la inmensa autoridad que ostenta, pero ser los ojos del Sumo Sacerdote así se lo confiere. Las dos mujeres saben que todo lo que se diga a continuación llegará hasta sus oídos y puede ser juzgado.

—Acabo de volver de un salto —informa Samuel.

Da un sorbo a la botella de agua que ha cogido de la mesa, se sienta y espera. Las dos mujeres lo miran.

Ninguna de ellas lo muestra, pero hay un profundo desprecio en su interior. Ese individuo mostró, desde el primer día que llegó a sus instalaciones, unos aires de superioridad que no soportan. Pero deben agachar la cabeza y aguantar porque así lo dictan los antiguos estatutos familiares.

—Durante mi estancia he conocido al Señor del Tiempo que nos ha estado complicando la existencia estos últimos meses. Ya sé quién es, por fin.

La cara de las dos mujeres cambia al instante.

Samuel abre una carpeta que trae consigo y saca una hoja que muestra a sus acompañantes. En ella, se puede ver el dibujo de la cara de un hombre. Un retrato robot que el propio Samuel ha hecho nada más volver de su último viaje .

—Esto es algo que no me esperaba —indica Ruth, impresionada por lo que tiene ante ella—. ¿Has buscado en la base de reconocimiento facial?

Samuel asiente.

Por supuesto, una empresa poderosa como esta, dedicada a la tecnología y la seguridad, tiene a su alcance una base de datos con más información que la mismísima policía.

Saca otra hoja de la carpeta y la deja sobre la mesa.

—Su nombre es Quim Mora. Vive en esta misma ciudad y en este mismo tiempo —informa el enviado del Sumo Sacerdote, dejando a las dos poderosas mujeres con la boca abierta.

Pasan unos interminables segundos hasta que una de ellas aparta la mirada del rostro de Quim.

—Hemos de ir a por él sin perder tiempo —indica Shira, jugando nerviosa con su larga cabellera morena.

—Este tipo está en estos instantes atrapado en el siglo XVI. De momento no será un problema, pero sí lo pueden ser sus familiares y algunos amigos —indica Samuel, sacando otra hoja de la carpeta.

En ella se ve la foto de tres hombres sentados en un sillón. Dos parecen ser ancianos, el tercero algo más joven.

—¿Quiénes son estos señores? —pregunta Ruth, algo perdida. Mira a su prima y comprueba que ella está igual.

—Este es Félix Mora, el padre de Quim —señala con el dedo sobre una de las cabezas—. Estos dos tipos son amigos que viven en su mismo edificio.

—Debemos vigilarlos, a ellos tres y a todos los que tengan que ver con su vida —indica Ruth, seria y convencida—. Hemos de acabar con toda la familia para evitar que vuelva a nacer otro Señor del Tiempo.

—Ellos son los que nos están vigilando —revela Samuel para sorpresa de las mujeres—. Esta foto ha sido tomada hace cinco minutos, abajo, en la recepción. Han fotografiado a todo el que entra y sale de las oficinas .

—Voy a dar orden a seguridad para que los detengan de inmediato —señala Shira a la vez que levanta el teléfono que está junto a ellos, sobre la mesa de la sala.

—No es necesario —informa Samuel—. Ya lo he hecho yo. Los tres están encerrados y bajo vigilancia.