El Velo de Cronos (Las aventuras de Quim Mora 2) Capítulo 14
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Capítulo 14

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Consulta de David

Barcelona

El sonido rítmico y monótono del monitor que controla los signos vitales de mi padre hace que se me cierren los ojos.

El cansancio se ha apoderado de mi cuerpo en cuanto he dejado todos los temas atados, ya que apenas he podido dormir ni descansar en estos últimos días.

En parte, por el ajetreo de los viajes; en parte, por tantas sensaciones y sentimientos encontrados.

Ahora estoy en la consulta de mi amigo David.

Es el médico de confianza que siempre me trata cuando lo necesito, un tipo muy profesional, que hace su trabajo de maravilla y sin hacer preguntas.

Bueno, no demasiadas. Porque la curiosidad de mis lesiones le interesan tanto que las hace igualmente, aunque no le responda casi ninguna.

Y no me extraña, porque me ha curado de envenenamientos insólitos, heridas de espada, de flecha, de disparo, de mordedura de lobo y de cien cosas más que ya no quiero recordar.

Él no conoce mi don, aunque sospecha que algo raro hay, por supuesto. David no tiene un pelo de tonto, pero, por su bien, conviene que siga sin conocerlo .

El doctor David Valcárcel forma parte de mi escueto grupo de confianza, junto a Peter, el piloto, y Víctor, mi mano derecha y hombre para todo. Los tres han trabajado juntos más veces de las que recuerdo, al igual que ha sucedido en los últimos dos días. Forman un gran equipo.

Tras pasar dos semanas con mi padre en su casa de Sagres, tiempo suficiente para que pudiera cumplir con su misión y dejar el pasado como lo conocemos, además de disfrutar de su otro hijo, mi hermanastro, decidimos que ya era hora de volver a casa.

Me hizo prometer que lo llevaré de vuelta para despedirse de él como es debido, acto que jamás le negaría, por supuesto.

El problema al que nos enfrentamos ahora es que todo el mundo que lo conoce ya lo había dado por muerto tras estar desaparecido los últimos ocho años.

Incluso lo han declarado oficialmente fallecido, por lo tanto, no podemos volver como si nada.

Imagina la cara de mi tía Rosa si su hermano favorito entra al bar después de tantos años sin saber de él como Pedro por su casa.

Vamos, te aseguro que lo mata de un botellazo por todo lo que le ha hecho sufrir sin necesidad alguna.

Durante el vuelo de regreso, decidimos que lo mejor sería simular que, tras unas pistas que encontré en sus diarios, fui a investigar unas reliquias a un pueblo perdido del sur de Níger, y me lo encontré allí, en un pequeño hospital, tumbado en una camilla en estado de coma.

Al parecer, llevaba así desde que desapareció.

Nadie sabía quién era, por mucho que lo habían intentado averiguar.

Había estado bajo la supervisión de un buen samaritano desde el primer día.

Un doctor de una organización sin ánimo de lucro, que llevaba trabajando en aquel hospital desde hacía más de una década.

Este buen hombre encontró bastante efectivo y un par de joyas en sus bolsillos.

Tomó esa gran cantidad de dinero como si fueran donaciones voluntarias y decidió, en agradecimiento, mantenerlo con vida durante todo este tiempo en el hospital.

No cabe duda de que intentó, de todas las formas posibles, dar con los familiares del paciente, pero le fue imposible.

No es difícil de creer, ya que allí la justicia funciona de otra manera y bla, bla, bla...

Por supuesto, este doctor existe. Es un buen amigo al que le he salvado el culo unas cuantas veces.

Tras hablar con él, aceptó de buena gana participar en este teatro y, como pago por su buena disposición, le he enviado tal cantidad de donaciones que va a poder construir otra ala más en su amado y necesario hospital, además de equiparla con todo tipo de aparatos que tanto necesita su gente.

Y toda esta mentira piadosa comienza aquí, en la consulta de mi amigo David, con mi padre tumbado en una cama y enchufado a unos cuantos cables, durmiendo el sueño de los vencedores.

O eso ha dicho él, antes de recibir una buena dosis de propofol que lo ha dejado como si realmente estuviera en coma. Despertará descansado, eso seguro.

Hemos quedado con David que mi padre seguirá dormido durante un tiempo.

En cuanto lo veamos claro, lo despertaremos, como por arte de magia, para que pueda volver a su vida sin que nadie sospeche de nuestro don.

Yo me encargaré, primero, de avisar a la familia, más tarde, a los amigos, y después arreglaré todo el papeleo oficial.

Este es el plan y así ha de salir.

O eso esperamos todos.

Claro está que ninguno de los dos queremos mentir de esta forma tan vil a nadie, pero ya me dirás tú de qué otra manera podemos justificar ocho años de ausencia sin desvelar nuestro secreto.

Por otro lado, esperemos que, con tanto trasiego de emociones y sorpresas, nadie se percate de que mi padre no ha envejecido absolutamente nada en estos últimos años.

Siguiendo el consejo de David, sabio como siempre, no le vamos a cortar la barba que ya traía de fábrica y que se dejó crecer durante su estancia en el siglo I.

Ahora viene lo complicado: hablar con la familia y darles la buena nueva sin levantar sospechas.

Pero eso ya lo haré mañana a primera hora.

En este momento, solo me apetece ir a casa, sin que nadie se percate, y estar con Lucía.

La echo de menos. Hace varios días que no nos vemos y quiero que ella sea la primera en enterarse de todo.