Capítulo 22
Presente
Monasterio de El Escorial
Vuelvo a sentir la gravedad en mi cuerpo y el suelo bajo mis pies.
Antes de abrir los ojos puedo percibir la claridad del día y en mi interior, gracias a la experiencia adquirida tras tantos saltos, intuyo que he vuelto a tan solo unos pocos minutos después de haber saltado.
Y sano y salvo, que ya es mucho, si tenemos en cuenta que me han disparado tres veces.
Sin esperarlo, salgo despedido hacia adelante como si alguien me hubiera empujado. Antes de que me pueda dar la vuelta, noto una punzada intensa en la espalda que me hace gritar de dolor.
Me alejo unos pasos hasta que me doy de bruces contra la cara opuesta del interior del Templete.
Me giro con rapidez y veo a un hombre que gruñe palabras que no soy capaz de descifrar.
Es asiático, posiblemente chino. Está frente a mí, en guardia.
Su pose es la de un karateca a punto de atacar.
Su mano izquierda está en alto con el puño cerrado.
La derecha agarra la correa de una cámara de fotos que gira con rapidez en el aire, como si fuera una honda a punto dispararse para derribar al gigante bíblico.
Bruce Lee contra Goliat .
Sin poder remediarlo, una carcajada escapa de mi boca, acto que enfurece todavía más al joven. Levanto las manos en señal de rendición y de paz.
No quiero pelear con este buen hombre porque la culpa es mía. He aterrizado sobre él.
No es la primera ocasión en la que me sucede esto ni será la última. Son pequeños gajes del oficio con los que debo lidiar.
El hombre grita palabras ininteligibles.
Relaja sus brazos y deja de girar la cámara.
Acto seguido, da media vuelta y sale del Templete sin dejar de mascullar lo que, por descontado, serán insultos hacia mi persona.
Si alguien se tirara sobre mí creo que reaccionaría de la misma manera.
O peor. Lo importante es que no ha llamado la atención de ningún guardia a los que deba dar incómodas explicaciones.
Miro mi móvil y compruebo que pasan de las doce y veinte.
Hora de volver. Aquí lo tengo todo hecho.
Salgo del patio y me dirijo hacia el monasterio para abandonar el recinto. Dejo atrás la escalera principal, bonita como pocas que haya visto, y paso de nuevo por el Patio de los Reyes para enfilar hacia la salida.
Una vez fuera, giro a la izquierda y me dirijo hasta la carretera donde podré pillar un taxi que me lleve hasta el aeródromo para volver a Barcelona.
Mientras espero a que pase uno libre, mando un mensaje a Peter para que prepare el avión.
Después, respondo varios audios de mi tía con temas que no son urgentes, pero no dejará de dar por saco si no contesto.
También le digo a Lucía que llegaré para la cena.
—¡Taxi! —por fin uno libre.
Mientras voy en el coche, le envío un mensaje a mi padre para que vaya adelantando trabajo.
Necesito que me ayude a buscar información sobre esa cosa extraña de la que hablaban los vigilantes mientras estaban poseídos por los ladrones de mentes, y que no tengo ni idea de lo que es: el Velo de Cronos.